El psiquiatra Harry Campos Cervera, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, explicó a Infobae que el término viene de TikTok y apunta a “destacarse” o “brillar”, aunque de una manera no necesariamente explícita. Es decir: llamar la atención sin parecer desesperado por hacerlo.
De los memes a las batallas en plazas
La tendencia no quedó encerrada en la pantalla. En distintos espacios públicos de países como Brasil, Argentina, Bolivia, Perú y Paraguay empezaron a verse encuentros en los que dos jóvenes se ponen frente a frente y buscan demostrar quién proyecta más “aura”. No hay intercambio de golpes ni pruebas de riesgo: hay poses, miradas, caminatas, referencias a memes, guiños deportivos y una audiencia que reacciona con aplausos o gritos.
Entre los recursos más reconocibles aparecen gestos como el “six-seven”, asociado al rapero Skrilla y a memes de la NBA; poses llamadas “sigma”; celebraciones vinculadas a Lionel Messi; movimientos de “mewing” para remarcar la mandíbula; y las llamadas “aura walk”, caminatas hechas con una intención casi teatral.
La escena puede parecer nueva, pero para algunos especialistas el fondo es antiguo. Martín Wainstein, psicólogo y profesor consulto de psicología social de la Universidad de Buenos Aires, lo define como una forma contemporánea de producir prestigio social. En esa lectura, el fenómeno actualiza algo que siempre existió: las personas eligen qué mostrar, qué ocultar y cómo presentarse frente a los demás.
Por qué les importa a los adolescentes
La clave está en que el “aura” no depende solo de quien actúa: la otorgan los otros. Una pose no suma nada si nadie la reconoce como valiosa. Por eso, esta dinámica funciona como un lenguaje compartido entre pares, donde la pertenencia y la validación ocupan un lugar central.
Las redes sociales aceleran ese proceso. Antes, la reputación se construía de manera más lenta y en grupos más acotados; ahora puede circular en videos, comentarios, likes y visualizaciones. La figura del influencer aparece como modelo extremo de esa lógica, con indicadores públicos que muestran cuánta atención recibe alguien.
Para las familias, el fenómeno puede ser una puerta de entrada para conversar sobre identidad digital, presión social y necesidad de reconocimiento. A diferencia de otros retos virales, “farmear aura” no supone en sí mismo un peligro físico, según los especialistas citados. Sin embargo, sí muestra hasta qué punto la imagen personal y la aprobación de los demás pesan en la vida cotidiana de muchos jóvenes.
Entender el código no implica celebrarlo sin preguntas ni demonizarlo. Puede servir para mirar con más precisión cómo se vinculan los adolescentes, qué buscan cuando se exponen y qué lugar ocupan las redes en la construcción de su autoestima. En definitiva, detrás del meme hay una conversación más grande: cómo se gana prestigio en una época en la que casi todo puede ser observado, comentado y puntuado.