La diferencia también aparece al observar el desempleo y la inserción laboral más inestable. El empleo irregular o el desempleo reciente pasa del 11,6% en el estrato medio alto al 30,6% en el muy bajo. A su vez, el desempleo de larga duración aumenta del 5,2% al 14,9%.
Estudiar y trabajar también depende del origen social
La desigualdad se refleja además en la posibilidad de combinar la formación con una actividad laboral. El 26,6% de los jóvenes se dedica exclusivamente a estudiar, mientras que el 39,7% trabaja sin estudiar. Dentro de este último grupo, el 22,9% tiene empleos regulares y el 16,8% empleos irregulares.
Por su parte, solo el 13% estudia y trabaja al mismo tiempo.
Otro de los datos relevados por el ODSA muestra que el 20,7% de los jóvenes no estudia ni trabaja. La proporción es mucho más elevada entre quienes pertenecen al estrato muy bajo, donde llega al 34,2%, frente al 8,3% registrado en el estrato medio alto.
También existen diferencias importantes entre quienes pueden dedicarse exclusivamente al estudio. En el estrato medio alto, el 41,2% solo estudia, mientras que en el estrato muy bajo ese porcentaje se reduce al 15,6%.
En paralelo, el trabajo irregular sin estudiar pasa del 4,9% al 26,8% entre ambos extremos socioeconómicos.
“A medida que disminuyen los recursos del hogar, pierde peso el estudio y aumentan la inserción laboral irregular y la desvinculación. La desvinculación educativa y laboral es más de cuatro veces mayor en el estrato muy bajo que en el medio alto”, advirtió el ODSA.
Cómo influye la situación laboral del hogar
El informe también analiza el peso de la situación económica y laboral del hogar sobre las trayectorias de los jóvenes. El ODSA incorpora el concepto de “herencia social” para explicar cómo las condiciones del principal sostén económico pueden influir en las oportunidades educativas y laborales.
“A medida que disminuyen los recursos del hogar, pierde peso el estudio y aumentan la inserción laboral irregular", advirtió el informe. (Foto: archivo)
Entre los sectores más desfavorecidos, la situación cambia según la calidad del empleo del jefe o jefa del hogar. Cuando existe un empleo pleno, aumentan las posibilidades de que los jóvenes puedan sostener sus estudios. En cambio, cuando predominan la precariedad, el subempleo o el desempleo, crece la desvinculación educativa y laboral.
Sin embargo, el informe advierte que esa desventaja no desaparece incluso cuando el principal sostén económico tiene un empleo protegido. “Incluso un empleo protegido del principal sostén económico no alcanza a borrar la desventaja asociada a una posición socioeconómica baja”, aseguró el informe.
Entre los jóvenes que no son jefes de hogar, la diferencia también resulta significativa. La posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar baja del 39,8% al 17,6% cuando el jefe o jefa del hogar pasa de tener un empleo pleno a una situación de subempleo inestable o desempleo.
Al mismo tiempo, la proporción de jóvenes que no estudian ni trabajan aumenta del 13,3% al 30,5%.