“Quienes estamos con visas de trabajo o estudio en Australia nos dedicamos en general a actividades relacionadas con el turismo: trabajamos en restaurantes, cafés, hoteles. Frente al avance del coronavirus, nos quedamos sin trabajo. Intuyendo que todo se pondría peor, muchos argentinos sacamos pasajes en aerolíneas comerciales para volver lo antes posible”, señala.
“Pero el cierre de fronteras dispuesto a partir del 26 de marzo nos dejó a muchos en el aeropuerto viendo cómo nuestro vuelo se iba sin nosotros porque nuestro país no nos dejaba entrar y las aerolíneas tenían órdenes de no dejar embarcarnos”, completa.
Frente a esta situación, intentaron obtener una respuesta de la Embajada de Argentina en Australia y el Consulado. Primero les dijeron que no atendían al público y que enviaran un mail. Cuando lo hicieron, “la respuesta fue un copypaste de páginas de ONG´s que podrían ayudarnos si no teníamos para comer y hostels donde vivir”, detalla.
El canciller Felipe Solá decidió reforzar la ayuda humanitaria a los varados y anunció la entrega de 25 a 32 dólares por día para los argentinos o residentes que demuestren fehacientemente que no poseen recursos para comer y vivir. Además, proveerán de medicamentos a los pacientes oncológicos y analizan la quita del impuesto del 30%.
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Esperan sin dinero, sin trabajo y sin sus familias
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Pero para lo que no hay respuesta es la fecha de retorno. A24.com se comunicó con Migraciones y desde allí indicaron que esa información corresponde a Cancillería. En tanto, en ese organismo, específicamente desde la oficina de prensa, señalaron que ellos no manejan en detalle esos datos y que solo algún vocero podría brindar la información. Al final de la jornada, nadie desde Cancillería dio una respuesta concreta de qué ocurre con los vuelos o cuáles son los que piensan programar.
“Cada día que pasa hay gente que aparece en escena. Se acaba la plata o se les cancelan los vuelos que todavía figuran como activos”, explica Sofía. Los más de 400 argentinos están angustiados y aseguran sentirse abandonados por el Estado: lloran y ruegan por una solución. Pero principalmente, que les respondan a una sola pregunta: cuándo podrán regresar.