Cumbre en Beijing

Donald Trump y Xi Jinping: la "trampa" histórica y los acuerdos que dejó la cumbre bilateral

Terminó la cumbre entre los mandatarios de China y Estados Unidos. Trump, como siempre, fue más histriónico y verborrágico. Xi, más reservado y directo. Las dos superpotencias, con estilos bien diferentes, se disputaron el liderazgo mundial.

Roberto Adrián Maidana
por Roberto Adrián Maidana |
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Trump y Xi Jinping. Dos estilos y dos mensajes en la cumbre de las superpotencias. (Foto: Reuters)

Trump y Xi Jinping. Dos estilos y dos mensajes en la cumbre de las superpotencias. (Foto: Reuters)

“Sentimos lo mismo, ¿verdad? Queremos que esto termine”. Eso le preguntó Donald Trump a Xi Jinping sobre Irán en el final de su cumbre de dos días en Beijing, la capital China. Como todos los encuentros entre los líderes de las superpotencias, dejó un enorme material para analizar. Los puntos de acuerdo, el potencial conflicto a futuro por Taiwán y hasta cuestiones "menores", pero muy tenidas en cuenta en cada reunión a l más alto nivel: los gestos, las actitudes y la manera de decir.

En este último plano, la interpretación de la conducta gestual ha dado a Xi Jinping como un claro ganador, o por lo menos, un paso adelanto. Donald Trump se mostró todo el tiempo condescendiente, amable y sacando a relucir una y otra vez, la buena relación entre los países y, en especial, su excelente entendimiento con el líder chino.

Xi Jinping, en cambio, con esa cara inexpugnable que tiene de manera permanente, fue muy claro y directo. Le dijo que no le venderá armas a Irán, pero sí, está determinado a seguir comprando el petróleo iraní. Por eso, el bloqueo en el estrecho de Ormuz es un problema. Ahí, Estados Unidos aporta lo suyo, al complicar a los petroleros que salen desde puertos iraníes.

Y no tuvo pelos en la lengua cuando le habló del gran problema entre ambos países. No son las guerras abiertas en el mundo, el cambio climático o la competencia comercial. No. El problema grave se llama Taiwán. La isla de Formosa, en donde está China nacionalista, es pretendida por Beijing. Tiene una importancia estratégica por el dominio de mar de China y el estrecho de Formosa.

Además, en Taiwán está el corazón mundial de la producción mundial de los chips o super microprocesadores. Fundamentales para el desarrollo tecnológico y comercial. Especialmente en materia de la Inteligencia artificial.

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Por si fuera poco, con Trump de visita, Xi ratificó un viaje a Rusia para seguir estrechando los lazos de amistad. Eso sí, acordaron una futura visita del líder chino a Washington.

Uno amable y "seductor". El otro, buen anfitrión pero de convicciones firmes. Toda una definición sobre la relación entre las dos superpotencias mundiales.

Sin guerra comercial, pero Taiwán es un problema

El encuentro fue totalmente diferente al de hace siete años. En aquel momento, la guerra comercial entre ambos países puso al mundo patas arriba. El Fondo Monetario Internacional la señalaba como el principal problema para la globalización y el crecimiento. Luego llegó el fin de una disputa que duró 18 meses.

Esta cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping en Beijing dejó una señal de distensión entre las dos mayores potencias del mundo, aunque sin resolver las diferencias de fondo que atraviesan la relación entre Estados Unidos y China. El encuentro estuvo marcado por gestos diplomáticos, promesas de cooperación económica y advertencias cruzadas sobre seguridad internacional.

Trump aseguró que se alcanzaron “grandes avances” en materia comercial y habló de futuras compras chinas de productos agrícolas, energía y aviones estadounidenses. Sin embargo, no se anunciaron acuerdos concretos de gran magnitud ni tratados capaces de modificar la competencia estratégica entre ambas potencias. En cambio, el estilo de Xi fue muy diferente.

Con una leve sonrisa, planteó que las relaciones entre ambos países tienen un grave problema: Taiwán. Factor permanente de rispideces, incluso con ejercicios militares. “La situación en el golfo de Formosa es indivisible de la cuestión de Taiwán”, dijo Xi, que pretende la reunificación con la isla gobernada por la República de China. Allí se fabrica más del 60% de los chips que el mundo necesita casi tanto como el aire. También se producen superprocesadores que Estados Unidos intenta impedir, por todos los medios, que caigan en manos chinas.

Xi Jinping advirtió que cualquier interferencia externa podría generar una crisis regional, mientras Washington evitó profundizar públicamente sobre el asunto durante la visita. También hubo conversaciones sobre inteligencia artificial, cadenas globales de suministro y la situación en Medio Oriente. Eso le dio pie al líder chino para referirse a un controvertido teorema de la geopolítica.

la trampa de tucídides
Donald Trump y Xi jinping. Cómo evitar la

Donald Trump y Xi jinping. Cómo evitar la "trampa del tucídides", la lucha entre las dos grandes potencias. (Foto: A24.com)

“La trampa de Tucídides”

Tucídides fue un historiador, militar y pensador de la Antigua Grecia que vivió aproximadamente entre 460 y 395 a.C. Es considerado uno de los fundadores de la historia política y del análisis realista de las relaciones internacionales. Su obra más importante fue Historia de la guerra del Peloponeso, donde narró el conflicto entre Atenas y Esparta, dos de las grandes potencias del mundo griego.

Tucídides postuló que cuando una potencia asentada - Esparta - ve surgir otra que puede convertirse en su contendiente -Atenas-, el riesgo de un gran conflicto o una guerra se vuelve casi inevitable. Eso ocurrió en la Guerra del Peloponeso. Esparta impuso un bloqueo a Atenas que, entre otras consecuencias, favoreció una peste que terminó con la vida de su gran líder: Pericles.

En la Guerra del Peloponeso, la alianza encabezada por Esparta derrotó a los atenienses, pero ambos bandos quedaron tan debilitados que más tarde Alejandro Magno no tuvo dificultades para conquistar toda Grecia.

Xi Jinping habló de la “trampa de Tucídides” y de la necesidad de evitarla: impedir que estalle una guerra entre Estados Unidos -Esparta- y China -Atenas-. Los historiadores, sin embargo, no coinciden plenamente con ese postulado y suelen mencionar una excepción notable.

La Guerra Fría entre el bloque occidental y el soviético duró casi 50 años. Sin embargo, la caída del Muro de Berlín demostró que la “trampa de Tucídides” no necesariamente se activa de manera inevitable.

  • China es la potencia emergente.
  • Estados Unidos, la potencia dominante.

Dentro de poco tiempo, Trump y Xi Jinping volverán a verse en Washington. Hay un elemento que hoy juega a favor de “Atenas”. Trump dejará el poder en poco más de dos años. Xi Jinping, en cambio, seguirá gobernando China. El “Pericles” oriental, por ahora, no tiene nubarrones en el horizonte.