alarma

30 años después: qué pasó con el caso del oso que le arrancó un brazo a un nene en el zoo de Cutini

Diego Igal
por Diego Igal |
30 años después: qué pasó con el caso del oso que le arrancó un brazo a un nene en el zoo de Cutini

El día que una osa le arrancó el brazo izquierdo, Miguel Hernán Bello Arias despertó más tarde de lo habitual porque era sábado, 8 de octubre de 1988. Tenía siete años y no imaginaba que al mediodía la vida le cambiaría para siempre por algo de lo que, 30 años después, ya no querrá hablar.

Estaba contento: por fin iría al Parque de la Ciudad por primera vez. No era lo único que no conocía: tampoco sabía quién era Jorge Cutini, el funcionamiento de los medios ni aquello de que la justicia es lenta. Vestía camisa tipo leñadora, un buzo azul y rojo, la camiseta de Boca y, debajo, pantalón corto y las medias con los colores xeneizes para ir al paseo con la hermana Verónica, dos años mayor.

Salieron de la casa ubicada en Rafael Castillo, una localidad del partido de La Matanza y se unieron a 54 niñes y cuatro adultos que subieron a un colectivo contratado para la excursión por el Plan Alimentario Nacional (PAN), representado en el acto por Silvana Mariel Montera. Fue Montera la que torció la historia para el grupo en general y de Hernán en particular cuando ya estaban en marcha: no irían al ex Interama -ese parque en Capital donde todavía deslumbraban las montañas rusas y otros juegos mecánicos- sino a Mundo Animal, un predio en Ezeiza con animales salvajes en cautiverio que regenteaba Cutini, planta mediática permanente de La Noche del Domingo, uno de los diez programas que craneó Gerardo Sofovich en toda la vida.

 Embed      
diariopopular
diariopopular

Ya en el predio, lo que pasó después de un espectáculo de lobos marinos varía según quién lo relate: que el grupo se dispersó; que no eran suficientes adultos para controlar a tantes chiques; que el primer cerco perimetral que rodeaba las jaulas estaba caído o no existía; que las aberturas del alambre tejido eran demasiado anchas; que la defensa no tenía la altura suficiente; que no había un cuidador por jaula; que el lugar no estaba habilitado por la Municipalidad de Esteban Echeverría; que Montera era una puntera del PAN y no tenía atribuciones para organizar la excursión; que Cutini no era veterinario y un variopinto etcétera.

La cuestión es que Hernán quiso imitar a los adultos que le daban de comer a los animales en la boca y metió parte de un sandwich en la jaula de los osos: uno lo rechazó, pero una osa tiró del bocadillo, forcejeó con Hernán y de una dentellada le seccionó parte del brazo, el ante brazo y la mano izquierda. Gritos, corridas y un traslado urgente al hospital zonal de Ezeiza donde, sin embargo, no pudieron evitar la mutilación y reinjertar el miembro.

La cobertura mediática fue amplia y despareja: en papel, el mayor despliegue lo ofrecieron Crónica y Diario Popular, que le dedicaron varias tapas seguidas y un seguimiento diario, mientras que Clarín nunca le dio esa jerarquía y Página 12 lo confinó a su estilo habitual y el poco espacio que le daban sus pocas páginas; ambos con intermitencias.

Los diarios sensacionalistas dan cuenta de las explicaciones de Cutini y de la pertinencia de su emprendimiento faunístico; de la discusión de los distintos abogados; de la intervención del entonces juez Daniel Llermanos (sí, el mismo que hoy representa a Hugo Moyano); de las pesadillas que sufría Hernán y la hermana; de si el animal debía ser sacrificado y la demora en clausurar el predio entre etiquetas de caso, escándalo y polémica.

 Embed      
cronica
cronica

Sumergirse en los archivos de aquellos días permite descubrir otros hechos que sin embargo no tuvieron repercusión. El viernes anterior a lo ocurrido en Ezeiza, un niño de ocho años murió aplastado por un árbol que se derrumbó en una plaza ubicada a cuatro cuadras del Congreso y otra niña, en Ezeiza, por una pared medianera. Las señales noticiosas de la televisión por cable eran todavía un proyecto pero los cinco canales deaire tenían lo suyo. Héctor Ricardo García dirigía el canal 2 y Alejandro Romay ponía su sello en el 9. En ambos, los noticieros tenían el germen de lo que desde la década siguiente sería Crónica Televisión (creación de García) y dedicaron horas para dar cuenta de lo ocurrido en Ezeiza.

En el 2, Lucho Avilés conducía El pueblo quiere saber –la versión original del actual Tiene la palabra- y una noche de aquellos días el invitado resultó ser Cutini. "Yo llego y los chimpancés me reciben a los gritos, los leones me rugen y los caballos relinchan. Hay animales para los que soy Gardel", declaró con excitación ascendente. En el momento de mayor paroxismo, Cutini concedió:

"Por eso me duele tanto lo que le pasó a ese desgraciadito. Fue una cagada gigantesca lo que pasó". "Por eso me duele tanto lo que le pasó a ese desgraciadito. Fue una cagada gigantesca lo que pasó".

 Embed      
popular2
popular2

Luego pidió perdón por el exabrupto. Uno de los últimos días en el hospital de Ezeiza, Hernán recibió la visita de su ídolo Jorge Comas, entonces uno de los goleadores de Boca Juniors. Comitas le prometió que el domingo siguiente, si convertía en el partido contra Deportivo Mandiyú de Corrientes, se lo dedicaría. Y el domingo, el wing izquierdo marcó el segundo de la victoria como visitante por 3 a 0. Los diarios no dicen si Comitas cumplió.

En 2008, la familia Bello Arias accedió a participar del programa Un tiempo después que conducía Soledad Silveyra por Telefe. Allí, Hernán, la hermana y la mamá de ambos recordaron los hechos y contaron parte de lo que habían vivido hasta entonces. Hernán se casó, tuvo dos hijes y en aquel informe relató el bullyng que sufrió de niño y de grande cuando se le cerraban puertas laborales o posibilidades de realizar determinadas tareas; cómo escondía el brazo y la resistencia que le impidió que le colocaran una prótesis.

 Embed      

Por aquellos días, la familia todavía no había cobrado la indemnización cercana al millón de pesos y que se le intentó pagar en bonos (porque el único responsable civil terminó siendo el Estado). Se mensuró, entre otras cuestiones, la incapacidad, el daño moral y la “pérdida de chance”, el eufemismo judicial para englobar lo que una persona padece con una mutilación de esa envergadura.

Recién cobraron en esta década. Nunca se fueron de Rafael Castillo, donde invirtieron en una casa mejor. La causa penal prescribió pese a que se determinó que el lugar no tenía habilitación en regla ni la jaula de la osa un alambrado idóneo y la mujer del PAN que estaba a cargo carecía de atribuciones para organizar excursiones.

El animal fue donado a un zoo norteamericano. Cutini ya no está en los medios, pero una indagación profunda por Internet permitirá establecer que sigue en actividad aunque cambió de rubro: patentó un mecanismo de seguro para armas y vende cerraduras.

Hoy, ahora, tres décadas más tarde, Bello Arias rehúye a les periodistas. Los tres números de teléfono que tiene el abogado Nóbile no corren más. Los mensajes por Facebook no clavan el visto. Parece querer eludir volver a estar en ese circo en el que suelen convertirse los medios. Lo bien que hace.

Se habló de