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El Molino Horiz
Fotos: Agencia Télam
Entre las innumerables anécdotas que contienen los 7.600 metros cuadrados de edificación, el mismísimo Carlos Gardel encargó a Brenna un postre para homenajear a su amigo, el reconocido jockey uruguayo Irineo Leguisamo, lo que dio como resultado el legendario “postre Leguisamo”.
Algo similar ocurrió en 1917, año de la Revolución Rusa, en el que el mismo Brenna creó el popular postre Imperial, que más tarde llegó a Europa, conocido como “postre argentino”, que venía con una advertencia: “Córtelo con un cuchillo caliente para que no se desmorone”.
Además del reconocimiento por la arquitectura, la Confitería del Molino se destacó por la calidad de sus productos y su pastelería única que generaba que sus clientes hicieran largas filas para adquirir sus postres y su tradicional pan dulce.
“Las chicas de Flores tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino”, escribió el poeta Oliverio Girondo, asiduo cliente del local, o Roberto Arlt, quien mencionó en sus aguafuertes porteñas el icónico edificio.
Durante el golpe de Estado de 1930, que derrocó a Hipólito Yrigoyen, el inmueble con más de 1200 metros cuadrados de vitrales, fue incendiado y tuvo que cerrar sus puertas durante algo más de un año.
En las mesas Del Molino, aquellas que el mismo Brenna atendía vestido con una levita, era frecuente ver al legislador socialista Alfredo Palacios tomarse una copita de cognac, o a José Ingenieros discutir acaloradamente con el poeta Amado Nervo.
Por su ubicación estratégica frente al Congreso de la Nación, pasaron por allí legisladores y dirigentes políticos como Lisandro de la Torre, Eva y Juan Domingo Perón.
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A principios del siglo XX las familias porteñas más tradicionales celebraban sus reuniones y fiestas en el salón de 245 metros cuadrados que la confitería dispone en su primer piso.
Además, las instalaciones de la Confitería del Molino fueron testigo de visitas habituales de personalidades destacadas como Libertad Lamarque, Nini Marshall, Marcelo T. de Alvear, Agustín P. Justo, la infanta Isabel de Borbón y el Príncipe de Gales.
En 1996, la cantante Madonna, ícono del pop internacional, grabó allí el video clip de la canción “Love don´t live here anymore” en uno de los salones de la majestuosa confitería, declarada Monumento Histórico Nacional un año más tarde.
El 23 de febrero de 1997, el histórico comercio tuvo que cerrar sus puertas como consecuencia de la fuerte crisis económica que enfrentó el país.
En 2014, a través de la ley 27009, se logró la expropiación del inmueble y en julio del año pasado comenzaron las tareas de restauración que desempolvarán otras anécdotas de personajes entrañables de la historia argentina e incontables recuerdos, artículos y variados elementos de la época.