Las sospechas policiales, sin pruebas contundentes del homicidio
Hubo factores que le facilitaron la impunidad de 5 años al asesino. Entregó una carta supuestamente escrita por la mujer en la que decía que se iba y que ya no la buscara. Pero la pericia demostró que no era la letra de María. Y no se pudo encontrar ningún registro oficial en el que constara que, por barco o en avión, hubiese abandonado la isla de la Gran Canaria. Miguel pasó a ser el principal sospechoso, pero logró "zafar" durante 5 años.
El crimen sucedió en plena pandemia. El aislamiento lo ayudó a cumplir con su macabro plan. La asesino y luego la descuartizó, para aprovechar que no había gente por las calles por el aislamiento - y esparcir los restos de la víctima en diferentes lugares. Hasta que uno de esos restos fue encontrado en un campo abandonado, 5 años después, en un marcado estado de descomposición. Pese a ello, la policía logró extraer muestras de adn y tejidos para comparar con registros de la mujer. Los datos coincidieron y acorralado, Miguel Gallego confesó su horrendo crimen.
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La casa en la que un hombre asesino y descuartizó a su mujer en las Canarias. (Foto: Gentileza la Provincia.es)
Crimen resuelto con cinco años de demora
Miguel volvió a casarse y, por lo tanto, la policía registró sus dos viviendas. Por lo pronto, su segunda esposa, está libre de sospechas, porque parece convincente su declaración sobre no saber nada en torno al oscuro pasado de Miguel.
Según la confesión de Miguel, la muerte fue accidental, pero luego se asustó y entonces, la descuartizó para evitar ser atrapado. La policía descubrió una obra antigua de reparación en la casa que compartía con María Dolores. Van a demoler una pared para ver si el asesino ocultó allí más restos de la víctima.
En la discusión - que Miguel reconoce que ocurrió - la dinámica de los hechos fue totalmente diferente. La golpeó y María cayó al suelo y golpeó su cabeza. Se desvaneció de inmediato. Como pasó el tiempo y no se recuperaba, en lugar de pedir ayuda, el marido la dio por muerta y se asustó. Entonces puso en marcha su macabro plan para eludir ser acusado de homicidio, calificado además por el vínculo. La descuartizó, guardo las partes del cuerpo de la víctima en bolsas y las diseminó en lugares que creyó seguros para mantener en silencio su crimen. La poca gente que circulaba por la calle, por el aislamiento de la pandemia, fue un aliado inesperado. Nadie sospechaba de un Guardia Civil que cumplía tareas de cuidado durante el Covid.
Pero la aparición de esos restos, destruyó su estrategia. Se mantuvo impune durante 5 años. Tal vez si hubiese dejado la isla, jamás lo habrían encontrado y detenido. Ahora, está preso y será juzgado. Con la sentencia que le espera, Miguel, de 70 años, se quedará para siempre condenado a vivir en una prisión de la Gran Canaria.