Su caso impactó en el mundo: Patty Hearst pasó de ser una joven millonaria a una guerrillera feroz en cuestión de meses. La vida de una de las protagonistas de uno de los secuestros más recordados de la historia.
Su caso impactó en el mundo: Patty Hearst pasó de ser una joven millonaria a una guerrillera feroz en cuestión de meses. La vida de una de las protagonistas de uno de los secuestros más recordados de la historia.
El 4 de febrero de 1974, la vida de Patty se modificó para siempre. Tenía 19 años y era estudiante de la Universidad de Berkeley, en California. Cursaba segundo año de Historia del Arte. Ese día una mujer tocó el timbre de la casa de su novio, Steven Weed. Patty era la nieta del magnate periodístico William Randolph Hearst y heredera de su imperio. Esa noche del 4 de febrero miraba la televisión y estaba a punto de irse a dormir cuando, de repente, una mujer tocó la puerta para pedir el teléfono y hacer una llamada con suma urgencia.
Patty y su novio la dejaron pasar sin imaginar que unto a ella entraron a la fuerza dos hombres armados con fusiles. Golpearon al novio de Patty hasta dejarlo inconsciente y a ella se la llevaron hasta dejarle la ropa destrozada. Casi desnuda, fue tirada en el baúl de un auto y de ahí la trasladaron al que sería su hogar durante los próximos 20 meses.
El Ejército de Liberación Simbionés (SLA, por sus siglas en inglés), era un grupo terrorista estadounidense que se había formado recientemente y fue quien organizó aquel secuestro. De inmediato, la noticia ocupó la tapa de todos los diarios del mundo.
El grupo terrorista se atribuyó aquel secuestro y en un comunicado dejaron en claro que ellos tenían en su poder a la joven heredera. “Somos una entidad armónica surgida de entidades y organismos capaces de vivir en profunda y amorosa armonía, así como en compañerismo, en interés de la entidad”, explicaban. Sin embargo, la nieta del magnate estadounidense William Randolph Hearst seguía gobernando los titulares de la prensa internacional.
El SLA tuvo su bautismo de fuego en noviembre de 1973. Ese día mataron a Marcus Foster, superintendente del distrito escolar de la ciudad de Oakland. Le pegaron ocho balazos, con la característica especial de que las balas habían sido previamente impregnadas en cianuro.
Los secuestradores de Patty comienzan a hacer públicas sus pretensiones. Ellos informaron que ella sería canjeada por dos militantes del SLA, que estaban en la cárcel de San Quintín acusados del asesinato de Foster. Sin embargo, las autoridades rechazan rotundamente que no iban a someterse a semejante chantaje.
El líder del secuestro siempre estuvo atento al desmesurado eco mediático que tenía el secuestro. Por eso pensó en los más desfavorecidos y le propuso a la familia Hearst entrega de comida para los sectores que menos tenían. La familia de Patty exigen pruebas de su hija con vida. Incluso llegaron a recibir una carta manuscrita en la que Patty daba fe de su bienestar. Los miembros del SLA se comunicaban con la familia Hearst enviado grabaciones de audio a la prensa, que exigían fueran reproducidas por todos los medios. En algunas de ellas se podía a escuchar a la propia Patty que pedía a sus padres que cumplieran con las demandas de sus captores.
Randolph Apperson era su padre y uno de los múltiples herederos del titán periodístico. El cumplió a las exigencias que le pedía el grupo de secuestradores y repartió cerca de dos millones de dólares en alimentos en barrios sacudidos por la pobreza de la bahía de San Francisco.
No contentos con lo realizado, el grupo SLA se sale con la suya y rechaza liberar a su rehén. Dice que “la calidad de lo entregado es escasa”. La distribución de esos alimentos fue presentada dentro de un programa llamado “Personas Necesitadas”. La entrega fue caótica, todo terminó con muchos incidentes y varios camiones fueron saqueados. Todo eso fue la excusa perfecta que los secuestradores utilizaron para cortar comunicación con la familia de Patty.
Luego de ser sometida a abusos sexuales y a un intenso maltrato físico, Patty se transforma en una auténtica guerrillera. Pasó a convertirse en la terrorista urbana más famosa del mundo. Pasó a ser la heroína de miles de jóvenes rebeldes norteamericanos.
El objetivo de los captores nunca fue al azar, todo estaba estudiado y planificado. Patty Hearst era la nieta del magnate de los medios de comunicación William Randolph Hearst y formaba parte de una de las dinastías más ricas e influyentes del país. El caso fue el centro de la escena en los medios de comunicación. Con su juventud y con su cara inocente, ella aparecía en todas las fotos que circulaban. Patty Hearst era la persona más buscada.
La joven Patty pasó a ser el tormento del FBI. El día que el SLA realizó un atraco con armas a una sucursal del banco Hibernia, en San Francisco, dejó dos empleados heridos y el robo de 20.000 dólares. Pero la imagen que más conmovió al al mundo fue la que captaron las cámaras de seguridad del lugar. Patty Hearst, alias Tania, llevaba un fusil. Para el FBI y la justicia estadounidense, Patty dejaba ser una víctima de un secuestro. Era una delincuente común.
La vida de guerrillera de Patricia Hearst terminó 18 meses después de su secuestro, cuando el 18 de septiembre de 1975 fue detenida por agentes del FBI en San Francisco. Después de su arresto, ella apareció en televisión esposada y desafiante, con los brazos en alto.
Fue condenada por el juez a la máxima pena que podía recibir: 35 años de cárcel. Pero alertado por la posibilidad de que Patty podía haber sido víctima de un “lavado de cerebro”, el juez determinó que un psiquiatra analice su estado mental.
En uno de los informes se mencionó el detallado síndrome de Estocolmo para la defensa de Patty, que consiste en el hecho de que, entre la víctima y sus victimarios, se desarrolla una empatía por la que la primera termina saliendo en defensa de los segundos.
Patty escribiría en sus memorias, publicadas en 1981, que durante su cautiverio la habían sometido a todo tipo de maltratos. La encerraron en un armario durante días y días. La hacían pasar hambre, la amenazaban y solo la sacaban de su encierro para abusar de ella.
Finalmente, Patty fue condenada a siete años de prisión. Sin embargo, poco antes de cumplir dos años encerrada, en 1979, el presidente Jimmy Carter le conmutó la pena y fue liberada gracias a una amnistía. La vida continuó para Patty, que después se enamoró de uno de los guardaespaldas que le había puesto su familia. El hombre era Bernard Shaw y se casaron en abril de 1979.
En 2001, el presidente Bill Clinton le otorgó a la excautiva y exguerrillera el perdón definitivo. La familia Hearst podía al fin descansar en paz y Patty continuar con su vida dejando atrás esa infierno que le tocó vivir.
Patty Hearst fue esposa y madre de dos hijos. Dedicó su vida a trabajar en instituciones benéficas, publicó algunos libros de memorias y en la cría de perros. También se centró en el cine alternativo, participó en diversas películas y trabajó ocasionalmente con el director John Waters.
Su última aparición en un evento público se produjo en 2015, como copropietaria de un perro de raza Shih Tzu llamado Rocket. Con esa mascota ganó el premio mayor en la exposición canina del Westminster Kennel Club de Nueva York, el evento anual de perros más importante de los Estados Unidos.
La mujer que tuvo mil vidas y ahora conserva la tranquilidad con muy bajo perfil, rara vez tiene algún contacto con los medios de comunicación. Así es la vida de la nieta del magnate que en su momento fue señalado como el creador de la prensa amarilla. Patty decidió continuar otros senderos: ella disfruta de pasar inadvertida.