En Argentina, si un chico quiere acceder a un juguete importado deberá deberá soportar en el precio un arancel del 35%, mientras que en el resto del Mercosur es del 20%.
En Argentina, si un chico quiere acceder a un juguete importado deberá deberá soportar en el precio un arancel del 35%, mientras que en el resto del Mercosur es del 20%.
Para explicar esta diferencia, desde la Asociación Argentina de Empresas de Juguetes y Afines (AADEJA) recomiendan revisar el Decreto 911/21, que en el artículo 6, anexo VI, establece hasta el 31 de diciembre de 2028 el nivel arancelario del 35% (máximo consolidado por el país ante la OMC) para el sector de juguetes, mientras que para el resto de Estados Miembro del bloque el nivel es 15% más bajo.
Desde la asociación explican que, con ese escenario y después de años de distintas políticas que no funcionaron, ya sea por una cuestión de escala del mercado, aspectos técnicos, derechos de propiedad intelectual u otra variedad de razones que se repiten a nivel mundial, el mercado local de juguetes depende de los productos importados para satisfacer la demanda interna.
“Esta diferencia de aranceles impacta directamente sobre los costos y en el precio al consumidor local, que contará con menores posibilidades que los compradores de Brasil, Uruguay y Paraguay para el acceso, adquisición y uso de productos del sector, dado que las diferencias arancelarias provocan un significativo aumento del precio final”, aseguran desde AADEJA.
Incluso a nivel empresario, agregan, “este impacto ocasionará que algunas empresas decidan no importar las novedades porque entienden que sus objetivos de venta no se cumplirían por el alto precio de venta”.
Por supuesto, no todo es negativo en la industria nacional de juguetes que, entre otros beneficios, cuenta con los máximos aranceles a la importación, licencias no automáticas y el tratamiento discrecional al momento de solicitarlas aduciendo su carácter de “sector sensible”. Sin embargo, a pesar de todo esto, continúa operando sin el nivel esperado de competitividad o productividad.
“Si bien la industria ya está recuperada de la pandemia, la incertidumbre trae como consecuencia las limitantes de la inversión”, dice el fabricante y comerciante de juguetes, Darío Mermelstein.
Al respecto, amplía, “vemos que el año podría ser positivo, pero va a depender de lo que las autoridades decidan y el problema es que las autoridades toman decisiones todo el tiempo y son totalmente cambiantes, con lo cual, a la hora de hacer un proyecto se nos hace muy difícil planificar siquiera a un año”.
Según Mermelstein, dentro de las limitantes del sector, las empresas siguen apostando 100% a la inversión. “Si el gobierno clarifica, más con hechos que con palabras, sería más fácil. Me imagino que con los acuerdos que están tratando de generar buscan esa solución, por lo que imaginamos que, a partir de eso, deberíamos tener un 2022 bastante positivo”.
Al respecto, cabe destacar que las fábricas del sector trabajan actualmente entre un 70% y 80% de su capacidad productiva, por lo que podrían incrementar las unidades en caso de mayor demanda por faltantes de juguetes importados.
Una constante del sector está relacionada con las importaciones. En ese sentido, a la mercadería importada se le aplican normas y requisitos técnicos de cumplimiento inexcusable para su liberalización aduanera y posterior comercialización, asegurando de este modo la calidad y seguridad del producto.
“Los juguetes importados correctamente por importadores especializados en juguetes, no solo son un complemento del mercado juguetero, sino que estimulan a que los fabricantes locales compitan con buen diseño, calidad y precios, ya que contamos con tecnología productiva y recursos creativos para hacerlo”, señala Daniel Dimare, director de Marketing de Juguetes Rasti.
Pero hay otras situaciones que perjudican a la industria. “Los juguetes chinos importados ilegalmente y que se venden por la calle no solo destruyen a los comerciantes jugueteros serios, sino que sortean controles sanitarios de juguetes, lo que produce potenciales riesgos a la salud de los chicos”, explica Dimare. Y agrega: “Este punto sí que trae problemáticas serias para la competencia, con falta de controles sanitarios, aduaneros y de lealtad comercial”.
Por otra parte, se encuentran los juguetes importados por importadores ocasionales, que comercializan a bajos precios o los liquidan después del día del niño o la navidad. “Éstos también generan distorsión de precios y competencia desleal con los importadores especializados o con los fabricantes nacionales”, puntualiza el directivo de la histórica marca de juguetes.
Asimismo, la empresaria Laura Wesvein sostiene que la industria del juguete actual se enfrenta además con “las limitaciones a las importaciones, ya que muchos insumos son importados y completan el producto final, lo cual influye en el encarecimiento del precio final”.
Por otro lado, dice, “esta limitante en las importaciones de juguetes hace que las fábricas no den abasto para satisfacer el mercado y por lo tanto falta mercadería, tanto nacional como importada”. Es decir, aclara, “muchos productos no se pueden producir, no porque las fabricas no sean capaces, sino porque no tenemos escala, se necesitan matrices que un fabricante argentino no amortiza”.
Para poder lidiar con las problemáticas que enfrentan los empresarios argentinos, desde AADEJA consideran que es indispensable implementar ciertas soluciones y sugieren:
“En todo el mundo conviven sin inconvenientes productos de fabricación local como importados”, apuntan desde la Asociación.
No obstante, las perspectivas de la industria parecen inciertas a partir de reglas poco claras y restricciones que limitan el desarrollo y proyección de las empresas. De momento, añaden, “ninguna empresa puede trabajar sin saber lo que va a pasar mañana”.
La falta de reglas claras para el sector es una demanda que se repite entre los empresarios jugueteros. “También nos preocupa la ausencia de alternativas que habrá si persiste esta política respecto a la falta de variedad de juegos y juguetes, que no sólo deben pensarse como objetos de diversión, sino que colaboran en la educación y crecimiento de los chicos, porque jugar estimula la inteligencia, la motricidad, la emocionalidad, el lenguaje y el pensamiento lógico”, finaliza el empresario juguetero.