A más de tres décadas de la muerte de Kurt Cobain, un nuevo informe forense independiente rechaza la hipótesis de suicidio y sostiene que el líder de Nirvana fue víctima de un homicidio.
Un informe forense independiente, publicado recientemente en una revista especializada y basado en la revisión de material desclasificado, volvió a poner bajo la lupa la muerte de Kurt Cobain.
A más de tres décadas de la muerte de Kurt Cobain, un nuevo informe forense independiente rechaza la hipótesis de suicidio y sostiene que el líder de Nirvana fue víctima de un homicidio.
El análisis multidisciplinario fue publicado en 2025 en el International Journal of Forensic Sciences, tras revisión por pares, y concluye que la escena habría sido manipulada para simular que el músico se quitó la vida. El estudio, de más de 50 páginas, fue liderado por el forense Bryan Burnett, especialista en casos complejos de sobredosis combinadas con heridas de bala, junto a la investigadora Michelle Wilkins, coordinadora del equipo y experta en la trayectoria de Cobain. También participaron patólogos, toxicólogos y expertos en balística.
La noticia cobró repercusión internacional luego de un reporte exclusivo del Daily Mail, publicado el 10 de febrero de 2026, en el que Wilkins detalló los principales hallazgos. El contenido fue replicado por medios como The Sun, Parade, Economic Times y Newsweek, generando un fuerte debate en redes sociales.
El 5 de abril de 1994, el cuerpo del músico fue hallado en el invernadero de su casa en Seattle. Presentaba una herida mortal de escopeta en la cabeza, con una Remington Model 11 calibre 20 a su lado. Los análisis toxicológicos detectaron altas concentraciones de morfina —metabolito de la heroína— en sangre. En ese momento, la policía de Seattle y el forense del condado de King cerraron el caso como suicidio.
El nuevo equipo revisó material desclasificado en los últimos años, incluida la autopsia completa (diciembre de 2023), el informe balístico (enero de 2025), fotografías originales de la escena y documentación complementaria.
Tras tres días de evaluación, Burnett afirmó, según Wilkins: “Esto es un homicidio. Tenemos que hacer algo al respecto”. El informe enumera diez evidencias técnicas que, según los autores, contradicen la versión oficial.
Entre los puntos principales se destacan signos de hipoxia prolongada, como necrosis cerebral y hepática, edema pulmonar y hemorragias oculares, compatibles con una sobredosis severa de heroína, pero difíciles de conciliar con una muerte instantánea por disparo.
El estudio también señala una concentración de morfina diez veces superior a la dosis letal conocida, lo que habría provocado un coma profundo casi inmediato, imposibilitando manipular un arma de casi 3 kilos, apuntarla y disparar.
Otro elemento cuestionado es la escena del crimen excesivamente ordenada: jeringas con sus tapas colocadas, el kit de inyección guardado, recibos del arma y cartuchos en los bolsillos, además de casquillos alineados junto a los pies. Wilkins la describió como “una escena preparada para una película”.
Además, la mano izquierda, la que habría sostenido el arma, estaba completamente limpia, sin sangre, tejido ni residuos de disparo, algo que el informe considera “científicamente improbable” en un suicidio con escopeta.
El documento también menciona patrones de sangre que sugerirían que el cuerpo pudo haber sido movido post mortem, así como la ausencia de sangre en las vías respiratorias, lo que indicaría que el sistema circulatorio ya había colapsado al momento del disparo.
Respecto de la nota encontrada junto al cuerpo, el análisis sostiene que el texto principal alude a abandonar la música y a Nirvana, mientras que las líneas finales, las únicas que mencionan explícitamente el suicidio, presentan diferencias en caligrafía y presión del trazo.
También se cuestiona la posición del casquillo expulsado, que no coincidiría con la mecánica del arma según las reconstrucciones realizadas, y se menciona una huella de transferencia en la mano, compatible con un contacto pasivo con el arma después de la muerte.
El equipo presentó formalmente el informe ante la policía de Seattle, incluida una reunión con el jefe Shon Barnes en noviembre de 2025, y ante la oficina forense del condado de King. Sin embargo, las autoridades mantienen la clasificación original de suicidio y sostienen que la investigación de 1994 fue exhaustiva. Indicaron que solo evidencia nueva, sustancial e irrefutable justificaría reabrir el caso.
Wilkins aclaró que el objetivo del grupo no es señalar a personas concretas, sino reclamar transparencia: “Si estamos equivocados, que nos lo demuestren con hechos. Eso es todo lo que pedimos”.