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“En nuestra escuela hay educación sexual, pero recién en cuarto año tienen Salud y Adolescencia que es donde más se trata el tema. Que sea en cuarto año me parecía un poco tarde”, explica Obregón. Detrás de su decisión, hay adolescentes de entre 14 y 16 años que, lejos de la pasividad con la que son asociados los “millennials”, han participado de forma proactiva en todo el proceso de creación. Para ellos fue más que un simple taller. Fue aprender haciendo. Pero por sobre todas las cosas, deconstruyendo.
“No solo se encargaron de la programación, sino también fueron el motor de búsqueda de los contenidos”, cuenta Obregón, con el orgullo de quien se sabe impulsor de algo imposible de parar. “Empezaron a investigar sobre las dudas de sus compañeros, haciendo encuestas anónimas para que todos sientan la libertad de abrirse. Ahí es cuando descubrimos que las dudas eran de las más diversas: desde cuestiones específicas a cosas más simples, como qué es un ginecólogo”, describe.
De esa información recabada, los profesores eran los que controlaban las respuestas, trabajando junto con psicólogos y médicos especialistas. ¿El resultado? 250 preguntas distribuidas de manera divertida para que la interacción con el usuario sea práctica y accesible.
Al estilo Preguntados, la aplicación consta de una ruleta que gira al azar por 6 categorías diferentes cuyas preguntas son de las más variadas: Proyecto, Derecho, Diversidad, Salud, Prevención y Qué ves. Mientras Proyecto responde preguntas relacionadas al embarazo –desde cómo podés quedar embarazada hasta los métodos anticonceptivos-, Derecho habla sobre los derechos civiles, sexuales y reproductivos.
Por el contrario, Diversidad trata temáticas de diversidad sexual, atendiendo a la identidad y a las propias elecciones. Salud responde preguntas más bien biológicas, de funcionamiento del cuerpo.
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Prevención informa sobre las enfermedades de transmisión sexual, cuáles tienen cura, cómo se contagian. Y por último, Qué ves muestra una imagen bajo la cual los usuarios deben dilucidar de qué trata: puede ser del aparato reproductivo, como también de los diferentes métodos anticonceptivos.
Como todo fue a prueba y error, Andrés y su gran equipo están abiertos a las críticas constructivas y a la corrección de errores: “Tenemos una opción para denunciar preguntas, entonces si vos ves que una pregunta está mal o mal planteada la podés denunciar y nos llega a nosotros, que hacemos las modificaciones correspondientes”, cuenta.
Pero, ¿cómo se puede hablar de lo que nadie quiere hablar? ¿Cómo se logra desentrañar el tabú cuando este nos atraviesa no solo dentro de las aulas, sino también por fuera de ellas? ¿Cómo se hace para poner en la mesa lo que en las casas se oculta debajo de la alfombra? Obregón tiene la seguridad que le da la certeza de que, comunicando e informando, todo se puede.
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“Lo que empezó a pasar en nuestro colegio a partir de la app es que todos estos temas se empezaron a hablar de manera fluida, hubo libertad para el diálogo, dejó de ser tabú. Aquellos profesores que evitaban estas cuestiones comenzaron a incorporarlas en sus aulas. Y, si bien la aplicación es para que la utilicen los chicos, también lo es para que la trabajen los docentes y, por qué no, los padres. La información es transparente y son ellos los que también pueden jugar con sus hijos”, cuenta.
Pese a la negativa de los padres y de las campañas en contra de la implementación de la ley –que incluye el lobby de la iglesia-, hay algo que Andrés tiene en claro y que resalta con efusividad: “Sí hay algo de lo que estoy seguro es que estos contenidos se tienen que enseñar. Ellos lo piden, los alumnos. Por supuesto, dependen de cada contexto y la realidad de cada escuela. Hay que adaptarse, pero tienen que estar”.
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Alumnos de Andrés comparten los contenidos de la aplicación.
Una forma que utilizó para adaptar los contenidos a la escuela en su totalidad fue iniciar un concurso entre los diferentes cursos: tanto tercero, como cuarto y quinto año compiten para demostrar quién sabe más de educación sexual. Una actividad que fue bien recibida por el estudiantado y que Obregón subraya para entender cómo se pueden adaptar los contenidos a los nuevos cambios.
Los resultados positivos no tardaron en llegar. Al poco tiempo, comenzaron a llamar a Andrés y a sus alumnos a brindar charlas a otras escuelas. Empezaron a dar talleres, a participar de eventos, a ver cómo funcionaba en otras instituciones educativas.
“Lo más sorprendente es que ahí son los mismos jóvenes hablándole a otros jóvenes, sin intermediarios”, cuenta, orgulloso. Sin ir más lejos, ganaron el concurso Nosotros Queremos – impulsado por Fundación Inclusión Social, por el que fueron de viaje a Córdoba- y Todos podemos volar de LATAM, que los llevó a conocer la provincia de Misiones.
Actualmente, esperan ganar con ansias Soluciones para el Futuro de Samsung, en el cual forman parte de los 30 prefinalistas.
Lo que empezó como una diminuta idea en un aula pequeña terminó superando los límites de su propia materialidad para derribar, primero, los tabúes y los mitos y, después, todos los impedimentos. Para Andrés, esperar de brazos cruzados una modificación a nivel educativo nunca fue una opción. Hoy sigue participando activamente de la implementación de su app en otras aulas.
“La necesidad de los jóvenes en aprender estos contenidos está. Lo que está en nosotros es preguntarnos cómo vamos a suplir esa necesidad”, concluye Andrés. Sin quererlo, él ya encontró el cómo. Y sus alumnos también.