Estamos expuestos a un virus que no sabremos cómo se va a desarrollar en nuestro país. Nunca sabremos cuál será el contexto adecuado para jugar. Las consecuencias que deje esta inactividad pueden provocar daños irreparables. Hay equipos como River que fijó un tope salarial de 250.000 pesos en sus futbolistas y que esa deuda se vuelve irreversible si no concretan otra venta inminente.
Hay otros clubes de Primera División que desde marzo, apenas le han pagado a su plantel el contrato registrado en AFA, que es un monto ínfimo en proporción a sus salarios.
Y si hablamos de la dificultad para vender que representa el principal soporte de los clubes que es la venta de jugadores, de ahí para abajo debemos puntualizar en el tiketing, sponsoreo, estática, y todos los ingresos que movilizan la economía de los clubes.
El fútbol sin ideas de la Argentina no brindó herramientas para poder competir achicando el margen de error. Se rindió a la situación epidemiológica. Sin margen para pensar alternativas. La dirigencia del fútbol argentino pasó de la comodidad a la desidia. Con la excusa perfecta para mostrar su ineficacia.