Si bien todavía la humanidad continúa la lucha contra el coronavirus, hay otra seria advertencia para la salud a nivel mundial: la resistencia de las bacterias a los antibióticos.
Si bien todavía la humanidad continúa la lucha contra el coronavirus, hay otra seria advertencia para la salud a nivel mundial: la resistencia de las bacterias a los antibióticos.
"Los antibióticos son la columna vertebral de la medicina moderna, pero su uso excesivo e inadecuado genera una mayor resistencia a este tipo de medicamentos", diagnosticó el titular de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.
Para la OMS la resistencia de las bacterias es una de las 10 principales amenazas a la salud pública mundial en el futuro inmediato. Sus consecuencias pueden ser similares a retroceder 100 años o más en la calidad de vida planetaria. El descubrimiento y la producción masiva de antibiótico redujo drásticamente las tasas de mortalidad en el mundo.
Literalmente, cambió la vida del ser humano. La hizo mucho más sana, gracias a tener mejores elementos para tratar enfermedades y multiplicó el aumento de la esperanza de vida.
Las bacterias se reproducen a un ritmo tan acelerado que por una cuestión de "evolución" desarrollan su manera de resistir a los antibióticos. Eso complica los tratamientos de enfermedades, prolonga las internaciones y la recuperación y es potencialmente mortal. El uso cada vez más generalizado y mal empleado de los antibióticos potenció esta "adaptación" (descripta ya por Darwin en su teoría de la evolución y supervivencia del más apto) para resistir a los antibióticos.
Es un círculo muy peligroso para la salud mundial. Bacterias más resistentes precisan antibióticos más poderosos. Pero la "evolución" de las bacterias logra generar su resistencia, lo que vuelve a hacer necesario antibióticos más potentes. La cadena no tiene solución.
El desconocimiento inicial de como tratar al coronavirus disparó el uso de antibióticos como ivermectina, la azitromicina y la cloroquina. Pero pronto se descubrió que todo eso era inútil ( y peligroso para el tema del cuál nos estamos ocupando).
El COVID-19 no es una bacteria, es un virus. Por lo tanto, los antibióticos no sirven contra la pandemia. Peor todavía. Lo único que han hecho durante mas de un año ha sido "alimentar" a las bacterias para volverse inmune a esos antibióticos.
La resistencia se produce cuando las bacterias, los virus, los hongos y los parásitos cambian con el tiempo y dejan de responder a los medicamentos. Las infecciones comunes son más difíciles de tratar y aumenta el riesgo de propagación de enfermedades, casos más graves y hasta la posibilidad de muerte.
El doctor José Millán Oñate Gutiérrez, médico infectólogo, expresidente de la Asociación Colombiana de Infectología (ACIN), presentó un trabajo recogido por la OPS (organización Panamericana de la Salud). Hay estudios que marcan claramente que hasta el 50% de los pacientes con infección grave por coronavirus (en Colombia) murieron en los hospitales por la resistencia bacteriana y no por la infección de la pandemia.
Hubo dos momentos de cambio para la salud de la humanidad. En 1897, Erneste Duchesne en Francia hizo los primeros avances con la penicilina. Pero la verdadera revolución llegó con Alexander Fleming en 1928 (en 1945 se le otorgó el premio Nobel de Medicina). Su aplicación contribuyó a curar hasta infecciones simples que unos años antes, podrían traer complicaciones y acabar en la muerte.
Así, enfermedades de origen bacterianas como la tuberculosis dejaron de ser la amenaza que azotó al ser humano durante siglos. Lo mismo vale para enfermedades como la lepra y gonorrea y las neumonías. La neumonía suele ser una complicación habitual de personas internadas en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI). Si los antibióticos no pueden actuar, el paciente puede morir por culpa de la neumonía y no por su enfermedad de base.
Por eso ahora, las superbacterias resistentes a los antibióticos pueden hacernos retroceder un siglo en materia sanitaria. Un peligro que hay que evitar.
La titular de la OPS, Carissa Etienne, se suma a las advertencias de la OMS. "Hemos visto un incremento a niveles sin precedentes en el uso de antimicrobianos, con posibles consecuencias graves en los próximos años”, expresó en esta semana mundial para la prevención del uso indebido de antibióticos.
El riesgo para la salud pública es directo: “El sobreuso y al mal uso de antibióticos nos pone al borde de quedarnos sin medicinas que utilizamos para tratar infecciones comunes”, precisó.
Para ponerlo con claridad. De continuar alimentando la aparición de superbacterias, corremos el riesgo que dentro de poco tiempo, una simple infección - provocada por una herida superficial por una caída de un niño - resulte en la muerte porque no habrá un tratamiento efectivo.
Para la OPS, el surgimiento de resistencia bacteriana a los antibióticos es de una magnitud y complejidad que no se había visto anteriormente.
Carissa Etienne citó que en países como la Argentina, Uruguay, Ecuador, Guatemala y Paraguay, se produjo un incremento de infecciones resistentes a las medicinas, que probablemente hayan contribuido al alza de la tasa de mortalidad entre los pacientes hospitalizados.
Cada año, mueren unas 700.000 mil personas por la resistencia de las bacterias a los antibióticos, más allá de la enfermedad inicial. Si no cambia esta tendencia, para el año 2050 la cantidad de muertes por culpa de las "superbacterias" podría llegar hasta 10 millones de personas. O tal vez antes.