Pandemia

"Sobredosis" de pantallas en los chicos: cómo vencer a la otra pandemia que se agrava con el aislamiento

Las medidas impuestas por el aumento de los casos de Covid-19 y la educación virtual volvieron a poner a los niños durante más tiempo ante los dispositivos. Madres, padres y especialistas contaron a A24.com cómo actúan en esta nueva y vieja realidad.
por Gabriel Túñez |
A patir de las nuevas restricciones

A patir de las nuevas restricciones, los niños y niñas volvieron a pasar más horas frente a las pantallas (Foto: archivo).

La gran mayoría de las familias en el país vieron transformadas desde marzo de 2020, al declararse la pandemia de Covid-19, sus rutinas y el vínculo con la tecnología en las tareas de cuidado, crianza y acompañamiento en la educación de sus hijos.

El avance constante de la segunda ola de contagios, con un promedio de 35.000 casos positivos diarios en las últimas semanas, derivó el viernes en un nuevo confinamiento decretado por el presidente Alberto Fernández, una medida que, de algún modo, hizo regresar las costumbres de los argentinos a los tiempos más duros de Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO).

Las restricciones en la movilidad, el cierre de las plazas, el dictado de clases de forma remota, la continuidad de la jornada laboral de los adultos y las bajas temperaturas provocaron que otra vez los niños, niñas y adolescentes pasaran más tiempo frente a los dispositivos, ya sea conectados con sus escuelas, jugando en línea o viendo dibujitos, series y youtubers.

Entre los límites y la falta de opciones

Bajo la sombra del Covid-19, la vida de millones de niños, niñas y adolescentes quedó de nuevo “limitada a sus hogares y sus pantallas. Para muchos, Internet se convirtió rápidamente en la única forma de jugar, socializar y aprender”, indicó un documento de Unicef.

“Los nenes pasan, en general, más horas frente a los dispositivos electrónicos. En parte, decidimos darles permiso porque se achicaron las posibilidades de hacer actividades extra escolares o al aire libre. Además, algunos jueguitos los revincularon con sus amigos e, incluso, desarrollan algunas habilidades”, contó Amelia, madre de dos hijos de 9 y 12 años, a A24.com

Los días en los que Amelia y su pareja tienen “mucho trabajo”, los nenes “pasan una enorme cantidad de horas frente a las pantallas. Podemos perder la cuenta del horario. Pero el horario de comienzo y de finalización se trata de planificar, lo mismo que haya horario para hacer la tarea escolar también. Esa planificación se nos puede ir de las manos, pero no por hartazgo, sino por falta de alternativas”, explicó.

“No queremos que pasen mucho tiempo a la pantalla. Tratamos de ponerles limites, pero si a veces están muy entretenidos con cosas que no son perjudiciales, los dejamos. Es cierto que tienen muchos juguetes en casa, pero cada vez menos ganas de jugar con distintas cosas” que no sean los dispositivos, destacó Hernán, padre de dos hijos, a A24.com

Al comenzar la pandemia, durante las primeras semanas del ASPO, Hernán y su pareja tuvieron “un sentimiento de culpa” por el tiempo que sus hijos pasaban conectados, pero “ya quedó en el pasado”.

“No diría que ahora estamos resignados, sino que reconocemos el estado de las cosas, las posibilidades que tenemos y cómo adaptarnos lo mejor posible. Explotar los beneficios de los dispositivos y evitar los perjuicios”, dijo.

Claudia, en tanto, aseguró a A24.com que tampoco siente “culpa” por la situación, aunque “a veces” le da “un poco de pena”.

Su hijo, al que cría sola, “pasa millones de horas viendo dibujitos" porque ella tiene "mucho trabajo”, especialmente el último fin de semana largo, el primero de las nuevas restricciones impuestas en esta segunda ola.

No le puedo poner límites porque no tengo otra opción. Tengo que poder trabajar. No llevo la cuenta del tiempo que pasa conectado porque creo que la cifra me asustaría”, comentó.

A comienzos de 2021 Google divulgó un relevamiento realizado en 15 países. En Argentina, participaron un total de 315 personas, padres y madres de niños y niñas de entre 5 y 17 años. Según el documento, a partir de la pandemia el 73% de las familias permitió que sus hijos pasaran más tiempo en Internet para temas de interacción social y entretenimiento.

“Yo les propongo cocinar, dibujar o un juego de mesa, pero eso dura un rato limitado. La voluntad de proponerles alternativas la tenemos, también la paciencia, pero no siempre el tiempo libre”, señaló Amelia.

Claudia, por su parte, comentó que, aunque mirando dibujitos, su hijo juega mucho con los autitos. Algo similar mencionó Hernán acerca de uno de los suyos, que reproduce con sus muñecos de superhéroes de Avengers las capítulos que ve en la tablet.

Cuáles son los riesgos

Para Henrietta Fore, directora Ejecutiva de Unicef, “la salud física y emocional de los niños es cada vez más preocupante” en el contexto de la pandemia. Y agregó: “Existen pruebas que sugieren que pasar más tiempo en Internet conlleva realizar menos actividades al aire libre, reduce la calidad del sueño, aumenta los síntomas de ansiedad y fomenta hábitos de alimentación poco saludables”.

Andrés Roussos, doctor en Psicología e Investigador Principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), afirmó a A24.com que si bien es cierto que los niños, niñas y adolescentes que “tienen la suerte” de contar con dispositivos y conexión a Internet “pasan muchísimas más horas que antes” de la pandemia frente a las pantallas, “lo que está mal no es eso, sino que no hagan otra cosa como deportes o sociabilizar en vivo y en directo con sus pares”.

“Lo mismo diría de un chico que lo único que hace es patear una pelota, porque va a tener un desarrollo desbalanceado”, dijo Roussos, que dirige el Laboratorio de investigación en Psicología y Tecnologías de la Información y Comunicación (Lipstic).

Para el psicólogo, los padres también deben observar qué ejemplo les dan a sus hijos cuando, por motivos laborales u otras causas, pasan todo el tiempo conectados a una computadora. “El chico copia el modelo de sus padres. Entonces vamos a tener dificultades extraordinarias para mostrarles un modelo alternativo si no nos hacemos un rato para hacer deporte, compartir un juego de mesa o hasta uno online”.

“Debemos, entonces, proponerles otro espacio de vinculación y actividades concretas”, resumió Roussos.

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