Emprendedoras

Estas mujeres superaron la adversidad y cambiaron sus vidas a partir de un emprendimiento propio

Cómo hicieron dos emprendedoras argentinas para reconvertirse frente a una situación traumática y crear un nuevo proyecto para su futuro laboral.
Carlos Toppazzini
por Carlos Toppazzini |
Emprendedoras: Carmela y Romina

Emprendedoras: Carmela y Romina, dos mujeres que se reconvirtieron para superar una situación adversa y encontrar su propio camino emprendedor.  

En 2017, Romina estaba embarazada de su primer hijo y trabajaba como diseñadora gráfica. Ese mismo año, Carmela estudiaba arquitectura y fue a una guardia para atenderse por un broncoespasmo. Ambas iban a recibir malas noticias, de esas que te golpean profundo.

Sin embargo, tendrían más cosas en común: fuerza para enfrentar la adversidad, claridad para reconvertirse y empuje para transformarse a partir de sus propios emprendimientos.

Al igual que Romina y Carmela, cada vez son más las mujeres que se animan a dar el salto emprendedor y apuestan por un proyecto personal. Según el Global Entrepreneurship Monitor existe un factor determinante para que más mujeres decidan seguir haciéndolo: la posibilidad de ver y conocer las historias de otras emprendedoras.

“Quién me va a contratar con un bebé recién nacido”

Hace poco más de cuatro años, Romina Giboudot trabajaba en relación de dependencia como diseñadora gráfica, hasta que sus empleadores decidieron despedirla. Como si quedarse sin trabajo no fuese en sí desesperante, la situación de Romina era más compleja aún: estaba por dar a luz a su primer hijo.

Lógicamente, con las características del mercado laboral actual y, en particular, el panorama adverso para las mujeres, lo primero que pensó fue “¿quién me va a contratar con un bebé recién nacido?”.

Sin embargo, no había tiempo para estancarse y, una vez que superó el impacto inicial, Romina decidió pegar un volantazo a su vida y largarse con su propio emprendimiento. “Es algo que me apasiona, me divierte, me genera desafíos, me interesa seguir haciéndolo crecer porque me conecto mucho y siento que la gente también”, dice hoy Romina sobre el proyecto que, además, le permitió unir su pasión por el diseño gráfico, la arquitectura y el diseño de interiores.

Emprendimientos: el desafío del primer paso

Al principio se dedicó a la reventa de productos de iluminación en un marketplace, donde el trabajo fue arduo y los resultados poco alentadores porque las lámparas no se vendían como ella esperaba y la cantidad de tiempo que le dedicaba no rendía.

Entonces decidió crear sus propios productos y, en septiembre de 2017, junto con el nacimiento de su primer hijo, llegó Moiso, su emprendimiento de productos de iluminación de diseño y artículos deco.

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Emprendedora: En Moiso, Romina Giboudot unió su pasión por el diseño y la arquitectura. 

Emprendedora: En Moiso, Romina Giboudot unió su pasión por el diseño y la arquitectura.

Si bien los primeros años fueron de gran aprendizaje, la verdadera prueba llegó hace dos años.

“Después del lanzamiento, el salto más grande fue en 2020, cuando unos meses antes de la pandemia decidí abrir una tienda online en Tiendanube. Los primeros días del aislamiento pensé que no iba a vender nada, no me desanimé y, finalmente, resultó todo lo contrario, la gente no paraba de comprar”, cuenta Romina.

Asimismo, reconoce, “tener mi propio espacio en una tienda online me ayudó a posicionar la marca de forma más profesional. Los clientes se sienten más seguros a la hora de comprar y eso, entre otras cosas, genera un incremento en la cantidad de productos vendidos”. De hecho, asegura la emprendedora, Moiso creció “casi 90% cuando empecé a vender online desde mi tienda, antes de la pandemia”.

Emprender a partir de una necesidad

En el mismo año en que Romina se quedaba sin trabajo y comenzaba su propio recorrido como mamá y emprendedora, Carmela Bustelo estudiaba arquitectura.

Desde hacía unos meses andaba algo preocupada por un broncoespasmo que no se iba y decidió acudir a una guardia médica. Después de varios estudios recibió el diagnóstico menos esperado: tenía un tumor, un linfoma de Hodgkin, entre el pulmón izquierdo y el corazón.

En ese momento, el impacto fue tremendo, pero sin dudarlo, Carmela empezó rápidamente con los tratamientos, acompañada por su familia y amigos.

Durante los próximos meses el panorama seguía complejo y, en una sesión con su psicóloga, la profesional le recomendó empezar alguna actividad para enfocarse, porque el tratamiento oncológico se extendía más de lo esperado.

Entonces, a partir de su propia experiencia, Carmela se dio cuenta que no existían turbantes o pañuelos de diseño aptos para uso oncológico y en ese instante decidió dar el salto al mundo emprendedor.

Así surgió House of Cholas, una marca pensada para quienes atraviesan situaciones de este tipo, pero también para demostrar que los pañuelos en la cabeza no son marca registrada del cáncer, sino que también pueden ser un ícono de la moda.

“Mi emprendimiento me salvó”

Cuando abrió su cuenta en Instagram, Carmela no tenía stock real de sus productos porque creyó que sólo le comprarían sus conocidos: “Tenía publicados los turbantes que eran míos y, de repente, todos estaban vendidos. Se viralizó tanto que mi mamá salió disparada a Once a comprar telas”, recuerda ahora.

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Con House of Cholas, Carmela Bustelo transformó su vida y la de otras personas. 

Con House of Cholas, Carmela Bustelo transformó su vida y la de otras personas.

“Al principio era casi como un juego, yo salía de las quimios y tenía que descansar dos o tres días. Me sentía muy mal y esto era mi incentivo para levantarme, cambiarme, ir a comprar telas, visitar los talleres y diseñar. Viéndolo hoy, mi emprendimiento me salvó ”, asegura Carmela.

Sin embargo, la situación todavía era complicada. En esos meses, los resultados de los estudios para medir el avance del tratamiento no fueron buenos y su médica le avisó que debía seguir con una quimioterapia más fuerte y que iban a tener que internarla.

Parecía que House of Cholas iba a quedar en pausa, pero una amiga diseñadora gráfica (que no es Romina, porque no se conocían) se acercó a ella y le comentó que quería regalarle el diseño de una Tiendanube. “Era la única solución que había porque la presencialidad no era una opción. Fue la salvación para que siguiera existiendo mi sueño de emprender y, en ese momento, me di cuenta de que se estaba poniendo serio”, relata Carmela.

Ahora, varios años después, House of Cholas sigue con el mismo espíritu de su creadora y el impulso digital le permitió incrementar ventas y llevar sus vinchas y turbantes a todo el país. “Los aprendizajes de mi emprendimiento van de la mano con los aprendizajes de la vida, porque ambos fueron desarrollándose juntos. Hoy amo emprender, me hace muy feliz”, destaca Carmela.

Emprendedoras con espíritus de superación

Los proyectos de Romina y Carmela tienen mucho en común, pero sobre todo se destacan por su espíritu de superación. Dejaron atrás diferentes obstáculos que les impuso la vida, descubrieron el emprendedurismo y encontraron ahí algo que les permitió seguir adelante, renovadas.

Hoy, las dos emprendedoras se animan a motivar a otras mujeres a dar el salto para crear su propio proyecto, su propia marca y ser independientes.

“Cada crecimiento fue por una piedra en el camino. Algo que nos decía que no podíamos seguir por donde veníamos y teníamos que probar por otro lado”, reflexiona Carmela.

Romina, en tanto, hace referencia a los obstáculos como ajustes del camino e incita a animarse a emprender: “Salir, hacerlo con lo que uno tiene. Cuando estás en el ruedo todo se ajusta, paso a paso. Pero si no das el paso, te quedás con la duda”, finaliza.

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