En los '80 hubo un cambio importante: al negocio se sumó la mujer de Marcelino y transformó el salón en un espacio con "ambiente familiar".
El local de Caffarena 64 tuvo momentos de gloria, con filas de espera en la puerta. Su carta incluía los infaltables de la cocina porteña pero con sus toques propios. Silvia, Pablo y Juan Carlos Castro, los hijos de Marcelino heredaron el negocio y siguieron adelante. Pero después de un durísimo 2020 los números no resistieron más.
Oviedo
La esquina de Guatemala y Humboldt fue espacio de encuentro de amigos y familias durante décadas. En diciembre de 1990 el asturiano Manuel Coto abrió el primer salón y José, su hijo, lo mantuvo durante los últimos 15 años. Intentó todo para seguir a pesar de la pandemia. Y lo venía logrando.
Pero el dueño del local quiso vender la propiedad para un negocio inmobiliario. Ahí, donde se compartían momentos amenos entre fuentes repletas y platos bien servidos, habrá una torre. No hubo nada más que hacer: con amargura, José entregó al dueño las llaves del lugar.
Adiós a dos clásicos insustituibles
El bodegón es como la familia: cada una tiene su forma de cocinar las milanesas, tortillas, sopas, bifes o flanes. Los Castro y los Coto, inmigrantes españoles, abrieron un restaurante que, con el tiempo llevaron adelante de sus hijos.
Fueron negocios levantados con esfuerzo donde se tejen tradiciones, generaciones que se suceden en el amor por servir un buen plato. Se los lleva la crisis. Y nos dejan con tristeza de cultura compartida y nostalgia en el paladar.