“Tenemos que sentarnos alrededor de una mesa y lograr un gran acuerdo como no se hizo nunca en la historia”, dijo Macri.

La crisis cambiaria que se desató en las últimas semanas tuvo dos causas fundamentales: los inversores – parte del círculo rojo- empezaron a desconfiar de los mecanismos de toma de decisión del Gobierno de Cambiemos y no existen garantías de que las políticas que está llevando adelante Macri sean sustentables en el tiempo, si es que el poder cambia de signo en 2019.

A eso se sumó cierto fastidio en la sociedad: tarifazo, inflación, conflictos de interés y una idea que sobrevuela de que el Gobierno estaba sin rumbo. Este combo llevó a una baja en la imagen de Macri y sus colaboradores. Más dudas para 2019.

El Fondo Monetario Internacional también reclama consenso político para avanzar en un acuerdo que permita profundizar las medidas de ajuste.

En ese marco, Macri lanza un volantazo y le pone fin al gradualismo. Para hacer viable políticamente esta idea, vuelve a poner en el equipo titular al “ala política” que incluye a los propios con mejor diálogo con el peronismo (Frigerio, Monzó) y a los radicales.

Macri hace una puesta en escena de la búsqueda de un gran acuerdo nacional. Cuando lo dice, no se le nota la misma convicción con la que plantea otras políticas.

Por otro lado, si el gran acuerdo nacional es solo para coparticipar la responsabilidad política de un ajuste, difícilmente cuente con el acompañamiento del peronismo.

¿Esta repentina búsqueda de consensos es genuina o es un gesto para la tribuna? ¿Se puede hacer un “gran acuerdo” sin el 30% de la población que representa el kirchnerismo? Dudas que solo se despejarán con el paso del tiempo.