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Osvaldo Sivak y su familia. Foto: Archivo TEA.
La situación, sin embargo, se precipitó minutos antes del intercambio, cuando alrededor de ellos estalló una balacera: en medio de un fuerte operativo, la policía logró detener a dos sujetos que iban a cobrar el rescate. Se trataba de dos subcomisarios identificados como José Ahmed y Alfredo Vidal, miembros de un grupo de delincuentes que pertenecían a la Superintendencia de Seguridad Federal. Años más tarde, Ahmed y Vidal participarían en otro secuestro resonante, el de Mauricio Macri.
Osvaldo apareció con vida en la localidad bonaerense de Remedios de Escalada. Tras esto, él, su esposa y sus hijas se mudaron a Montevideo, Uruguay, para regresar al país recién al terminal la última dictadura. Jamás hubieran imaginado que la historia se repetiría seis años más tarde.
El segundo secuestro y una espera agónica
El segundo secuestro de Osvaldo Sivak ocurrió el 29 de julio de 1985, cuando se dirigía a una sesión de terapia en el barrio porteño de Palermo. Hacía poco que habían regresado con su familia de unas vacaciones por Europa y ese día había quedado en pasar a buscar a sus hijas por el colegio, pero jamás llegó.
Dos hombres lo inmovilizaron cerca del pasaje Virasoro y lo trasladaron a un local de repuestos para automotores en Lanús. Esta vez, los secuestradores exigieron tres millones de pesos y mandaron a la familia una carta como prueba de vida, en la que el empresario pedía que “saquen a la policía de encima”.
Durante las siguientes semanas, el clima para los Sivak fue de incertidumbre. Finamente, acordaron con los secuestradores la cifra de 1.100.100 dólares y el 11 de agosto de ese año, otra vez, comenzaron las postas e indicaciones del recorrido para llevar la plata.
Primero, se trasladaron a un restaurante en La Boca, donde fueron contactados desde un teléfono público. Después, se dirigieron a Avellaneda, cerca de la cancha de Racing, donde les dejaron un mensaje en un tacho de basura.
Por último, les pidieron que estacionaran en la puerta 1 de la cancha de Independiente, donde deberían dejar el dinero. Luego del pago, la familia aguardó impaciente. Esa espera duró dos años y tres meses.
Estafadores, videntes y las derivaciones políticas del “caso Sivak”
El “caso Sivak”, como se conoció por aquellos años, tomó trascendencia en la agenda pública y se convirtió en uno de los secuestros más resonantes. Ante la falta de rastros y de avances en la investigación, la familia publicó diferentes solicitadas en los diarios para pedir datos a cambio de una recompensa económica.
A partir de entonces, la mujer, los hermanos y el padre de Osvaldo se enfrenaron otra vez a la crueldad: decenas de estafadores se contactaron con ellos para sacar provecho. Uno de ellos les llegó a pedir un departamento de tres ambientes.
Al mismo tiempo, se presentaron una cantidad considerable de videntes que decían saber lo que había pasado con el empresario. Muchas, llegaron a desfilar por los programas de televisión más populares.
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Osvaldo Sivak. Foto: Archivo TEA.
El secuestro de Osvaldo Sivak también tuvo sus ramificaciones políticas. Uno de los episodios más recordados ocurrió a principios de 1986, durante una interpelación a los entonces ministros del Interior y de Defensa, Antonio Tróccoli y Germán López. Días antes, la familia había denunciado que agentes de inteligencia que operaban en el ministerio de Defensa habían querido extorsionarlos.
Convocados por este tema, el abogado de la familia llegó a pasar durante la sesión del Congreso una grabación en la que el mismo Tróccoli confirmaba la existencia de este grupo de criminales.
Cuando el funcionario, nervioso, intentó justificar sus dichos, fue frenado desde un palo por Jorge Sivak, hermano de Osvaldo, quien le comenzó gritar “¡No mienta!”. El cónclave fue suspendido y López, Tróccoli y el comisario general de la Policía presentaron su renuncia días más tarde.
Un lobo con piel de cordero y el peor final
El cuerpo de Osvaldo Sivak fue hallado el 5 de noviembre de 1987, cuando un inspector, llamado Héctor Salcano fue interrogado por una brigada especial y confesó la participación de un grupo de tareas en el hecho. Nuevamente, la policía estaba implicada.
Con el tiempo se supo que entre los secuestradores estaba Roberto Ignacio Buletti, uno de los oficiales que había ayudado a la familia en 1979. Según cuenta Martín Sivak, sobrino de Osvaldo, en el libro “El Salto de Papá”, este policía había protegido a su padre Samuel durante el primer secuestro y hasta lo había acompañado a su casa para cuidar el dinero. Con el tiempo se llegó a convertir en su custodio.
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El día que se conoció el hallazgo del cuerpo de Sivak. Diario Clarín.
En rigor, tras el hallazgo del cuerpo, se descubrió que Buletti integraba una banda especializada en secuestros extorsivos y que la muerte del empresario había ocurrido días después de que su familia pagara el rescate: Sivak había sido ejecutado de un tiro en la cabeza en el local de Lanús. Su cuerpo fue encontrado en la zona de Abasto, al costado de la ruta 2.
No fue el único. Además, se hallaron los cadáveres de otros hombres, entre ellos el de Benjamín Neuman, raptado el 15 de febrero de 1982, que había sido enterrado en el mismo campo donde estaba Sivak. Días después, aparecieron los restos del empresario Eduardo Oxenford, también secuestrado en 1978.
Por el asesinato de Sivak, fueron detenidos ocho policías. Dos de ellos se quitaron la vida y los otros seis fueron condenados. Para la familia, sin embargo, no hubo consuelo. Jorge, uno de los hermanos de Osvaldo, terminó suicidándose al poco tiempo, hundido en una profunda depresión.