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ECONOMÍA

La economía en la pandemia: entre el temor y la necesidad del Estado presente

La economía en la pandemia: entre el temor y la necesidad del Estado presente
Alberto Fernández mantuvo una reunión virtual con gobernadores para definir la nueva etapa de la cuarentena

“Angustiante es que el Estado te abandone”, lanzó anteanoche el presidente Alberto Fernández al anunciar una nueva extensión de la cuarentena hasta el 7 de junio. En esa afirmación vehemente, al responderle a una periodista, volvía a poner el énfasis en las acciones –celebradas y criticadas- que desde el Poder Ejecutivo está tomando durante la expansión del COVID-19 en el país.

La relevancia que adquiere el Estado durante la pandemia del coronavirus no es algo exclusivo de la Argentina. En gran parte del mundo se observa su avance como organizador, salvador, distribuidor, facilitador, vigilante, controlador y, también, represor.

Empresas y Estado tienen por estos días una relación de amor y odio, de urgencia y necesidad. De temor y reclamo. El intercambio retoma conceptos centrales de la ciencia política.

La forma del Leviatán, un Estado absolutista que somete a los ciudadanos para garantizar la paz y el bien común, se enfrenta con miradas desafiantes que lo denuncian desde el flanco más liberal, más cercanas a la mano invisible del mercado y las plenas libertades individuales.

Bajado a tierra, el laberinto edificado a partir de la decisión de mantener como prioritaria la salud de la población y evitar un colapso sanitario también arrastra el cruento impacto en la economía macro, el aparato productivo y en los bolsillos de los ciudadanos de a pie.

De ese laberinto es cada vez más difícil salir a medida que se incrementan los números de contagios y muertes. La disputa se pone más caliente, día a día, y deja algunas preguntas abiertas.

Datos de la asistencia del Estado en la Pandemia

Según datos dados por el propio presidente, el programa Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP) alcanzó a 2,4 millones de trabajadores a los que se les depositó parte del sueldo en sus cuentas.

Fernández explicó que el 93% de esas casi 300 mil empresas que pidieron los beneficios tienen menos de 25 empleados. El 60% de los que trabajan en esas compañías “ganan un salario bruto menor a $50 mil”, sumó.

Si se toman datos de la Oficina de Presupuesto del Congreso de la Nación, las medidas económicas tomadas por el Gobierno por la pandemia de COVID-19 “implican un gasto de $752.374 millones, equivalente a 2,6% del Producto Interno Bruto (PIB) y una disminución de recursos de $80.485 millones (0,3% del PIB)”.

Y agrega el informe: “Sumando el monto de facilidades financieras de $571.774 millones (2,0% del producto) el monto total de los recursos asignados para atender los impactos del Covid-19 representan alrededor del 4,9% del PIB”.

Los datos son hasta el 18 de mayo. Y cabe preguntarse: ¿Es suficiente esta inversión? Nunca lo es en un país con más de un tercio de la población en la pobreza y con vistas a que haya más. Y que tiene a los barrios populares con el virus al acecho.

Hasta acá, algunos datos duros. Estos pueden delinear un panorama para dimensionar lo profundo de la crisis. Pero más allá de los números, sobrevuela otra cuestión más densa. Más conflictiva. Que marcará un quiebre y se instalará aún más en la agenda mundial, según muchos analistas.

Más Estado ¿pero qué quiere decir eso?

Hay un consenso mundial entre estudiosos de este momento en que “habrá más Estado”. Pero dicho así ¿qué significa?

“Estado es Estados Unidos y Andorra; y Alemania y Venezuela. Y son cosas muy distintas, aunque las llamemos igual”. Lo dice el politólogo Andrés Malamud en una interesante charla con Bernardo Kosacoff, sobre geopolítica del coronavirus.

Sigue Malamud: “Los Estados tienen dos tipos de capacidades: las infraestructurales y las despóticas. Maduro tiene el poder de someter a su población, pero no tiene la capacidad de vacunar a su población. Angela Merkel tiene la capacidad de vacunar a su población, pero no de someterla, porque se le rebelaría. Más Estado en Alemania es más trabajo con sus ciudadanos y de protección a sus ciudadanos. Más Estado en Venezuela es más represión y autoritarismo”.

Decir que habrá más Estado en esta Argentina es un enigma no resuelto. O por lo menos la incertidumbre persistirá al compás de las tensiones internas de una alianza gobernante inestable, con actores conocidos en otros tiempos, con renovados actores en funciones imprevistas y en un contexto socio político y económico único.

También con un empresariado partido, variado y urgido de soluciones para no caer en quiebras y en despidos masivos.

Este enigma de fondo causa intranquilidad en el establishment y en el mundo empresario, en general, incluyendo pymes.

En ese clima, surgió el tuit de la diputada kirchnerista Fernanda Vallejos hace unos días. El mensaje de la legisladora pedía que el Estado acceda a participación accionaria en empresas asistidas.

Si bien la propia diputada salió a argumentar y sostener la idea apelando a ejemplos internacionales, el susto y rechazo de algunos hombres de negocios no cesó y calificaron la propuesta como “poco seria” o “injustificada” e “inoportuna”.

En el entorno de la legisladora aclararon que la idea no sería retroactiva y no se aplicaría para las compañías grandes –la propuesta solo apunta a ellas- que hayan entrado al programa ATP. Lo ven para cuando haya pasado lo más duro de la pandemia y el panorama negro privado necesite apoyarse en el sector público para el resurgimiento.

Pero el solo hecho de echar a rodar la iniciativa –con sus apoyos, ninguneos y rechazos- debería transparentar y precisar qué versión de Estado protector ante el sector privado pretende el arco oficialista; en Europa y EE.UU. resucitan varios ejemplos.

En ese mismo polo que aglutina a Máximo Kirchner, Sergio Massa, el “albertismo puro”, los gobernadores y movimientos sociales más o menos combativos, eso no está del todo claro. No se sabe qué lado del subibaja pesará más. Ni que consecuencias traerá un desbalance. Ni que efectividad tendrá la oposición para incorporar su voz.

Pugnas en energía

El área energética es el campo de batalla de una falta de coordinación de las partes en pugna interna del frente gobernante. El interventor del ENARGAS, Federico Bernal, cercano a Cristina Kirchner, entró en tensión con el ex referente económico del Grupo Callao –think tank del albertismo- y Matías Kulfas. Del ministro de Desarrollo Productivo depende el área de Energía. Sin embargo hubo reuniones y contactos que lo dejaron de lado.

Por estos días, empezó a negociarse entre productoras (YPF, PAE, Total, Pampa Energía, entre otras) y distribuidoras (Metrogas, Naturgy, Camuzzi, entre otras) el precio y la modalidad de compra del gas para el segundo semestre. Los contratos se habían firmado en febrero del año pasado y debían renovarse en marzo de este año; pero por la pandemia se patearon hasta el 30 de junio.

Los empresarios esperan atentos aquí también ver qué lógica primará. Hoy se está tomando un dólar a 41 pesos. El Gobierno sabe que no hay mucho margen para que los aumentos se trasladen a la tarifa de los usuarios. Clarificar el norte de un sector relevante daría –como pide el empresariado- indicios de previsibilidad.

La economía mostró una caída en marzo (con solo 10 días de parate) de 11,5 por ciento. La extensión de la cuarentena sigue levantando críticas y descontento en el sector comercial.

“El panorama es terrible. No se vende nada. Se prevé que entre el 5 y el 7 por ciento de los locales o comercios no van a volver abrir. Y 200 mil empleados van a quedar en la calle”, reconoce un líder empresario de ese sector.

No reniega de la correcta decisión de cuidar la salud, pero pinta un cuadro “desalentador”. Comenta la fuente que muchos comercios pudieron abrir en algunas provincias, pero que los propietarios observaban que no había ninguna venta. El consumo paralizado, a pesar de una apertura.

Los Estados en acción

El impacto económico en el mundo de la expansión del COVID-19 no es tan distinto, aunque con matices. Y los Estados, cada uno de una forma particular, tomaron medidas.

  • EE.UU. alcanzó los 38,6 millones de pedidos de subsidio de desempleo desde mediados de marzo por la pandemia, y el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, advirtió de la "fuerte probabilidad" de más ayuda tras los 3 billones de dólares ya inyectados a la economía. El repunte vendría en el cuarto trimestre.
  • China anunció medidas y por primera vez en su historia, el Producto Interno Bruto (PIB) se hundió en el primer trimestre -6,8%. El Estado dejó crecer su déficit hasta el 3,6% del PIB.
  • Alemania, en tanto, se hará con el 20% de la aerolínea Lufthansa y un bono convertible por valor de otro 5% más una acción, a cambio del rescate de 9.000 millones. No podrá pagar dividendos. Y el Estado tendrá dos sillas en el comité de supervisión.
  • El gobierno italiano y los bancos intercambiaron críticas por las ayudas públicas a las empresas, un programa que debe pasar por las entidades financieras. El jefe de Gobierno, Giuseppe Conte, dicen que “no hacen lo suficiente”.
  • En la Francia de Macron, el ministro de Economía, Bruno Le Maire, advirtió que los franceses deben prepararse para "quiebras y despidos en los próximos meses”. La Confederación de Pequeñas y Medianas Empresas (CPME) le pidió que se espere hasta septiembre.

¿Qué Estado queremos y qué Estado habrá?

Las disyuntivas sobre la presencia del Estado en la vida en general, y en la económica, en particular, va ser una discusión más profunda este año.

¿Queremos un Estado que promueva la infraestructura científica para crear reconocidos test rápidos para el coronavirus? ¿O queremos un Estado que entre el despotismo y la ineficiencia paga fideos con sobreprecio?

¿Queremos un Estado que usa su estructura para armar un útil sistema de voluntarios para cuidar a adultos mayores? ¿O uno que paga barbijos, también, a precios por encima de los que debería? ¿O uno que se apropia de datos sensibles para su favor?

Esa discusión –sobre la presencia/ausencia del Estado- se dará por las condiciones mundiales pero también por la indescifrable dinámica que puede tomar la interna política oficialista. Y el oscilante movimiento de la grieta. Más aún si se logra un acuerdo con los bonistas, como muchos descuentan.

¿Podría ser esa, tal vez, la última capitulación y gesto pro-Wall Street, que marque una profundización de una de las alas más duras por sobre las moderadas, en un escenario económico muy deteriorado y necesitado, ahora sí, de una puesta de pie para arrancar? Eso está por verse.

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por Diego Landi
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