El resultado es el opuesto al que prometía Trump. En vez de disciplinar a Irán, la crisis fortaleció su capacidad de presión sobre el comercio energético global, disparó el precio del Brent y dejó a la Casa Blanca atrapada entre la escalada y una negociación desde una posición más débil.
El estrecho de Ormuz y el "peaje" de Irán
El estrecho es clave para el comercio mundial del petróleo y del gas. Por allí circula el 25% del transporte marítimo diario de crudo. O circulaba, porque Irán, con misiles, drones y minas en el mar, cerró de hecho ese paso y encareció el petróleo y el gas en todo el mundo. El Parlamento iraní impulsa ahora esa especie de “cabina de peaje” para los superpetroleros. Hicieron una cuenta muy simple: con todos los barcos que pasan por allí, además de lo que gana por la venta de petróleo iraní, el peaje supondría unos 100.000 millones de dólares anuales adicionales.
Y, si se comparan los datos, la posibilidad de un “peaje” resulta aún más seductora. Por el estrecho de Ormuz sale parte del petróleo de Arabia Saudita, uno de los principales productores mundiales. También pasa el de Irak, Kuwait, Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y, finalmente, Omán, aunque este último tiene salida libre al mar Arábigo.
Pero Irán no es un gran exportador de petróleo. Es importante, sí, pero no está entre los primeros. Sus exportaciones le reportan unos 80.000 millones de dólares anuales. Solo el peaje le dejaría 20.000 millones más por año.
De nuevo, la propuesta de Irán parece inviable, al menos mientras dure la guerra. Omán, en el sudeste, y Emiratos Árabes Unidos, en el suroeste, tienen el mismo derecho que Irán. Comparten el paso de Ormuz, por lo que el límite está en el medio de esos 35 kilómetros que hoy tienen en vilo al mundo. Aunque, en este escenario, todo parece posible. Sobre todo mientras Donald Trump diga una cosa y luego la contraria sobre el mismo tema.