Otra especulación apuntaba a la posibilidad de un ritual satánico. Dos jóvenes de 17 años fueron señalados como posibles responsables, pero las pruebas en su contra nunca fueron concluyentes.
El caso parecía estancado, hasta que una nena del barrio encontró una escena imposible de olvidar.
El estremecedor hallazgo
El 6 de septiembre de 1996, Graciela González, de 12 años, caminaba de regreso a su casa cuando se detuvo frente a un árbol de mango. Algo llamó su atención en la copa del árbol. Lo que vio la hizo soltar un grito desgarrador que alertó a todo el vecindario.
Atado a una silla de plástico, suspendido entre las ramas, estaba el cuerpo de Eric Astorga. Llevaba puesta la misma ropa del día de su desaparición, y su rostro era inconfundible.
“De repente, miré hacia arriba y allí vi, como colgado en una rama, al mita’i (nene en guaraní)”, recordó la niña.
Las autoridades llegaron rápidamente y los bomberos trabajaron durante horas para descender el cuerpo. La escena era desconcertante. ¿Cómo había llegado el pequeño hasta allí?
Una confesión inesperada
El informe forense reveló que Eric había muerto por una fractura en la vértebra cervical y que su cuerpo llevaba al menos cinco días sin vida antes de ser encontrado.
La investigación dio un giro crucial cuando un niño del barrio comentó que había visto a unos vecinos sacando una heladera a la calle y limpiándola con una manguera. Este dato llevó a la policía hasta la familia Quintana Benítez.
El primero en ser interrogado fue José Félix Quintana Benítez, quien no tardó en quebrarse y confesar el crimen. Según su relato, Eric entró a su habitación en busca de la pelota y, en un intento de jugar, se tiró sobre él. José Félix, al intentar apartarlo bruscamente, lo empujó contra un placard. El impacto le provocó la fractura fatal en el cuello.
Desesperado, pidió ayuda a su madre y a su hermanastra para deshacerse del cuerpo. Juntas idearon una escalofriante solución: esconder el cadáver en la heladera de la casa y, días después, colocarlo en una silla atada a un árbol de mango.
La condena que generó indignación
A pesar del horror del caso, la sentencia contra José Félix Quintana Benítez fue de apenas cinco años de prisión. La familia de Eric intentó apelar la decisión, pero el recurso fue rechazado.
Las dos mujeres que colaboraron en el encubrimiento fueron condenadas a solo 10 meses de reclusión en la cárcel del Buen Pastor.
La comunidad no tardó en expresar su indignación. El asesinato de Eric Astorga quedó marcado en la memoria de Paraguay, no solo por la brutalidad del crimen, sino también por la impunidad con la que se resolvió el caso.