Pasados los 30 minutos de partido, Nicolás Otamendi le ganó la posición contra la línea de fondo a Raphinha y, tras llevarse la pelota, le asestó un grosero codazo al futbolista del Leeds, que terminó en el suelo y cortado.
Los jugadores de Brasil encimaron al árbitro Andrés Cunha, que enseguida recibió un llamado del VAR. Cuando la roja parecía un hecho, el uruguayo no se acercó a ver la repetición por su cuenta, aceptó la sugerencia de sus colegas y dio continuidad al partido.
Seguramente, en caso de observar la acción, la determinación hubiera sido distinta, pero no hubo ni tarjeta amarilla para el defensor argentino. Cunha se quedó con que el golpe fue producto del movimiento natural de brazos del defensor.