Historias

Los aforismos de José Narosky: la historia del Ejército de Salvación

José Narosky y otro de sus aforismos para A24.com. La historia de la obra creada por William Booth.
Los aforismos de José Narosky: la historia del Ejército de Salvación

Presumo que no son muchos los que conocen el origen de una famosa y noble institución, que lucha desde hace más de un siglo, por el bien de sus semejantes. Se denomina Ejercito de Salvación. Y son menos aún, los que conocen su trayectoria.

Intuyo además que el nombre de William Booth es para muchísimos, un total desconocido. Y este hombre, predicador y reformador inglés, fue precisamente, el fundador.

Era, desde el punto de vista religioso de credo Anglicano, luego se convirtió en Metodista, donde fue pastor, para finalmente adherirse a un pensamiento muy especial, siempre religioso pero aceptando la mejor parte -a su criterio- de todas las grandes religiones universales.

Quién fue William Booth y qué es el Ejército de Salvación

Booth había nacido en 1829 en la ciudad inglesa de Nottingham. De origen muy humilde, fue obrero y conoció no sólo la explotación y la incomprensión, sino también el hambre.

A los 26 años inició, junto a su esposa yen la zona más humilde de Londres, un nuevo movimiento religioso, que tuvo enorme difusión inicial, al que llamó “Misión Cristiana del Este de Londres”. Casi todos sus miembros estaban sumidos en la total pobreza.

Poco a poco fue despojando a su movimiento de parte de la liturgia religiosa, para convertirse en una institución de ayuda social, que para su sorpresa, se extendió a toda Inglaterra y, traspasando esas fronteras, terminó extendiéndose al 80% de los países del planeta. Decía Booth:

-“No se puede predicar la salvación, al que tiene frío y hambre. Mientras haya un borracho abandonado, una niña pobre extraviada en las calles, una sola alma en tinieblas, lucharé hasta el fin”. Booth terminó creando una de las iglesias más conocidas del mundo: el Ejercito de Salvación.

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Los distintos credos religiosos no estaban acostumbrados a incorporar nuevas y diferentes personas.

Booth no tuvo otra alternativa que crear una iglesia especial para los desposeídos. Todos eran bienvenidos incluso los ricos, que los había. Pensó también que el sistema militar funcionaría muy bien para organizar su gente. Porque realizaban una guerra contra la injusticia y el mal.

Los pastores eran los oficiales y los miembros eran soldados.

Encontraron oposición. A menudo les arrojaban piedras durante las marchas y reuniones al aire libre. Es que se suele combatir y desmerecer lo que se desconoce. Había en este ejercito tan particular hombres que habían sido drogadictos por ejemplo, o totalmente desposeídos, pero también gente pudiente, con sensibilidad para comprender el mensaje de Booth.

Para igualar las diferencias entre esos soldados tan particulares, se creó un uniforme para todos, pobres o ricos. Las mujeres y aludo al siglo XIX, tenían las mismas responsabilidades que los hombres.

Booth creó la primera Bolsa de Trabajo en Inglaterra; logró prohibir el uso de azufre en las fábricas de fósforo que producían enfermedades en los huesos y dientes de los trabajadores; redujo la prostitución de niñas en un 90%.

El Ejército de Salvación en Argentina

Doce años después de su creación, el Ejército de Salvación llegó a la Argentina. Cerca de la estación Constitución se abrió el primer local con este lema: “El Ejercito de Salvación es amigo de todos y enemigo de nadie, excepto del pecado, del egoísmo y de la corrupción”.

Poco tiempo después, crearon su primera obra social: un “Asilo para Hombres sin Techo”, que aún funciona.

Y hoy, he querido aludir muy someramente, a la historia de este ejercito que, como sólo luchaba por el bien, no necesitaba vencer. Sólo necesitaba dar.

Un 20 de agosto de 1912, fallecía a los 83 años el fundador del Ejercito de Salvacion William Booth quien demostró al mundo, con su ejército tan especial, quelas armas más poderosas, no necesitan comprarse.

Y el aforismo final para este pastor de almas: "Hay quien arroja un vidrio roto en la playa, pero hay quien se agacha a recogerlo".

* Por José Narosky

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