Gira presidencial

Alberto Fernández apuesta a Kristalina para ganar tiempo con el FMI y compensar una gira gris y una foto fría con el Papa

La foto con el papa Francisco no rindió lo que esperaba por el gesto adusto de Su Santidad y la frialdad del encuentro.
Mariano Obarrio
por Mariano Obarrio |
Alberto Fernández con el Papa Francisco (Foto: Vaticano)

Alberto Fernández con el Papa Francisco (Foto: Vaticano)

El presidente Alberto Fernández volverá de su excursión por Europa con las manos semivacías. La foto con el papa Francisco no rindió lo que esperaba por el gesto adusto de Su Santidad y la frialdad del encuentro. Los apoyos políticos de los líderes europeos a la negociación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional quedaron condicionados a la urgencia, algo que la vicepresidenta Cristina Kirchner rechaza, porque quiere ese acuerdo sólo después de las elecciones del 14 de noviembre próximo.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, le dio “apoyo” para postergar el pago de 2400 millones de dólares al Club de París, que vence el 31 de mayo, pero sólo si antes llega a un acuerdo con el FMI. Cristina sería el principal escollo.

El objetivo es imposible, pero Alberto Fernández intentará remontar la cuesta en la reunión agónica de este viernes con la directora del FMI, Kristalina Georgieva, en Roma, cuyos objetivos no están claros. Será en un hotel cercano a la glamorosa Vía Veneto.

La respuesta de Macron causó desazón en la Casa Rosada, según pudo saber A24.com. “Hay mucho silencio, pero harán algún tipo de firulete temporal para decir que se avanza con el FMI. Eso permitiría acordar con Club de París en el interregno. Y después seguir acercando posiciones con el Fondo, más para fin de año”, dijo un funcionario que sigue de cerca las tratativas.

El Presidente había llevado a la gira europea al ministro de Economía, Martín Guzmán, para respaldarlo ante las embestidas de la vicepresidenta Cristina Kirchner y del Instituto Patria. Una de las objeciones que tiene la ex presidenta es que Guzmán quiere un urgente acuerdo con el FMI y ella busca postergarlo. Alberto debe resolver cómo apurar el acuerdo y al mismo tiempo demorarlo. Es como resolver la cuadratura del círculo. No queda otra alternativa que apelar a un “firulete temporal”, nueva argucia de la política K.

En rigor, en la Casa Rosada justifican que los “firuletes” (dícese de las alquimias o maniobras para no hacer lo que hay que hacer) se han convertido en una política de Estado en los últimos cuarenta años: cruzó a gobiernos peronistas, radicales, militares y del PRO.

Según fuentes oficiales confiaron a A24.com, Alberto y Georgieva buscarán desde las 9 en el hotel romano avanzar en la propuesta del Gobierno sobre cómo usar los Derechos Especiales de Giro (DEG), postergar pagos de capital de este año y reducir la sobretasa que pagan los países que se exceden del tope permitido de deuda con el FMI. Una vez más, Alberto Fernández estará atado de pies y manos por la vicepresidenta.

El Senado aprobó una resolución para que los DEG no puedan ser usados para pagar deuda y sólo se destinen a compensar a los sectores más castigados por la parálisis económica de la pandemia.

Pero el Gobierno busca aplicarlos quizás al pago de la deuda con el Club de Paris por cuanto no se trata de dinero en efectivo sino de asientos contables para mejorar las reservas.

El Presidente le hablará a Georgieva de la recuperación de la recaudación por el efecto de las retenciones a las exportaciones de soja, cuyo precio superó los 600 dólares la tonelada, y por los ingresos por el impuesto a la riqueza. Los ingresos tributarios fueron de $ 817.882 millones en abril, un 105,2% más que en igual mes del año pasado, en el comienzo de la pandemia de Covid 19. En aquel momento se había decretado la cuarentena total.

Semejante bonanza económica desató un debate interno en el Gobierno. El kirchnerismo presiona para que las inesperadas “vacas gordas” contribuyan a ayudar a Alberto Fernández a incrementar al máximo las restricciones de circulación para frenar los contagios de Covid que rondan los 25.000 diarios (que luego se transforman en centenares de muertos) y compensar con dinero a los sectores afectados. Y lo que no se puede compensar con recursos genuinos se podría con mayor emisión monetaria.

Pero el Presidente y Guzmán no quieren abusar del gasto de los recursos ni por la emisión: se sientan sobre las arcas y las reservas del Banco Central, en plena recuperación, para poder mostrar logros al Fondo y llegar a un Acuerdo de Facilidades Extendidas con el FMI por la renegociación de la deuda de 44.000 millones de dólares.

En ese debate económico se centra la pelea interna en el Gobierno entre Alberto y Guzmán -que tienden a flexibilizar las restricciones de actividades por el Covid 19- y el kirchnerismo pro cuarentena encarnado en su jefa y en el gobernador bonaerense, Axel Kicillof. Incluso, en las carpas “albertistas” dejan trascender que si los números de contagios ceden de aquí al 21 de mayo, cuando vence el DNU 287, la Casa Rosada debería abrir algunas actividades ahora cerradas y en quiebra como comercios, locales gastronómicos o shoppings.

En la Ciudad, el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, no ve por ahora esa posibilidad más allá de flexibilizar la construcción y mantener la presencialidad en las escuelas pero no más que eso.

El factor de mayor optimismo en el gobierno de Alberto Fernández es la llegada de 4 millones de vacunas de Astrazéneca a fines de mayo, más 861 mil del Fondo Covax el 21 de mayo, más las 500 mil que llegaron ayer y las 2 millones de Sputnik que fabricará el laboratorio Richmond. Es por espo que la ministra de Salud, Carla Vizzotti, aventuró ayer que a fines de junio se habrá vacunado a los 15 millones de personas que conforman el sector de mayor riesgo. Y es por eso también que Vizzotti recomendó suspender el “feriado puente” del 24 de mayo y posponerlo para el 13 de agosto para conformar un fin de semana largo turístico entre el viernes 13, el sábado 14, el domingo 15 y el lunes 16 de agosto.

El martes 17, día del fallecimiento de San Martín, será laborable. “Era demasiado riesgo epidemiológico un fin de semana largo en mayo, con lo que pasó en Semana Santa. En cambio en agosto la situación puede ser más relajada”, se evaluó en la Casa Rosada.

También por la misma razón se acordó con Juntos por el Cambio llevar las PASO al 12 de septiembre cuando el Gobierno piensa en un escenario más relajado y con la pandemia y la economía más ordenada.

¿Es posible que Alberto Fernández decida destinar recursos a compensar a sectores económicos y cerrar más aún las restricciones para bajar la pandemia? ¿Habrá margen para abrir el 21?

Lejos de estas discusiones, Alberto Fernández intentó capitalizar en Europa el apoyo, con algunos matices, de los presidentes de Portugal, España, Francia, e Italia. Los empresarios franceses no le prometieron inversiones y cuestionaron el rumbo económico. Tuvo otro traspié diplomático con Israel –y con los EE.UU- a raíz del comunicado de la Cancillería que condenó los ataques “desproporcionados” de Israel frente a una lluvia de misiles de Hamas. En la Cancillería señalaron que están en línea con la ONU.

Pero una foto política era con el papa Francisco. Alberto intentó instalar que el Santo Padre le prometió “apoyo en lo que pueda”. Sin embargo, la foto con Francisco no fue la mejor.El Papa debió pagar demasiados costos políticos en su feligresía argentina y en algunos sectores de la curia por nombrar a Juan Grabois, el confrontativo líder del Movimiento de Trabajadores Excluidos, como miembro nada menos que del Ministerio Social y Ambiental del Vaticano, o más precisamente del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

La sintonía política de Francisco con el ideario de la economía popular y social no está en duda. Sin embargo, el Papa no puede dejar pasar la sanción de la ley del aborto en diciembre último y se lo hizo sentir a Alberto.

En las semanas previas, el Vaticano intentó disuadir al secretario de Culto, Guillermo Oliveri, para que no pidiera la audiencia de Alberto con el Papa. Pero el Presidente avanzó a fondo, a sabiendas de que la Iglesia no puede romper la relación con el Estado porque existen demasiados lazos en común y de cooperación mutua.

En términos políticos, Alberto jugó a fondo para que Francisco le diera una foto de apoyo frente al FMI, el Club de Paris y los grandes países vendedores de vacunas contra el Covid. Además, era una imagen que necesitaba para reinventarse ante su electorado de sectores medios y bajos que comienza a abandonar el proyecto por los malos resultados sanitarios y económicos, con una pobreza de 42% medida según el Indec. Sin embargo, la sanción del aborto sigue siendo un problema no resuelto entre Roma y la Casa Rosada.

Francisco no podía privar al Presidente de su país de una audiencia porque es muy difícil que un Papa deniegue un encuentro a un jefe de Estado. Dios atiende a todos y un Papa no puede ser menos. Sin embargo, según allegados a Jorge Bergoglio, Francisco le hizo gestos elocuentes de su malestar. La reunión fue cerrada y no ingresaron los periodistas ni de cerca. Solo duró 25 minutos, poco más que los fatídicos 22 minutos que le dio al ex presidente Mauricio Macri en febrero de 2016. La expresión de Francisco en las fotos fue seria y fría. “Bergoglio habla mediante sus gestos y no le dedicó ni una sonrisa”, dijo un amigo del Papa.

No se habló del aborto oficialmente, pero no hacía falta: en un escritorio austero, al lado de la Sala Paulo VI, custodiaba la escena la Virgen de Luján, cuya basílica fue escenario de los pronunciamientos de la Iglesia en contra de su legalización. Un prelado allegado al Papa, que está en Roma, dijo resignado: “Francisco lo recibe a Alberto porque ahora hay que mirar para adelante”. Pero el comunicado del Vaticano fue frío y muy escueto. Calificó el encuentro de “cordial” y consignó solamente que “se agradeció las buenas relaciones bilaterales existentes y la intención de seguir desarrollando la colaboración en sectores de interés mutuo", además de repasar en que el encuentro se centró genéricamente “en la situación del país, con especial referencia a algunos problemas como la gestión de la emergencia pandémica, la crisis económico-financiera y la lucha contra la pobreza, destacando, en este contexto, el importante aporte que ha tenido la Iglesia Católica. Finalmente, se plantearon algunas cuestiones regionales e internacionales".

No surgió del comunicado ningún apoyo a la Argentina en las negociaciones con el FMI ni en la compra de vacunas, como pretendía el Presidente. Luego de haber impulsado el aborto, Alberto se acordó de Dios cuando necesitaba dinero y una mano para mejorar la salud.