En la causa por el crimen de Diego Fernández Lima, que parecía encaminada a sumar nuevos capítulos de investigación, se acaba de consolidar la estrategia de la defensa de Cristian Graf. El principal sospechoso va por todo.
En una maniobra que puede leerse como una verdadera contraofensiva judicial, sus abogados presentaron un escrito de 27 páginas ante el juez Alejandro Litvack para pedir el sobreseimiento total.
En la causa por el crimen de Diego Fernández Lima, que parecía encaminada a sumar nuevos capítulos de investigación, se acaba de consolidar la estrategia de la defensa de Cristian Graf. El principal sospechoso va por todo.
En una maniobra que puede leerse como una verdadera contraofensiva judicial, sus abogados presentaron un escrito de 27 páginas ante el juez Alejandro Litvack para pedir el sobreseimiento total y definitivo de su cliente.
La estrategia no es casual: llega justo después de que el magistrado reclamara al fiscal Martín López Perrando un planteo más sólido antes de avanzar con una indagatoria, y abre una pulseada que promete escalar en los próximos días.
El escrito, al que tuvo acceso A24.com, firmado por los defensores Erica Nyczypor y Martín Díaz busca desarmar cada punto de la acusación fiscal.
En el documento, se sostiene que “no hay pruebas que vinculen a Graf con la víctima, que el delito se encuentra prescripto por el paso del tiempo y que tampoco existen elementos que acrediten un intento de encubrimiento en la casa donde aparecieron los restos óseos”.
En el mismo sentido, remarcan que los albañiles que trabajaron en el jardín “no hallaron obstáculos para instalar una medianera, que Graf no se negó nunca a colaborar y que incluso se presentó espontáneamente en la Fiscalía, aunque su testimonio no fue tomado”.
Más allá de los argumentos técnicos, la defensa avanza sobre un terreno político y social: denuncia que la presión mediática y la expectativa ciudadana generaron la necesidad de “hallar un culpable” a cualquier precio, incluso fuera de los límites de la ley.
En ese marco, plantean que Graf ha sido convertido en un “chivo expiatorio” y que continuar el proceso significaría un derroche de recursos públicos en una causa que, según ellos, carece de sustento.
Del otro lado, la familia de Diego Fernández Lima rechaza de plano esta jugada. El abogado querellante Hugo Wortman Jofre fue categórico al señalar que el planteo es improcedente y que la causa “recién comienza”.
Para ellos, el pedido de sobreseimiento es apenas un intento desesperado de cerrar cualquier investigación sobre los vínculos de Graf con el caso. El hermano menor de la víctima, Javier Fernández, tiene ahora la posibilidad de impugnar la presentación y de impulsar la producción de pruebas, la citación de testigos y la participación de peritos que robustezcan la pesquisa.
Mientras tanto, el juez Litvack aguarda el escrito más firme que le solicitó al fiscal López Perrando, consciente de que no puede resolver el sobreseimiento sin antes analizar en detalle los fundamentos de la acusación. En este choque de estrategias se juega algo más que el futuro procesal de Graf.
Lo que está en juego es la capacidad de la Justicia argentina de dar respuestas a un crimen ocurrido hace más de cuatro décadas.