Historias

Jack Kevorkian: la increíble historia del "Doctor Muerte"

Durante la década del 90, el médico ayudó a más de 130 personas a morir y se convirtió en uno de los principales impulsores del suicidio asistido y la eutanasia en Estados Unidos.
por Ayelén Bonino |
Jack Kevorkian junto a uno de los dispositivos que usaba en los suicidios asistidos. Fuente: Associated Press. 

Jack Kevorkian junto a uno de los dispositivos que usaba en los suicidios asistidos. Fuente: Associated Press. 

En la década del 90, Jack Kevorkian fue conocido por la frase “morir no es un crimen”. Con prácticas controversiales y una gran cantidad de detractores, este médico se transformó en uno de los principales defensores del suicidio asistido y la eutanasia para pacientes terminales o con enfermedades degenerativas en Estados Unidos. Inventó una serie de dispositivos que ayudaban a la gente a morir y hasta llegó a asistir a más de 130 personas.

Kevorkian y su fascinación por la muerte

Se graduó en 1952 como patólogo de la Universidad de Michigan y fue residente en el Centro Médico de esa facultad. Recibió el apodo de “Doctor Muerte” al pedir trabajar en el turno noche del hospital de Detroit para fotografiar el momento en que las personas fallecían.

Por esos años, propuso, además, dar a los asesinos condenados a la pena capital la opción de ser ejecutados con anestesia para extraer sus órganos sanos. Sus polémicas ideas quedaron registradas en un artículo sobre el tema durante una reunión de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia en 1958.

Durante los años ’70, se mudó a California y se dedicó al arte y al cine con poco éxito. Sin embargo, en 1987 su vida dio un vuelco. Durante un viaje a los Países Bajos, conoció técnicas de médicos holandeses para ayudar en suicidios a pacientes terminales. Un año después, anunció el inicio de una nueva práctica, a la que llamó "bioética y obiatría", y comenzó a ofrecer "asesoramiento en casos de muerte".

Kevorkian y Janet Adkins

La primera persona a la que asistió fue Janet Adkins, una maestra de Oregon que sufría de Alzheimer. La mujer terminó con su vida el 4 de junio de 1990 dentro de la oxidada camioneta Volkswagen del médico en un campamento de Michigan. El vehículo fue el único lugar que encontraron luego de que moteles, funerarias y casas particulares les negaran el ingreso tras anunciar lo que pensaban a hacer.

Para el procedimiento, utilizaron el “Thanatron", un aparato inventado por Kevorkian con engranajes, válvulas y un interruptor que, tras ser accionado por el paciente, liberaba por las venas dos químicos que producían primero una anestesia y después la muerte. Ese día, mientras se encontraba recostada en el colchón dentro del automóvil, las hermanas de Kevorkian le leyeron a Janet unos poemas y la mujer presionó el interruptor.

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Janet Adkins, la primera paciente de Kevorkian. Fuente: The Oregonian.

Janet Adkins, la primera paciente de Kevorkian. Fuente: The Oregonian.

Tras el fallecimiento, Kevorkian llamó a la policía y fue arrestado. Al día siguiente, el esposo de Janet, Ron Adkins, dio una conferencia de prensa y leyó una nota de despedida que había dejado la mujer. Poco después, se conoció una cinta de video que Janet había grabado junto a su marido antes de morir. En ella, aseguraba que buscaba una "auto-liberación".

El debate sobre la vida y la muerte

La muerte de Janet Adkins le valió a Kevorkian su primer juicio, del que salió indemne. Además, le otorgó una gran notoriedad ante la prensa. "Mi objetivo final es hacer de la eutanasia una experiencia positiva", afirmó por esos días en una entrevista con The New York Times. "Estoy tratando de obligar a la profesión médica a aceptar sus responsabilidades, y esas responsabilidades incluyen ayudar a sus pacientes con la muerte", agregó.

De acuerdo a sus argumentos, se trataba de garantizar la comodidad del convaleciente y de protegerse así mismo contra una posible condena penal. Para eso, según decía, les exigía a las personas que expresaran de forma clara su deseo de morir, se les daba al menos un mes para considerar su decisión y se les aseguraba hasta el último segundo el control del procedimiento.

Durante los siguientes ocho años, Kevorkian asistió a 130 suicidios de mujeres y hombres que viajaban desde todo el país. En muchas ocasiones, era el médico el que se trasladaba en su camioneta Volkswagen. La práctica se realizaba en casas, coches y campamentos.

“Estimado Dr. Kevorkian, ¡AYUDA! Soy una víctima de EM de 41 años. Ya no puedo cuidar de mí mismo. En mi sano juicio, deseo terminar mi vida en paz. Sé que solo empeoraré. Por favor, ayúdame", fue una de las tantas cartas que recibió y que hoy es parte de la colección de sus trabajos, que fueron donados en 2014 a la Biblioteca Histórica de Bentley.

Respuesta judicial

En 1991, la jueza estatal Alice Gilbert prohibió a Kevorkian usar su dispositivo y el mismo año el Estado le suspendió su licencia. Pero el debate estaba lejos de terminar. En 1993, después de un arresto, el médico se declaró en huelga de hambre. Durante otro arresto, luchó contra los oficiales de policía y en 1996 se presentó ante el tribunal disfrazado con ropa colonial para demostrar lo anticuado que le parecían los cargos.

Según consignó por entonces The New York Times, desde mayo de 1994 hasta junio de 1997, Kevorkian fue llevado ante la Justicia cuatro veces por la muerte de seis pacientes. Con la ayuda de su abogado defensor, Geoffrey Fieger, tres de esos juicios terminaron en absoluciones y el cuarto concluyó en nulidad.

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Kevorkian junto a una de las pacientes a las que asistió en 1992. Fuente: Associated Press

Kevorkian junto a una de las pacientes a las que asistió en 1992. Fuente: Associated Press

El debate giraba en torno a si los pacientes tenían derecho a la ayuda de un médico para morir y si el profesional podía ofrecerles ese servicio. Sus principales detractores afirmaban, en tanto, que las personas a las que había asistido Kevorkian no eran terminales ni tenían estudios psiquiátrico previos.

El caso final

La suerte del doctor cambió en 1998 durante el juicio por la muerte de Thomas Youk, un hombre de 52 años que padecía esclerosis lateral amiotrófica. Deseaba morir y lo dejó registrado en un vídeo que fue emitido meses después por el programa 60 Minutes, de la CBS. En las imágenes se veía a Kevorkian inyectarle cloruro de potasio. El argumento era que el paciente no podía ocasionar su propia muerte ya que no tenía movilidad.

Una vez más, el patólogo fue llevado a juicio. El jurado lo declaró culpable de homicidio y se lo condenó a una pena de entre 10 y 25 años en prisión. Cumplió solo ocho años en la cárcel ya que fue liberado por buena conducta en 2007, bajo la condición de no volver a asesorar ni asistir a nadie sobre cómo morir.

Poco después, se postuló como diputado al Congreso de Estados Unidos por Michigan, aunque no consiguió los suficientes votos. Kevorkian murió en 2011 en el hospital Beaumont de Royal Oak por un coágulo de sangre que obstruyó su corazón.