Además, China tiene una negociación avanzada con varios países por el tema de las tierras raras. Todo esto lo pone en un escenario complejo a Donald Trump. Siempre lo define a Xi como un amigo y un "líder muy razonable". Pero el dueño del poder en Beijing tiene algo muy claro: llega en una situación más favorable frente al presidente norteamericano. No solo por ser el anfitrión.
Una cumbre diferente a la de 2017
En ese momento, Donald Trump había impuesto una serie de aranceles y limitaciones a las exportaciones chinas a los Estados Unidos. Era su primer intento por recuperar la capacidad de las industrias del país. El gobierno de Xi Jinping, en el plano económico, se mostraba débil. Desde los tiempos de la apertura al mundo con Deng Xiaoping, su etapa marcó el fin del crecimiento a lo que se llamó "tasas chinas", entre el 10 y 20% anual. Por eso Trump pudo ser más fuerte.
Ahora, la situación es diferente. Trump no sabe como salir de la guerra con Irán. La inflación en su país sube y la nafta cuesta ya más de un dólar por litro. Mal combo para las próximas elecciones de medio término. Xi, por el contrario, tiene una posición comparativa ventajosa. No se involucró en ninguna de las tres guerras que sacudieron o sacuden al mundo: la de Ucrania, la de Hamas e Israel y ahora la de Medio Oriente.
Solo vive, como el resto del mundo, los inconvenientes de la provisión habitual de petróleo del Golfo Pérsico. Sin embargo China, el mayor aportante de la huella de carbono del mundo, comprendió que debía cambiar y avanza en el uso de combustibles limpios y renovables.
trump y xi
La agenda entre Xi jinping y Trump con temas tan diferentes en las prioridades. (Foto: A24.com)
También es una de las superpotencias líderes en la explotación y exploración de las posibilidades de las tierras raras. Estados Unidos comparte esos temas de la agenda, pero la guerra con Irán lo tiene atrapado y su dependencia del petróleo es muy fuerte.
Esta situación tan diferente a 2017 le da fuerza para otro reclamo histórico de China: Taiwán. No solo por una cuestión de soberanía. Es el principal productor mundial de chips. Entre ellos los de máxima capacidad, fundamentales para la Inteligencia Artificial y que EE.UU. se los niega.