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El otro lado del encierro ¿Cómo es transitar la infancia con padres presos?

El otro lado del encierro ¿Cómo es transitar la infancia con padres presos?
Hay 146.000 niños con padres presos

"¿Lo lindo del pabellón? Lo lindo es mami, nada más", cuenta Sara, una niña de 4 años que tiene a su mamá en prisión. Su testimonio forma parte del informe "Más allá de la prisión: Paternidades, maternidades e infancias atravesadas por el encierro", que elaboró Unicef junto a la Procuración Penitenciaria de la Nación.

En el documento se retrata lo que ocurre para los niños, niñas y adolescentes a partir del momento en que uno de sus padres (o ambos) son encerrados y cómo impacta en su desarrollo. Los vínculos se deterioran, crece la estigmatización entre sus pares y también la incertidumbre sobre su futuro.

En la actualidad, hay alrededor de 92.000 personas presas y se estima que hay cerca de 146 mil niños con al menos un padre o madre detenidos.

El trauma para los niños comienza, si estaban presentes, al momento de la detención de sus padres. La violencia física y el maltrato verbal por parte de las fuerzas de seguridad que realizan los allanamientos los exponen a situaciones muy duras y difíciles de procesar.

Después llega el momento de determinar el cuidado de esos niños, con quién se quedarán y cómo sostendrán el vínculo con un padre encerrado.

Algunas cifras

"Mientras que la enorme mayoría de los varones presos señalan que sus hijos o hijas se encuentran a cargo de sus madres (84%), menos de un 20% de las mujeres detenidas indicó que los padres de sus hijos o hijas son los responsables de su cuidado y custodia (19%)", explica el informe.

La cuestión económica pasa al centro de la escena. En el 62% de los casos la persona detenida constituía el principal aporte económico del hogar, antes de ser encarcelada. Pero no sólo eso: tener un familiar en prisión implica gastos que no estaban contemplados como las visitas, las llamadas, los insumos que se le llevan al detenido y los costos de acceder a un abogado. Mantener un vínculo se vuelve costoso.

El estudio muestra que el 46% de los hijos no visitan a sus progenitores privados de libertad. A veces se debe a dificultades económicas pero en otros casos es para evitar el dolor de pasar por el proceso de visita.

"Cada día hablo con mi mamá y mi papá pero me gusta más ir a visitarlos. Me hace sentir que estoy en casa con ellos"

El 17% de las personas detenidas señalaron que sus hijos e hijas no saben que ellos están presos. "En estos casos prefieren decirles, por ejemplo, que la persona está trabajando, con la intención de evitar el sufrimiento ante el conocimiento de la noticia del encarcelamiento de su familiar, o como forma de protegerlos de las situaciones de estigmatización".

El viaje hacia la cárcel también complica la posibilidad de tener un vínculo regular con los padres. Casi un 30% de los familiares indicaron que tarden entre una y dos horas en llegar a la prisión y el 20% dijeron que demoran más de tres.

Si la persona está detenida en una cárcel en el interior del país y su familia es de Buenos Aires el vínculo prácticamente se rompe por completo: el 91% de las personas no recibe visitas de sus hijos e hijas.

Las organizaciones aseguran que es necesario, en estos casos, flexibilizar ciertas condiciones para garantizar un vínculo frecuente entre padres e hijos.

"Es evidente que, cuanto más prolongado sea el tiempo de detención, mayores y más severos serán los efectos que el encarcelamiento generará en las personas y su entorno. Por ello, se vuelve fundamental promover las formas de liberación anticipada, de salidas transitorias y semilibertad, o medidas alternativas a la pena de prisión como el arresto domiciliario".

¿Lo lindo del pabellón? Lo lindo es mami, nada más.

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