Desde entonces, el caso se convirtió en una de las investigaciones más resonantes del país. La sospecha de un posible rapto con fines de trata, la participación de personas con vínculos con el poder político y judicial, y las múltiples fallas iniciales en la búsqueda y preservación de pruebas, tiñeron la causa de dudas, contradicciones e indignación social.
La sospecha que no se disipa
En su entrevista, María Noguera no esquivó el tema y fue contundente al hablar de quienes podrían saber más de lo que dicen. “Dos de las primas de Loan, Macarena y Camila, tienen que saber algo”, afirmó, sin rodeos. La mujer sostiene que la desaparición de su hijo no fue un accidente ni un extravío. Cree que fue preparada, que hubo encubrimiento, y que la verdad sigue siendo ocultada por miedo o complicidad.
“No le tengo miedo al poder”, declaró con firmeza, en alusión a los vínculos que algunos de los principales acusados tienen con sectores de la política y las fuerzas armadas. Su frase fue un mensaje claro a los investigadores, pero también a quienes intentaron minimizar su voz durante estos meses.
El matrimonio acusado que sigue tras las rejas
Mientras tanto, en el plano judicial, la causa tuvo un nuevo capítulo. La Cámara Federal de Apelaciones de Corrientes rechazó recientemente un recurso de Casación presentado por la defensa de Carlos Guido Pérez (63) y María Victoria Caillava (53), quienes permanecen detenidos con prisión preventiva por estar acusados de la sustracción del menor.
Ambos estuvieron presentes en el almuerzo familiar el día de la desaparición de Loan y, desde el inicio de la causa, han sido objeto de fuertes sospechas. En particular, por los inconsistentes testimonios, la conducta evasiva y por ciertas coincidencias geográficas y temporales con la desaparición.
El fiscal general Carlos Schafer consideró que el recurso era improcedente porque no se trataba de una sentencia definitiva ni se había demostrado un agravio federal claro. Con este revés judicial, a la defensa del matrimonio solo le queda recurrir en queja a la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
La causa Loan, una herida nacional
Desde hace meses, la desaparición de Loan generó una ola de reclamos sociales y manifestaciones en distintas partes del país. La consigna “¿Dónde está Loan?” se multiplicó en pancartas, redes sociales, marchas y medios de comunicación. La imagen del niño, con sus grandes ojos oscuros y sonrisa inocente, se convirtió en símbolo del dolor de miles de familias que también buscan justicia por otros niños desaparecidos.
Distintos colectivos de derechos humanos, asociaciones de búsqueda de personas y referentes sociales han acompañado a María Noguera en este tiempo. Sin embargo, la causa judicial ha avanzado con lentitud y contradicciones.
Una de las críticas más recurrentes apunta a las fallas iniciales en la investigación. La demora en activar el protocolo Alerta Sofía, el escaso resguardo del lugar donde fue visto por última vez, y la falta de peritajes en los primeros días, generaron condiciones ideales para el encubrimiento o destrucción de pruebas.
Las dudas que persisten
Además del matrimonio Pérez-Caillava, otras personas han sido indagadas o mencionadas en la causa. Sin embargo, hasta el momento no hay pistas firmes sobre el paradero de Loan ni indicios claros de qué ocurrió en esas horas posteriores a su desaparición.
El expediente incluye testimonios contradictorios, geolocalizaciones dudosas y pericias sin resultados concluyentes. A su vez, circulan versiones sobre redes de trata operando en la zona, aunque ninguna hipótesis ha podido ser confirmada de manera fehaciente.
El caso, sin dudas, representa un desafío judicial, pero también un espejo de cómo el sistema argentino puede fallar en la protección de la infancia y en la respuesta ante desapariciones con posibles implicancias delictivas.
Los sueños como único consuelo
Mientras el expediente avanza con trabas, para María Noguera el tiempo se mide en ausencias. Su relato sobre los sueños que tiene con Loan impacta por su ternura, pero también por su crudeza. Allí, en ese mundo onírico donde todo es posible, su hijo vuelve, la abraza, le habla.
“Sueño que vuelve y me dice que su pelo está largo”, repitió en la entrevista. En esas imágenes nocturnas, el niño sigue creciendo, aunque lejos de ella. “Es como si me dijera que está vivo”, deslizó entre sollozos.
Cada sueño es una señal, un hilo de esperanza que la mantiene en pie. Pero también es un recordatorio de la injusticia, del silencio de quienes callan, del poder que oprime, y de la verdad que aún no llega.
La fuerza de una madre
A pesar del dolor, María no se rinde. Sabe que el camino no es fácil, pero no está dispuesta a detenerse. Su objetivo es claro: encontrar a su hijo y que se sepa toda la verdad. Por eso, sigue hablando con los medios, presionando a la Justicia, reuniéndose con organizaciones sociales y haciendo todo lo que esté a su alcance para que Loan no sea olvidado.
“Yo no voy a parar hasta saber qué pasó”, dijo más de una vez. Su determinación conmueve. Su causa ya no es solo personal, sino colectiva, porque Loan podría haber sido cualquier niño, y su historia expone muchas otras que permanecen ocultas.