Segurola y Habana, la esquina a la que Diego Maradona invitó a pelear a Julio César Toresani después de un cruce en el campo de juego y que el "10" volvió una de las más famosas de la Ciudad, se llenó de amor, nostalgia y dolor.
Segurola y Habana, la esquina a la que Diego Maradona invitó a pelear a Julio César Toresani después de un cruce en el campo de juego y que el "10" volvió una de las más famosas de la Ciudad, se llenó de amor, nostalgia y dolor.
Vecinos de todas las edades de Devoto armaron un improvisado santuario con flores, velas, cartas y muestras de afectos para Diego. Abrazos, llantos y rezos se sucedieron durante toda la jornada. Otro lugar, uno más, que el ídolo transformó en emblemático a partir de su carisma.
Fotos: Martina Maggi