Diario de la Procrastinación: Las paredes y la memoria

Diego Geddes
por Diego Geddes |
Diario de la Procrastinación: Las paredes y la memoria

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Lunes

Tengo lastimadas las manos: un par de cortes en los dedos, raspones, magullones. No sé cómo ni cuándo me los fui haciendo, no sé si fueron con un cuchillo, con un papel o qué, pero me molestan cuando me baño, cuando lavo los platos, cuando cocino.

Las cicatrices son una forma de esperanza, me sirven para llevar la cuenta del tiempo. Pienso que para el jueves o viernes ya voy a estar mejor.

No me gusta la parte culposa de la pandemia. Convivir con la idea de que podemos contagiar a alguien y que se muera. Sin culpa no hay cuarentena (creo que pasa algo parecido con la religión).

No funciona este diario si no me muevo, si no ando en colectivo mirando por la ventana, si no saco alguna ficha en el subte, si no camino por la calle.

Alguna vez lo conté: se me ocurren cosas si me muevo, como si activara un dynamo que me dicta (me dicta pavadas o cosas más o menos sensatas, pero me dicta). Solo se escribe escribiendo, aunque también se escribe andando (por ejemplo, esta pavada pretenciosa).

Martes

Un corte en el pulgar, sobre la primera falange, uno en la yema del dedo mayor y dos más en la falange del medio del mismo dedo, todos en la mano derecha. En la mano izquierda uno más sobre la falange del medio del dedo índice.

Cuando me paso la mano por la cabeza entra justo el pelo por uno de los cortes, eso me duele más que nada. Pienso en los días que faltan para que cicatricen. Pienso en que la falta de luz solar que me genera el encierro hace que la cicatrización tarde un poco más, por la falta de Vitamina D. Si googleo de la manera adecuada puedo acrecentar la paranoia. Elige tu propia aventura.

Sueño con un compañero de trabajo. Vamos a su casa en Florencio Varela, que a primera vista parece humilde. Pero después subimos a una terraza que da a un patio enorme. Recuerdo las paredes blancas decoradas con un chorreado de pintura.

Mientras escribo googleo cómo se escribe (¿salpicrep? ¿salpicrete?) y la deriva me lleva a la pared de mi casa natal y ese absurdo estilo de terminación de las casas de los 80, como si tuviera algún encanto ponerle esa especie de lija a la pared. Con esa pared me lastimaba las manos, tal como las tengo ahora. (Se escribe escribiendo, ahora podría seguir con la pared de mi casa natal o con el sueño, o el origen de esa absurda tendencia arquitectónica).

Sigo con el sueño.

Al subir a la terraza descubrimos que tiene una pileta gigante, yo le pregunto al dueño de casa si es de 25 metros y me dice que es olímpica, de 50 metros. Cuando nos tiramos nos damos cuenta de que tiene una profundidad de medio metro, no mucho más, como si fuera una pelopincho. “Mi mamá la usa para nadar” dice mi amigo y todos lo tomamos como algo lógico.

Cuando despierto del sueño me doy cuenta de que estuve en esa casa, reconozco el sol en las ventanas, pero sé positivamente que no es la casa de mi amigo, porque nunca estuve ahí.

Es una casa en la que estuve alguna vez y me quedó esa foto en la memoria.

Miércoles

Superé los 10 mil mails sin abrir y de repente ese asunto me molesta. Creo que tiene que ver con haber pasado de los cuatro a los cinco dígitos. Esta semana tengo que borrar unos 500 mails para volver a quedar en 9 mil y pico. Objetivos claros.

Un amigo del diario me pregunta si hoy cumplo años. Le digo que no, que mañana. Me pregunta si yo fui a su cumpleaños de 40 y le respondo que no me acuerdo. Me da más pistas sobre su fiesta y yo no puedo responder, no tengo claro si fui o no. Le digo que busque en alguna foto. Quizás es una fiesta en la que estuve alguna vez y quedó la foto. Pero no tiene y no puede creer que yo no me acuerde. Yo tampoco.

El dedo mayor es el que más me molesta. Me lo toco y me lo miro todo el tiempo. Me pregunto si no será una especie de autoflagelación, aunque no sé qué cuenta me estará haciendo pagar el inconsciente.

No me gusta el olor de mi barbijo en las mañanas. Cuando pase el drama y estemos acostumbrados hay que inventar el barbijo perfumado. Es una idea para otros, yo tengo que borrar 500 mails.

Jueves

Hoy cumplo 40 años y las videollamadas me parecen una garcha.

Otro amigo me saluda y me pregunta si estaba con él la vez que vimos en Opera Bay a Luis Scola. Tampoco puedo recordar: ni lo niego categóricamente ni lo afirmo como una de las anécdotas de mi vida. La memoria me resulta complicada.

Mundiales de Twitter: pensé en hacer un mundial de gente nacida un 30 de abril. Compito yo, Luis Scola, las madres de Plaza de Mayo, Robert Rojas, Martín Karadagian, Pepe Gil Vidal, Lars Von Trier, Isiah Thomas, uno de los mellizos Heguy (solo uno porque el otro se murió), Lamothe y alguno más.

Una idea para pasar el rato, pero al final nada.

En cambio miro un River Boca de un 30 de abril (de 1994). El partido fue un sábado y Ortega jugó en un nivel superlativo (como casi siempre contra Boca), Crespo erró una cantidad notable de goles (aunque todas sus definiciones fueron al arco, salvadas por Navarro Montoya, una muralla). Para mi sorpresa Toresani también jugó un buen partido, y al verlo recordé que se suicidó hace poco, hundido en el vacío del retiro.

Ese es el partido en el que mataron a dos hinchas de River: Angel Delgado y Walter Vallejos (No necesito googlear para recordar los nombres).

Al otro día, domingo 1° de mayo, se mató Senna en el circuito de Imola. Lo escribo así, digo “se mató” y no “se accidentó”, porque así salió en la tapa de Clarín del otro día: “Se mató Ayrton Senna". Quedó grabado en mi memoria con esa construcción gramática que habrá armado algún editor que laburó ese feriado y decidió elegir esas palabras y publicarlo abajo, con foto, mientras le avisaba a su mujer que ya cerraba la edición y salía para casa, que igual comiera, que no lo esperara.

Tengo más para decir de ese día, mi tío Raúl, fanático de la Fórmula 1, conmocionado, llegando a comer un asado a la casa de mi papá. Y podría decir también que esa casa tenía el salpicrep más raro que recuerde. Las fotos de esa tarde las tengo todas en el disco.

Viernes

En la tele veo que un móvil transmite desde un pueblo de Chubut que nunca había escuchado nombrar. Se llama Tecka y queda sobre la Ruta 40, al sur de Esquel. Mientras sigo viendo la tele de fondo abro en la compu el google maps y lo empiezo a recorrer con el tipito amarillo del Street View. Frente al hospital una pared pintada dice "Que viva la marihuana".

Anderson Cooper es un periodista muy conocido en los Estados Unidos. Es famoso casi desde que nació: su mamá era la diseñadora Gloria Vanderbilt, y cuando era un bebé fue fotografiado por Diane Arbus para la revista Harpers.

Hace poco contó que es gay y esta semana abrió su programa con la noticia de que había tenido un hijo, llamado Wyatt Morgan.

Me gustaría tener la claridad mental para haber escrito esto que dijo al aire (da la sensación de que está leyendo el teleprompter) pero más me gustaría tener la entereza para poder decirlo (más allá de que se quiebra en un momento). Si puede hagan click acá para verlo (está en inglés pero se entiende igual)

Habla de sus padres, ya muertos, y también de su hermano Carter (que se suicidó a los 23 años).

Dice Cooper, entre otras cosas muy hermosas:

“Desearía que mi mamá y mi papá y mi hermano, Carter, estuvieran vivos para conocer a Wyatt, pero me gusta creer que pueden verlo. Los imagino a todos juntos, abrazados, sonriendo y riendo, felices de saber que su amor está vivo en mí y en Wyatt y que nuestra familia continúa. Nueva vida y nuevo amor".

Cuando me preguntan si tengo buena memoria respondo que sí.