Registró sus experiencias en un blog, que ya no se encuentra
en línea. Una entrada de octubre de 2011 relataba la historia que daría inicio
a las denuncias: la de Patricia, una bebé de nueve meses a la que sus padres
habían llevado hasta Jinja.
"Cuando la descubrí me asombré. Porque debajo de la
manta había una bebé pequeña, muy, muy hinchada, pálida. Su respiración era
aterradoramente lenta", citó NPR. Patricia llevaba tres semanas enferma, y
sus padres no habían encontrado dónde hacerla revisar cerca del pueblo donde
vivían. "Uno de sus familiares les habló de un 'hospital' con 'una doctora
blanca'", escribió Bach.
Ella era una misionera sin conocimientos de pediatría. Y el
hospital, en realidad, era un centro para niños desnutridos.
Bach ingresó de inmediato a Patricia y a sus padres en las
instalaciones de SHC. "Puse una mascarilla de oxígeno a la bebé y empecé a
trabajar", siguió en su blog. "Le tomé la temperatura, le puse una
vía de hidratación endovenosa, verifiqué sus niveles de azúcar en sangre, le
hice el examen de malaria y miré su recuento de hemoglobina".
Su intención era "diagnosticar los muchos problemas que
potencialmente podía estar enfrentando", para tratar a la pequeña.
"Malaria: positivo. Hemoglobina: 3,2. Gran problema, con toda probabilidad
fatal. Necesitaba una transfusión de sangre. Y rápido", escribió.
Sin aclarar quién lo decidió o lo hizo, anotó que Patricia
comenzó a recibir una transfusión.
Menos de media hora más tarde, "se le comenzaron a
hinchar el cuello y la cara, mucho", continuaba en su blog. "La
respiración pasó de mala a peor. Se le estaba cerrando la garganta".
Bach llamó de urgencia a una de las voluntarias de SHC, una
enfermera universitaria de Dakota del Norte, que había llegado al centro por un
año movida por la admiración. Jackie Kramlich llegó y escuchó el planteo de la
misionera: "Creo que puede estar haciendo una reacción. Pero no sé. Porque
Google dice que cuando hacen una reacción hay una erupción, y no veo una
erupción".
Kramlich dijo a la radio NPR que en ese momento comprendió
que, como no estaba presente ninguna de las tres enfermeras con las que contaba
SHC, Bach había tomado por sí misma la decisión de transfundir. "Era algo
horroroso", opinó. E ilegal: en Uganda, igual que en los Estados Unidos,
solo un profesional médico puede ordenar y realizar un procedimiento invasivo
como una transfusión.
Bach admitió a la emisora que en ocasiones hacía cosas como
preparar las vías para dar sangre o insertar una aguja para hidratación
endovenosa. "Y a veces, sí, sin un profesional médico de pie a mi lado.
Pero siempre por solicitud y con la dirección de un profesional médico".
Llevó a Patricia, en su propio automóvil, al hospital más
cercano. Allí salvaron y estabilizaron a la bebé.
Para Kramlich el tiro pasó muy cerca. Abrevió su
voluntariado allí mismo, a tres meses y medio de haberlo comenzado. Tras
renunciar, escribió una carta al consejo de la fundación en los Estados Unidos.
Kramlich pensó en hacer una denuncia policial. Pero "la
gente elogiaba el centro". Y Bach recibía fondos regularmente de
congregaciones religiosas estadounidenses y de donaciones para SHC, que está
exenta de impuestos. "Parecía la Madre Teresa. Operaba tan abiertamente
que creí que de algún modo debía estar bien".
Gibbs, el abogado de Bach, enfatizó a NBC News que su
defendida "nunca se presentó a sí misma como médica o enfermera, sino que
hizo que el cuidado nutricional que brindaban los profesionales de la salud
fuera más accesible para las familias en zonas rurales".
El comedor en uno de los barrios más pobres de Jinja,
Masese, había crecido: más de 1.000 niños hacían fila dos veces por semana para
alimentarse. Habían agregado una sala —la llamada "clínica"— con
equipamiento médico y de monitoreo.
Eso, sin embargo, no alcanzaba para tratar a niños que, por
causa de la desnutrición o junto con ella, tenían un cuadro muy grave.
"Neumonía, parásitos intestinales, tuberculosis, fase final de VIH",
dijo Kramlich a NPR. "Casi todas las semanas moría uno".
Los niños desnutridos son muy difíciles de tratar, porque su
metabolismo no funciona y su sistema inmunológico está afectado. Muchas veces
alimentarlos tiene consecuencias negativas: una vía de hidratación puede
provocarles un ataque cardíaco si los niveles de sodio y potasio no se ajustan
de a poco, por ejemplo.
Kramlich, dijo a NBC, se preocupó cada vez más cuando
advirtió que "Bach no estaba al tanto del síndrome de realimentación: un
desequilibrio electrolítico que sucede cuando a los niños desnutridos se les da
comida y bebida demasiado rápido". También se inquietaba al verla
"medir medicaciones, abrir vías y realizar transfusiones de sangre".
Pero Bach creía que hacía un bien a esos niños, y en el
momento que sucedió el caso de Patricia, más de 12 otros chicos recibían
tratamiento en la sala. Ese 2011, el 20% de los 129 niños que ingresaron a SHC
murieron, casi la tercera parte en las primeras 48 horas.
En 2012 la tasa de mortalidad se redujo a 18% y en 2013,
cuando Bach había contratado ya a dos médicos, al 10%, aunque todavía era alta
para los estándares de los grupos de ayuda internacionales.
En 2015, al enterarse de que los problemas continuaban,
Kramlich hizo la denuncia policial. El centro de SHC fue cerrado.
Jinja es un nodo para los voluntarios estadounidenses. A
orillas del lago Victoria, la ciudad está rodeada de villas rurales en extremo
pobres. El sitio es tan popular entre las iglesias evangélicas, de donde cada
año viajan muchos jóvenes misioneros, que es el escenario de Kisses From Katie,
un best seller entre esos grupos religiosos.
A los 18 años, Katie Davis Majors cursaba el secundario en
Nashville, Tennessee, y en unas vacaciones navideñas fue con su grupo misionero
a Jinja. Cuando regresó, rompió con su familia, con su novio y con sus planes
en general: regresó a Uganda, adoptó 13 niños y fundó el ministerio Amazima,
dedicado a alimentar y a educar a menores "mientras se les enseña la
palabra de Jesucristo", según escribió en su libro.
Bach hizo un camino similar al de Davis: un viaje a Uganda,
un regreso a Virginia, la decisión de instalarse en Jinja. Una vez de regreso,
abrió un centro para niños desnutridos derivados de un centro médico donde
habían sido estabilizados, según dijo a la radio.
Pero comenzó a aceptar casos más complicados, "no por
creer que estuviera bien, sino porque no había otra opción para ellos".
Una vez fuera de peligro, los hospitales no los trataban, argumentó. "No
era ideal. Pero ¿qué se hace en una situación que dista de ser ideal?".
Hanifa Bachou, una pediatra ugandesa, rechazó esa
explicación. En 2011 ella trabajaba en la ONG University Research, que cooperó
con el Gobierno nacional para crear unidades de cuidado para casos de
desnutrición severa, y había una en el hospital regional de Jinja, dijo a NPR.
Lawrence Gostin, del Centro sobre Salud Nacional y Global de
la Universidad de Georgetown, explicó a la emisora que podría tratarse de un
problema cultural: cuando la gente de un país desarrollado ve a los
subdesarrollados como "casos perdidos", supone que "más allá de
sus calificaciones, pueden ayudar".
NBC citó al grupo No White Saviors (Nada de salvadores
blancos), cuya cuenta de 194.000 seguidores en Instagram advierte sobre
"el impacto negativo que muchos miembros, principalmente blancos, de
organizaciones humanitarias" tienen sobre las comunidades pobres en
África: el "complejo del salvador blanco".
Eso conmovió especialmente a la abogada de derechos civiles
Primah Kwagala: "No podíamos imaginarnos a una persona sin capacitación
asumiendo el cuidado de gente que está casi en su lecho de muerte", dijo a
la cadena. Si el caso hubiera sido al revés, una bienintencionada joven
ugandesa en una zona pobre de los EEUU, el escándalo habría sido mayúsculo.
Kwagala, directora de Iniciativa Ad Honorem para Mujeres,
comenzó el juicio en nombre de Gimbo Zubeda y Kakai Annet, las madres de dos
niños que murieron en las instalaciones del SHC, Tawali e Elijah. La demanda
alega que Bach operaba una institución médica ilegal, lo cual dio como
resultado la muerte de esos dos menores y "cientos" de otros.
Kramlich será testigo de la acusación, al igual que la canadiense Ashley
Laverty, otra voluntaria de SHC que tuvo una experiencia similar.
Bach lamentó que la publicidad que recibió el caso en Uganda
la forzara a regresar a Estados Unidos: "Recibía amenazas de muerte todo
el tiempo", dijo a NPR. En 2014 ella obtuvo una licencia sanitaria para su
centro, pero al momento de la primera denuncia, en 2015, se había vencido.
El abogado de la misionera dijo que la madre de Elijah
decidió llevarlo a su casa en lugar de al establecimiento médico que le habían
recomendado en SHC. Sobre el caso de Tawali, la acusada alegó que no se
encontraba en Uganda en el momento de los hechos.
Tampoco estará para el juicio, cuya próxima audiencia se
celebrará en enero de 2020. "A menos que cambie el relato, no pienso ir
allí", dijo al canal, por consideraciones de seguridad.