Summer Warden, la damnificada, es una mujer particular. Exagente de inteligencia de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Gracias a sus conocimientos, descubrió que algo andaba mal en las finanzas, por ahora, conjuntas con McClain.
Investigó, pidió informes y le llegó desde el banco una revelación sorprendente: su cuenta bancaria registraba movimientos a distancia, muy a la distancia, desde una computadora registrada por la NASA a 408 km de altura sobre la Tierra, desde una estación espacial.
¿Quién estuvo allí? Justamente, Anne Mc Clain, que permaneció en órbita durante seis meses. Su pareja, Summer, la acusa de haber retirado dinero para su propio beneficio, sin advertencia alguna. Dinero de una cuenta que está en disputa legal.
La astronauta, ahora nuevamente con los pies en la tierra, niega todo. Asesorada por su abogado declara que “solo hizo lo habitual y consentido por Summer: asegurar con pequeños movimientos que el dinero de la cuenta no pierda su valor”.
Pero el problema es “exorbitante”. Los administradores de la estación espacial están sorprendidos. Ni los Estados Unidos, China, Rusia, Canadá, Japón o los Europeos tuvieron jamás un caso semejante en el cosmos. Ningún robo, ninguna denuncia.Menos, un robo cometido desde el espacio sobre una cuenta bancaria en la tierra.