El Gobierno argentino anunció en conjunto con el FMI (ambos comunicados salieron juntos, para evitar suspicacias) que el organismo internacional le prestaría 50 mil millones de dólares en 36 meses. Básicamente es el financiamiento que necesita Macri para terminar cómodo su primer mandato y el primer tiempo del segundo.

A cambio la Argentina se compromete a hacer un fuerte ajuste, que tiene dos dimensiones: el primero es que achicará el gasto fuertemente; el segundo es que el Banco Central se compromete a no financiar más al tesoro, lo que implica que no podrá emitir. En algún punto se vuelve a un esquema monetario rígido como el que regía en la Convertibilidad (que ya sabemos cómo terminó). O como el que tienen los países de la Unión Europea que ceden su potestad de emitir dinero. Esto podría enfriar aún más la economía.

El acuerdo es a todas luces exitoso para quienes tienen puesta la mirada en el mercado: un monto mucho mayor al esperado, a una tasa relativamente baja, con bajas condicionalidades (hasta que empiecen a monitorear que el ajuste se efectivice) y con ciertas licencias para mantener o aumentar el gasto social.

La gran incógnita es si será exitoso en lo político. De entrada ya el Frente para la Victoria salió a destrozar el acuerdo. “El Presidente y su gabinete no escuchan a la gente. La enorme mayoría del pueblo argentino está en contra del FMI. Cualquier acuerdo con este organismo no tiene legitimidad social ni popular”, expresó el bloque del FpV liderado por Agustín Rossi. No es noticia que el kirchnerismo se oponga.

Pero también salió a criticar (suavemente) Juan Manuel Urtubey, el más “racional” de los “peronistas racionales”. “Una mala idea que no comparto. Pero no voy a negarme a dar las herramientas que se necesiten para que al país le vaya bien”, dijo. Tiene que tener cuidado: las metas se tienen que cumplir después de 2019.

Para que el acuerdo sea exitoso desde lo político, necesitará sumar consensos en la oposición. Y para eso, el Gobierno deberá garantizar que el ajuste no afecte a áreas sensibles. Y fundamentalmente, que el ajuste no enfríe (aún más) la economía.

Porque con la economía en baja, no hay proyecto político que pueda sostenerse en el tiempo.