Un caso extraordinario

La impactante historia de la niña que fue criada con una jauría de perros y se comportaba como ellos

Oxana Malaya fue abandonada por sus padres y los perros callejeros fueron la familia que nunca tuvo. Se crío comunicándose con ellos, fue aceptada como una más de su manada y la ayudaron sobrevivir.
Durante cinco años

Durante cinco años, Oxana Malaya vivió entre perros.

Oxana Malaya tiene 38 años y ahora lleva una vida tranquila. Aunque no siempre fue así. Hubo momentos que estuvo envuelta en comportamientos extraños que jamás pasaron inadvertidos. Durante cinco años, se crió como si fuese un perro. Así de literal y de sorprendente es su vida. Sin embargo, pese a convivir con diferentes dificultades, logró con éxito reinsertarse a la sociedad. Otra historia de cómo la vida te demanda nuevas exigencias.

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Con más de 30 años, aprendió a comportarse como una persona.

Con más de 30 años, aprendió a comportarse como una persona.

Oxana nació en Novaya Blagoveschenka, en Ucrania, en el seno de una familia de padre y madre con graves problemas de adicción al alcohol. Su mamá siempre se negó a que fuera una nena y empezó a abusar de ella. Mientras que su padre era alcohólico y siempre vivió otra realidad. Dentro de ese contexto, Oxana hacía lo que podía. Su estilo de vida nos enseña que el cuerpo humano es tan complejo y que a la vez tiene un gran poder de adaptación.

Oxana y su infancia en un orfanato

Ni su padre ni su madre tenían la capacidad para cuidar ni prestarle atención a su hija. Antes de cumplir dos años, fue retirada de su hogar materno y llevada a un orfanato. Más tarde pudo vivir con su padre y su madrastra. Pero también ahí empezaron parte de los problemas. La realidad es que Oxana empezó a mostrar cada vez con más frecuencia un comportamiento aislado, le costaba socializar y era demasiado agresiva con otros chicos de su edad.

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Un día, para resguardarse de tanto calor, Oxana se metió en dónde vivían los perros y su vida cambió para siempre.

Un día, para resguardarse de tanto calor, Oxana se metió en dónde vivían los perros y su vida cambió para siempre.

Durante muchos años, Oxana tuvo comportamientos y actitudes de perro. Ella se creía un perro. Una noche, cuando tenía tres años, sus padres discutieron, gritaron y la dejaron afuera en medio de la noche. “Se olvidaron por completo de mí”, admitió a través de un intérprete la joven. Para resguardarse de tanto calor, Oxana se metió en dónde vivían los perros. ”Yo les hablaba a ellos. Ellos ladraban y yo los imitaba. Era nuestra forma de comunicarnos”, recuerda.

Comportamientos y actitudes de perro

En 1991, un vecino no podía creer lo que estaba mirando y toda la situación impensada. Sin dudarlo, alertó a las autoridades. Cuando Oxana fue rescatada, tenía ocho años. Apenas sabía hablar. Para sorpresa de muchos, ella ladraba y solo se desplazaba en cuatro patas.

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Oxana no quiso que la ayudaran pero fue llevada a una institución. Allí la educaron y le enseñaron a caminar erguida, a comer con las manos y a comunicarse con otros seres humanos. Todos comportamientos que le eran ajenos. Después se fue a vivir a un hogar para personas con algún tipo de discapacidad.

Un día, la fotógrafa Julia Fullerton-Batten presentó la vida de esos chicos en los medios de comunicación. Debido a la falta de contacto humano, como fue el caso de Oxana, los menores comenzaron a tomar prestado el comportamiento animal. En algunos casos, su integración en la sociedad resultó imposible. Después de un año y medio en el Instituto, Oxana comenzó a mostrar signos de progreso.

"Era más un perro pequeño"

Incluso el director de la institución llegó a decir sobre ella: “Era más un perro pequeño que un hombre. Cuando veía agua, solía sacar la lengua de la boca, y cuando comía, lo hacía usando estrictamente la lengua, no las manos“.

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"Cuando veía agua, solía sacar la lengua de la boca", dijo el director de la institución.

En 2013, Oxana Malaya, la verdadera protagonista de la historia, dio una entrevista a un canal de televisión de Ucrania. Allí profundizó sobre varios aspectos de su vida. Entre tantas cosas, Oxana destacó que quería ser tratada como una persona normal, sintiéndose ofendida por la expresión “niña-perro“, la etiqueta que se la menciona con bastante frecuencia.

El recuerdo de su madre

“Mamá tenía demasiados hijos. No teníamos suficientes camas, así que me arrastré hasta donde estaba el perro y comencé a vivir con él". En ese momento, Oxana comía sobras y carne cruda. Sin nadie que le enseñara las costumbres humanas y el lenguaje, pensó que el comportamiento natural de la vida era el que tenían los perros.

Distintos psicólogos comenzaron a enseñarle su lenguaje y sus dotes sociales. Aunque parecía entender el habla humana, solo respondía con "ladridos" monosilábicos.

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Ella pensaba que el comportamiento natural de la vida era el que tenían los perros.

Ella pensaba que el comportamiento natural de la vida era el que tenían los perros.

En 2006, la psicóloga infantil británica y experta en niños salvajes, Lyn Fry, viajó a Ucrania para realizar un documental de Channel 4 sobre la joven, que en ese momento tenía 23 años. “Esperaba a alguien mucho menos humano”, se conmovió Fry al conocer a Oxana. “Había escuchado historias de que podía salirse del control, que no cooperaba mucho, que era socialmente inepta, pero hizo todo lo que le pedí”.

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A pesar del dolor que le provocaron, Oxana pidió ver a su familia.

A pesar del dolor que le provocaron, Oxana pidió ver a su familia.

La psicóloga no dudó en reconocer que el lenguaje de Oxana era “extraño”. “Habla llanamente como si fuera una orden. No hay cadencia ni ritmo ni música en su discurso, ni inflexión ni tono”, afirmó. Sin embargo, destacó que la joven tuviera sentido del humor. “Le gusta ser el centro de atención, hacer reír a la gente. Presumir es una habilidad bastante sorprendente si se considera su origen. Me causó una impresión muy llamativa. Cuando le regalé unos animales de juguete de madera que habíamos utilizado en las pruebas, me dio las gracias. Superficialmente, nunca se sabría que se trataba de una joven criada por perros”.

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Ella dice tener más percepción con el olfato y la vista.

Ella dice tener más percepción con el olfato y la vista.

Mucho esfuerzo y educación especial dieron sus frutos. Ahora Oxana habla y actúa como un ser humano. De todos modos, se desconoce donde vive. La realidad es que todavía conserva rasgos caninos que permanecen profundamente arraigados en su psiquis.

A veces, en momentos de estrés, vuelve a su pasado. Todavía elige dormir acurrucada como un perro. Ella asegura tener más percepción en los sentidos como el olfato y la vista. En 2008, habló por primera vez desde su terrible experiencia, conoció a su padre y logró perdonarlo. “Respeto mucho a mis padres, sin importar el tipo de personas que fueran”, dijo.

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