Irreconocible

Leyendas del Paraguay

Leyendas del Paraguay

Paraguay es uno de los países de Latinoamérica con mayor arraigo cultural, tradiciones, secretos, mitos e historias apasionantes. Incluso se caracteriza por la expansión de su poesía y la validez de una de sus lenguas tradicionales, el guaraní. Las leyendas del Paraguay son otro elemento característico de esta región.

Las leyendas del Paraguay, o en verdad cualquier clase de leyenda en general, son un tipo de historia que intenta dar explicación al surgimiento de algún elemento o recurso natural.

Cuando no se encuentra un sustento lógico para tal explicación, es el momento en el que interceden los escritores, poetas o simples recitadores de leyendas para narrar ese suceso en base a la imaginación, los recuerdos, las creencias de los antepasados y demás argumentos no científicos ni comprobados.

Los pobladores de Paraguay se dedicaban a narrar esas historias, y algunas de las más conocidas y recordadas en la actualidad son:

La leyenda de la yerba mate

Esta leyenda mítica de Paraguay es sin dudas la más famosa, la que más circula por todas partes y es característica de este país. Recita algo similar a lo siguiente:

“Cuenta la leyenda que, hace mucho tiempo, en medio de una gran selva cercana de los Saltos de Guairá, vivía tranquilamente una familia compuesta por un granjero, su esposa y una pequeña hija buena y hermosa.

En dicha selva el granjero tenía como tareas cultivar maíz, zapallo y otras verduras para proveer el alimento diario de la familia. Si contaban con condiciones de buen clima, las cosechas eran buenas, pero cuando el clima no era el más favorable se alimentaban de frutas y miel del monte guaraní.

Un día, al caer el sol, llegó a la granja una persona de aspecto agradable y gentil. Con pocas palabras le pidió al hombre que le permitiera pasar una noche con ellos, al día siguiente seguiría su camino. El granjero aceptó sin problemas, pues era un hombre de buen corazón.

Al amanecer, el viajero agarró su bastón y su bolso para seguir su camino, pero antes le dijo al granjero:

– Yo soy un enviado del cielo, he venido a enseñar y premiar a los buenos. Me llaman en estas tierras Pa’i Zume. Y como sabía que estabas viviendo en la soledad de la selva para salvar a tu querida hija de toda clase de peligros, he llegado hasta aquí donde encontré el más generoso hospedaje: me ofreciste la única gallina que tenía, y me diste tu cama. En premio a lo que he recibido de ti, haré que tu hija no muera jamás: la convertiré en planta. Los hombres cortarán sus ramas y le arrancarán las hojas, pero ella volverá a brotar más sin problema alguno.

El enviado del cielo se despidió y siguió su camino. Se fue hacia el lado del alba, a otros remotos lugares, quién sabe a dónde, llevado por la mano de Dios. La hermosa joven se convirtió en la planta del Ka’a.

Desde entonces, las ramas y las hojas cortadas de la yerba mate son tostadas y molidas para que después de cebadas, ya sea con agua caliente o fría, sirvan al hombre de bebida reparadora y estimulante.”

La leyenda del ñandú

Y la segunda leyenda más famosa y destacada entre las leyendas del Paraguay, es sin dudas la que cuenta la historia del mítico ave ñandú. Recita lo siguiente:

“Cuenta la leyenda sobre una dama muy bella y amable llamada Samimbi. Dos hombres, bravos guerreros, luchaban por su amor. Uno de los jóvenes se llamaba Yasyñemoñare (hijo de la luna) y el otro Ñanduguazú (ñandú).

Una noche en que Yasyñemoñare suplicaba a Tupã (Dios) que lo ayude a conquistar el amor de Samimbí, vio en lo alto de un enorme árbol una especie de encaje de color plateado, era perfecto y la luz de la luna lo hacía aún más bello. Esto deslumbró a Yasyñemoñare y entonces trepó al árbol para bajarlo y regalárselo a su amada.

En ese momento también pasó por allí Ñanduguazú, que al ver aquel tejido tan hermoso, se puso furioso por los celos al saber que su enemigo lo conseguiría antes que él.

Sin pensarlo dos veces, le disparó una flecha. Yasyñemoñare cayó muriendo en el acto. Entonces, rápidamente Ñanduguazú trepó al árbol, pero cuando quiso tomarlo, sólo quedó en sus dedos el tejido que se rompió al instante, comprobando que se trataba de una tela de araña

El remordimiento persiguió por varios meses a Ñanduguazú, hasta que un día su madre logró sacarle el terrible secreto. La mujer pidió entonces a su hijo que la llevase hasta aquel árbol. Así lo hizo Ñanduguazú, y cuando ambos llegaron hasta el lugar, vieron con sorpresa que en ese mismo sitio se encontraba un tejido idéntico al anterior.

La mujer, queriendo consolar a su hijo, que desde la muerte de Yasyñemoñare vagaba sin rumbo por la selva, decidió regalarle un tejido igual al de aquel árbol. Para esto, la anciana se puso a estudiar con mucha atención la ida y venida de las arañas mientras hilaban con tal perfección hasta lograr aquel encaje. Entonces tomó sus agujas de tejer y empezó a copiar los círculos y rectas que las arañas dibujaban, y utilizando como hilo las hebras blancas de sus cabellos, logró reproducir aquel delicado y singular tejido.”