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En Reikiavik, Islandia, con su pareja y el artista que le ayudó a conseguir documentación para cruzar Bielorrusia y Lituania hacia la libertad (Foto: Gentileza New York Times)
María Alyokhina recibió ayuda desde el exterior
Un amigo la llevó hasta la frontera con Bielorrusia. Allí también tuvo que extremar los cuidados. El presidente Lukashenko es un aliado incondicional de Vladimir Putin. Tardó una semana en poder pasar a Lituania, Pero para su permanencia en la hostil Bielorrusia, también tenía una estrategia.
Para eso fue fundamental el aporte del artista de islandés Ragnar Kjartansson, quien consiguió para "Masha" (así le dicen sus amigos) un certificado que la homologaba a ser una ciudadana de la Unión Europea.
El New York Times, revela que ese documento que usó Alyokhina se introdujo de contrabando a Bielorrusia. Pero era importante que ese documento se mostrara lo menos posible, para no despertar sospechas. Por eso, en Bielorrusia evitó hoteles o cualquier lugar donde le podrían pedir algún documento de identidad.
Necesitó tres intentos para poder cruzar la frontera. En el último, el Times dice que se rió por un contrasentido total: los guardias fronterizos la trataron mucho mejor cuando creyeron que era “europea” y no rusa. Finalmente, "Masha" tomó un micro hacia Vilna, la capital de Lituania. Desde allí voló a Islandia, para disfrutar de la libertad en Reikiavik.
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Su calzado tiene papel higiénico reseco como cordones improvisados, porque en las cárceles rusas los guardias se los quitan. (Foto: Gentileza New York Times)
Zapatos sin cordones
Es otro de los símbolos de "Masha" en su escape de Rusia. Cada vez que estuvo detenida le pasó lo mismo. Para reducir su movilidad en la cárcel, los guardias quitan los cordones del calzado de los reclusos. Si quieren correr, se les dificulta o quedan descalzos. Pero en la prisión se agudiza el ingenio. Con papel higiénico, humedecido primero y una vez que se seca, hacen una suerte de "cordón" que sirve para pasar por los ojales y lograr atarlos.
Como homenaje a todo ese tiempo en prisión por oponerse a Vladimir Putin, Alyokhina usó de esa manera su calzado. Aún en Islandia.
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Fotografiada por su pareja ante un cartel de apoyo a Ucrania (Foto: Gentileza New York Times)
Reencuentro con su pareja
Lucy Shtein también fue detenida varias veces. Siempre por hacer marchas, protestas o propagandas por las redes sociales en contra del presidente ruso. Un mes antes que María, tomó la decisión de escapar. Le dejó la primera fase del plan armada: escabullirse usando el uniforme de un servicio de entrega de comida.
En el edificio en el que vivían debían soportar carteles anónimos que las acusaban de "traidoras". En Rusia, además de compartir la banda "Pussy Riot" crearon "Mediazona", un medio independiente de noticias dedicado a desenmascarar el crimen y los castigos en Rusia.
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Una de las tantas veces en que la líder de Pussi Riot fue detenida en Moscú. Aquí por participar de una marcha a favor del opositor Navalny (Foto: Archivo)
"Un demonio enorme, pero desorganizado"
Ahora, desde Islandia, María reflexiona sobre todo lo que sucedió en estos años. Le contó al New York Times, que la rigidez del sistema impuesto por Vladimir Putin parece ser exitoso desde el exterior. Pero visto desde el interior, hay ventajas para aprovechar que fue lo que le permitieron a ellas escapar.
“Desde aquí parece un demonio enorme, pero está muy desorganizado si miras desde adentro”,resume María y remata: “La mano derecha no sabe lo que hace la mano izquierda”.
La banda Pussy Riot volverá a sonar. Para mal de Vladimir Putin. Desde Reikiavik, ya adelantó que se presentará en Berlín, Alemania, para dar un recital a beneficio de Ucrania. Para recaudar fondos que apoyen la resistencia en la guerra para resistir la invasión Rusa.
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Ya libre, en Islandia, en una marcha de apoyo a Ucrania (Foto: Gentileza New York Times)
María Alyokhina ensaya ya su nueva vida. Pero no abandona sus dos objetivos principales: la música y denunciar los atropellos del régimen de Vladimir Putin.
“Mucha magia sucedió la semana pasada”,dice al repasar su huída cinematográfica. “Suena como una novela de espías”. Como para que sufra Vladimir Putin, ex jefe de la KGB.