"Se ha declarado una amnistía general para todos, por lo que deben retomar tu estilo de vida con plena confianza ”, señala uno de las primeras proclamas de los talibanes una vez que tomaron el poder tras conquistar Kabul, la capital de Afganistán.

Abdulghani Baradar, como "muláh", es el líder religioso y nuevo hombre fuerte de Afganistán (Foto: archivo).
"Se ha declarado una amnistía general para todos, por lo que deben retomar tu estilo de vida con plena confianza ”, señala uno de las primeras proclamas de los talibanes una vez que tomaron el poder tras conquistar Kabul, la capital de Afganistán.
El mensaje es un intento por trata de limitar el temor que causó su regreso al poder luego de 20 años de mantener combates de insurgencia en diferentes sectores del país.
Mientras, el aeropuerto vivió una jornada plena de descontrol. Miles de ciudadanos pugnaron por abandonar como sea el país. Eso incluyó a personas que, desesperadas, se tomaron de parte del fuselaje o del tren de aterrizaje de los aviones norteamericanos. Muchos de ellos cayeron al vacío mientras la aeronave despegaba.
Las tropas norteamericanas -que intentan mantener un orden mínimo en las evacuaciones- pudieron controlar los despegues luego de varias horas de caos. En el exterior, las milicias de los talibanes mantienen un cerco sobre el aeropuerto.
Fue una de las primeras decisiones del nuevo gobierno que aún no tiene una estructura formal. Se trata de un primer intento de plantear una situación diferente a lo que vivió Afganistán en su etapa anterior bajo la dominación de los fundamentalistas islámicos.
Sin embargo, pese a los anuncios, muchos ciudadanos temen que todo vuelva a la extrema rigurosidad que aplicaron durante el gobierno entre 1996 y 2001.
El propósito es descomprimir el miedo generalizado que se vive en ese país de 38 millones de habitantes. Quieren marcar, con las palabras al menos, una clara diferencia con lo que ocurrió hace 20 años. La proclamación de un emirato islamista en 1996 abrió paso a severísimo control de la población mediante la aplicación de la Sharía o la ley islámica como base de la articulación de la vida en todos los órdenes.
En especial, una sumisión casi absoluta de la mujer frente al hombre y sus posibilidades de realización en base al libre albedrío.
Para las mujeres afganas resurgió la posibilidad de regresar a una condición de sumisión absoluta, que se ejemplifica con la Burka, la prenda que cubre por completo su cuerpo mientras andan por cualquier tipo de lugar público.
Pero hay otras disposiciones obligatorias detrás. En varios pueblos y ciudades que han venido dominando hasta llegar a Kabul, ya se aplica la figura del "maraham": es un miembro masculino de la familia que debe acompañar a la mujer cada vez que sale de su casa. No puede hacerlo sola.
También se ha limitado su educación y actividad de trabajo, lo que ha traído más de una dificultad. Por ejemplo en las escuelas, que se vieron desprovistos de una planta docente adecuada cuando las maestras no pudieron continuar impartiendo clases.
"Están convirtiendo a las mujeres en prisioneras en sus propios hogares”, declaró la organización Human Rights Watch.
Todavía falta darle la estructura oficial a la fuerza rebelde que logró retomar el poder luego de dos décadas. Pero todo apunta a señalar a Abdulghani Baradar y a Mohammad Abbas Stanikzai como los nuevos líderes de Afganistán.
Ambos son los responsables desde Doha (Qatar): Abdulghani Baradar es el mulá, una autoridad máxima desde la fe del islam. En la anterior gestión de los talibanes en ese país, fue el ministro de Defensa.
La victoria arrasadora y veloz de los talibanes para retomar al poder sorprendió al presidente norteamericano, Joe Biden, a tal punto que debió postergar sus tres días de vacaciones que ya tenía programadas.
Tal como viene haciéndose costumbre en muchos líderes, Biden mostró que la culpa siempre es del otro, nunca propia. Así, afirmó que el principal responsable de lo que sucede en Afganistán es Donald Trump, quien tomó la decisión del retiro. Biden pudo interrumpirla o modificarla, pero no hizo nada al respecto.
También cargó contra los propios afganos. Olvidó que la presencia continua durante 20 años de las tropas y funcionarios norteamericanos no fueron capaces de crear el marco para una "nueva democracia" con bases sólidas para ese país.
"Las tropas estadounidenses no pueden, ni deben, luchar y morir en una guerra en la que las fuerzas afganas, en general, no están dispuestas a luchar y morir por sí mismas". resumió en un tuit su visión de la situación. De todos modos, la declaración no logra acallar el debate sobre su falta de conocimiento de la política exterior, pese a que siempre dijo que venia a recomponer el prestigio y preponderancia internacional de los Estados Unidos.