Decisión polémica

"A lo Trump": el nuevo presidente de Chile sorprendió con una masiva construcción antiinmigrantes

Era una de sus promesas de campaña. José Antonio Kast supervisó personalmente una enorme obra que busca imitar, de alguna manera, lo que pretende Donald Trump para el ingreso de inmigrantes ilegales.

Roberto Adrián Maidana
por Roberto Adrián Maidana |
La obra del nuevo presidente de Chile contra la inmigracion ilegal. (Foto: Reuters)

La obra del nuevo presidente de Chile contra la inmigracion ilegal. (Foto: Reuters)

El presidente de Chile, José Antonio Kast, impulsa una de sus medidas más controvertidas en materia de seguridad: la construcción de una “trinchera” en la frontera norte del país. El proyecto se desarrolla en la zona limítrofe con Bolivia y Perú, especialmente en sectores críticos del desierto de Atacama donde, según el Gobierno, se concentra el ingreso irregular de migrantes y el tráfico ilegal.

Al mejor estilo Trump - en la frontera de EE.UU. con México - la iniciativa consiste en una zanja de varios kilómetros de extensión, complementada con puestos de vigilancia, tecnología de monitoreo y presencia militar. El objetivo central es frenar el paso de personas que ingresan sin control, así como también combatir delitos asociados como el contrabando y el narcotráfico. Desde el oficialismo sostienen que se trata de una medida “disuasiva” y necesaria ante el aumento de la presión migratoria en la región.

Sin embargo, la propuesta genera fuertes críticas tanto dentro como fuera de Chile. Organismos de Derechos Humanos advierten que una infraestructura de este tipo podría poner en riesgo a personas vulnerables y no resuelve el problema de fondo. También cuestionan el simbolismo de una barrera física en una zona históricamente permeable.

Para Kast, en cambio, la “trinchera” es una señal política clara: reforzar el control territorial y endurecer la política migratoria. En un contexto regional atravesado por crisis económicas y desplazamientos masivos, el debate sobre cómo gestionar las fronteras vuelve a ocupar el centro de la agenda.

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Lo que no está claro aún que hará con esa trinchera que está excavando, cómo hará para evitar que el que está dispuesto a todo por buscar un futuro mejor, baje al fondo del foso y luego intente trepar.

El foso del presidente Kast

El presidente de Chile, José Antonio Kast, puso en marcha una de sus promesas más emblemáticas de campaña: la construcción de una zanja en la frontera norte con Perú y Bolivia para frenar la migración irregular. La iniciativa comenzó apenas días después de su asunción y forma parte del denominado “Plan Escudo Fronterizo”, un ambicioso programa de control territorial.

Las obras se iniciaron en la zona de Arica, cerca del paso de Chacalluta, uno de los puntos más sensibles del límite entre ambos países. Allí, maquinaria pesada del Ejército comenzó a excavar una zanja que, según datos oficiales, podría alcanzar unos 30 kilómetros de extensión y cerca de tres metros de profundidad y ancho.

El proyecto, sin embargo, va mucho más allá de una simple excavación. El Gobierno chileno plantea un sistema complejo para evitar que la trinchera sea vulnerada. Según Kast, el objetivo es “recuperar la soberanía” frente al avance de la inmigración ilegal, el narcotráfico y el crimen organizado.

La medida responde a un contexto de fuerte presión migratoria en el norte chileno, con más de 300.000 extranjeros en situación irregular en los últimos años y un aumento de los delitos asociados, según cifras oficiales. El Gobierno apuesta a mostrar resultados en un plazo breve: estima que en 90 días podrían verse los primeros efectos del plan. La situación de masivos inmigrantes ilegales en su país y el aumento del delito son las mismas razones que esgrime Trump para su muro con México.

la linea de kast

Sin embargo, la iniciativa ya genera polémica. Organismos de Derechos Humanos y sectores de la oposición advierten que la zanja podría agravar la crisis humanitaria en la frontera y provocar un “efecto embudo” del lado peruano, acumulando migrantes en zonas críticas.

En ese escenario, la política migratoria de Kast se consolida como uno de los ejes centrales de su gobierno y un punto de tensión en toda la región.