No hace falta horno ni horas de preparación para disfrutar de un pan casero con queso fundido, dorado por fuera y cremoso por dentro, listo en apenas minutos.
Con pocos ingredientes, se puede lograr un pan casero con queso fundido, dorado por fuera y cremoso por dentro.
No hace falta horno ni horas de preparación para disfrutar de un pan casero con queso fundido, dorado por fuera y cremoso por dentro, listo en apenas minutos.
Ideal para desayunos, meriendas o un snack improvisado, se necesita 250 gramos de harina común 0000, 160 mililitros de agua, 5 gramos de sal, 3 gramos de levadura seca (o 9 g de levadura fresca) y 8 fetas de queso.
La masa se obtiene mezclando la harina con la levadura y la sal, incorporando el agua hasta formar una consistencia homogénea. Las fetas de queso se colocan en el centro de la masa estirada, y se pueden combinar con distintos tipos de queso, hierbas secas o semillas para aportar sabor y textura. La cantidad de sal puede ajustarse según el tipo de queso elegido.
Mezclar la harina con la levadura y la sal, agregando el agua hasta formar una masa uniforme.
Dejar reposar la masa brevemente para que leve (unos 15–20 minutos). Para una versión más rápida, se puede cocinar inmediatamente, aunque la textura será más compacta.
Estirar la masa y colocar las 8 fetas de queso en el centro, cerrando cuidadosamente para formar un pan relleno.
Cocinar en sartén a fuego medio, tapada, durante 3–5 minutos por cada lado, hasta que la superficie quede dorada y el interior cremoso.
Consejos para que salga perfecto:
Tapar la sartén ayuda a que el queso se funda y la masa se cocine de manera uniforme.
Se puede usar cualquier queso que funda bien (muza, gouda, cheddar, cremoso).
Para darle más sabor, añadir hierbas secas, semillas o incluso un poco de pimienta negra.
Si se busca un pan más esponjoso, respetar el tiempo de levado; si se quiere rápido, puede cocinarse inmediatamente, aunque el resultado será más compacto.