En 1968, la guerra de Vietnam, una desesperada huida en el mar y un tiburón se combinaron como la génesis de uno de los avances más extraordinarios de la ciencia. Estos tres hechos, por su puesto de manera fortuita, provocaron un cambio radical en un Craig Venter que modificaría para siempre la manera de cómo comprendemos a nuestro cuerpo y a la especie humana.
