"Según los ingenieros del lugar, fue necesaria una descarga controlada para evitar un fallo catastrófico", indicó DeSantis. Según explicó, el agua con desechos "cumple con los niveles de calidad del agua para las aguas marinas", con la excepción de fósforo y nitrógeno.
Sin embargo, los grupos ambientales temen que una descarga en el océano de miles de miles de litros de estas aguas ricas en nutrientes puedan originar una mortífera "marea roja" o explosión de algas, que acabe con los peces y la vida acuática, además de perjudicar la actividad turística. Es porque las algas marinas crecen muy rápido en esos elementos.
El revestimiento plástico de la balsa, que contiene más de un millón de metros cúbicos de aguas residuales procedentes de dragados o de agua de lluvia, comenzó a filtrarse hace varios días.
Un colapso del depósito también podría hacer que los restos de la producción de fertilizantes, que se consideran radioactivos, contamine el ecosistema local. Se trata de yeso fosforado almacenado cerca de la zona. El mismo contiene isótopos como el radón, así como metales pesados tóxicos como el arsénico, el plomo y el mercurio.
Con información de agencias