Una crisis que no sabremos si traerá la oportunidad. El fútbol argentino atraviesa un momento complicado. La pandemia berretizó aún más el producto y los clubes tienen enormes dificultades para generar ingresos.
Una crisis que no sabremos si traerá la oportunidad. El fútbol argentino atraviesa un momento complicado. La pandemia berretizó aún más el producto y los clubes tienen enormes dificultades para generar ingresos.
Si vamos al histórico poder de venta del fútbol argentino, a excepción de River con Gonzalo Montiel --transferido al Sevilla de España--, ningún club argentino exportó a los principales mercados europeos.
La liga mexicana siempre miró al fútbol argentino, pero no hubo operaciones salvo Esteban Andrada en el último mercado de pases.
El jugador de mayor proyección, Thiago Almada, es requerido apenas por la MLS, un fútbol por ahora menor.
Los jugadores del exterior que sobreviven aquí quieren partir raudamente, incluso a ligas menos competitivas, porque los contratos con topes de dólar les resultan inconvenientes, y aquellos que percibían salarios en dólares, como los Romero en San Lorenzo, terminan colapsando la economía de los clubes.
Los dirigentes advierten que, medido en dólares, el contrato por la televisación del fútbol les quedó insignificante para repartir entre los 26 equipos de primera división.
El fútbol argentino percibirá este año por TV 8.212.720.000 pesos, lo que representa 92.655.858 dólares. La variable de ajuste en el contrato pasa a ser el valor del pack fútbol y no alcanzan a 2 millones la cantidad de abonados. El contrato asociativo contempla regalías para los clubes a partir de los 3,5 millones.
El reparto de dinero por televisación representa el principal sustento de muchos clubes, que exigirán en próximos debates eliminar el 25% del reparto en función del rating para que la brecha entre grandes y chicos no se amplíe.
La pandemia dejó menos ingresos por cuotas sociales y abonos. River perdió entre el 35/40% por venta de entradas. La vuelta del 30% de aforo buscará recompensar esa pérdida.
Estos números repercuten en el juego que tenemos, más allá de la suspensión de los descensos este año por segunda temporada consecutiva. La economía de los clubes nos obliga a la modestia. Y a que haya debutado en los últimos tres años 394 juveniles.
Pensemos que no todos podrán establecerse en pocos años en la élite de nuestro fútbol. Y lo que para algunos es un motivo de jactancia, en el fondo termina siendo una necesidad. El hincha exige como siempre, pero los protagonistas no son de tantas calidades. Y hay razones económicas que describen la crisis.