Sin embargo, lo más grave llegó después. Tras la ruptura, comenzaron a salir a la luz denuncias y testimonios que involucraban directamente a Silvia D’Auro con presuntos episodios de maltrato hacia Morena y Rocío. Según esas versiones, la mujer habría ejercido violencia física y psicológica sobre las menores, con situaciones que habrían ocurrido a espaldas del conductor, quien no se habría enterado en ese momento de lo que sucedía dentro de su propia casa.
Con el correr de los años, estos relatos se convirtieron en uno de los aspectos más delicados del caso, ya que la separación no solo habría estado vinculada a cuestiones sentimentales, sino también a un conflicto familiar de extrema gravedad. Los testimonios apuntaron a que las niñas habrían sufrido golpes y maltratos, lo que habría provocado una fuerte tensión interna y un posterior enfrentamiento por la tenencia.
De esta manera, la separación de Rial y D’Auro no habría sido simplemente el resultado de un desgaste matrimonial, sino el desenlace de una crisis marcada por engaños, sospechas, disputas familiares y acusaciones que terminaron dejando una huella profunda en la historia personal del conductor y en la vida de sus hijas.