Trump muestra la carpeta con el decreto firmado. Detrás, una cartulina en la que muestra cómo rebautizó el lago que hace de límite entre Estados Unidos y Canadá. (Foto: Reuters)
El gobierno estadounidense no puede obligar a Canadá a utilizar la nueva denominación. El primer ministro canadiense, Mark Carney, rechazó la decisión y recordó que el nombre Ontario tiene raíces indígenas y es anterior tanto a la creación de Canadá como a la independencia de Estados Unidos.
“Siempre será Lago Ontario”, sostuvo Carney, mientras otros funcionarios canadienses también rechazaron la iniciativa. La medida tiene un fuerte componente simbólico y profundiza una relación cada vez más conflictiva entre ambos países. Trump incluso volvió a insinuar que podrían modificarse los nombres de otros grandes cuerpos de agua.
El lago "américa" y aranceles del 50% a Canadá
Por suerte, Canadá y Estados Unidos son vecinos, socios comerciales y aliados en la defensa de occidente como parte de la Alianza Atlántica (OTAN). Aunque Donald Trump demostró varias veces en estos 6 años ( 4 en su primer gobierno y estos nuevos dos del segundo período) que nada lo aparta del proclamado objetivo de "hacer Estados Unidos grande nuevamente" (MAGA, por sus siglas en inglés). No importa quien esté delante de su plan.
Comenzó con las primeras subas tarifarias a la exportación (cayo ahí también la Argentina). Aranceles que subió y bajó según se lo permitió la justicia y según la cara del líder del país involucrado. Rebautizó al golfo de México (Golfo de "América"), quiso quedarse con Dinamarca y varias cosas más ( el petróleo de Venezuela, entre otros).
Pero con Canadá parece ser un tema especial. Las tarifas subieron al 10%, luego al 25% y ahora al 50% para los productos importados desde los vecinos del norte. En un momento, dijo claramente que Canadá (son 41 millones, casi como la Argentina) debería ser el estado 51 de Estados Unidos. Y Como desde Ottawa, la sede del gobierno del país vecino, siempre le responden, ahora firmó un decreto para cambiar un nombre clave.
Problemas en el vecindario. Aliados, socios y amigos. Pero Donald Trump ve como una molestia a Canadá y lo desafía a cada instante. (Foto: Gentileza Bloomberg)
Un lago enorme y clave en América del Norte
El lago Ontario es mucho más que uno de los cinco Grandes Lagos de América del Norte: es también una frontera natural entre Estados Unidos y Canadá. Sus aguas están compartidas por la provincia canadiense de Ontario y el estado estadounidense de Nueva York, y la frontera internacional atraviesa el lago.
Es, además, una pieza fundamental de una de las mayores rutas comerciales interiores del mundo. El lago conecta con el río San Lorenzo y, a través del sistema de los Grandes Lagos, permite que barcos cargueros lleguen desde el corazón industrial y agrícola de América del Norte hasta el océano Atlántico. La vía navegable de los Grandes Lagos y el San Lorenzo se extiende por unos 3.700 kilómetros y conecta más de 100 puertos y terminales comerciales.
Por allí circulan productos esenciales para ambas economías, entre ellos granos, mineral de hierro, acero, carbón, sal y fertilizantes, además de otras cargas destinadas a los mercados norteamericanos y mundiales. En 2024, unas 37 millones de toneladas de mercancías atravesaron el sistema del San Lorenzo.
En conjunto, el sistema de navegación de los Grandes Lagos y el San Lorenzo moviliza más de 200 millones de toneladas anuales y genera unos US$46.800 millones en actividad económica entre Estados Unidos y Canadá (la misma suma que el FMI le prestó a la Argentina). Pero todos los años.
Por eso, el Ontario es al mismo tiempo frontera, reserva de agua y corredor estratégico para el comercio bilateral.
La respuesta de Canadá
La orden ejecutiva firmada este jueves le encomienda al secretario del Interior, Doug Burgum, y a la Junta de Nombres Geográficos cambiar el nombre del lago Ontario por “Lake America” dentro de los próximos 30 días. También deberán actualizar el Sistema de Información de Nombres Geográficos y eliminar todas las referencias al lago Ontario, de acuerdo con la legislación vigente.
Trump además ordenó a la Junta de Nombres Geográficos elaborar directrices sobre el cambio para todo el gobierno federal, de manera que los mapas, contratos, documentos y comunicaciones de las distintas agencias utilicen la denominación “Lake America”.
“Cualquier referencia a ese Gran Lago cambiará, pero más allá de eso no tendrá ningún efecto. Ciertamente no tendrá efecto sobre Canadá ni sobre el resto del mundo”, dijo el premier Canadiense, Mark Carney.
El lago Ontario es administrado conjuntamente por Canadá y Estados Unidos, de acuerdo con el Tratado de Aguas Fronterizas de 1909, establecido a comienzos del siglo XX para prevenir y resolver disputas relacionadas con el uso de las aguas compartidas entre ambos países. No tiene ninguna chance de que ese nombre se haga efectivo internacionalmente. Ya vimos que tiene origen iroqués, asociada a las lenguas de los pueblos que habitaban la región. Se suele traducir como “lago hermoso” o “aguas brillantes”. Desde antes de la existencia de ambos países.
Pero es el árbol que tapa el bosque. Más allá de como lo llame Trump en el salón Oval de la Casa Blanca, la pelea de fondo son los aranceles. Estados Unidos y Canadá mantienen una de las relaciones comerciales más importantes del mundo: en 2025 intercambiaron cerca de US$900.000 millones en bienes y servicios. Son casi US$2.400 millones por día que cruzan la frontera en ambas direcciones. Más allá del nombre de escritorio que le quieran dar.