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POLÍTICA

Alberto instala una agenda conflictiva: avance sobre la Justicia y dividir a la oposición entre "buenos y malos"

Alberto instala una agenda conflictiva: avance sobre la Justicia y dividir a la oposición entre
Alberto Fernández, con Axel Kicillof y el intendente de Almirante Brown, Mariano Cascallares, recorren una fábrica de barbijos (Foto: Presidencia).

Para salir del monotema de la pandemia del Covid-19, el presidente Alberto Fernández buscó instalar su propia agenda. Con la mira en el retorno de la actividad parlamentaria, quiso incorporar esta semana su menú legislativo, que será inminente. Pasará algún tiempo hasta que se puedan tratar las que prometen ser conflictivas leyes de reforma judicial, creación del Consejo Económico y Social y legalización del aborto.

Según pudo saber A24.com, el Presidente mimetizó su estilo con el del kirchnerismo duro y abandonó la moderación. Producto quizás de sus largas tertulias en Olivos con la vicepresidenta Cristina Kirchner muchas de las cuales no se dan a conocer en público.

Alberto apareció el miércoles en tres actos distintos. En el último, por la tarde, pronunció duras palabras contra sus opositores y contra la gestión anterior.

Alberto Fernández en la inauguración de hospital en Almirante Brown (Foto: Presidencia)
Alberto Fernández en la inauguración de hospital en Almirante Brown (Foto: Presidencia)

La agenda política, ahora, pasó a ser conflictiva. Esta semana reabrió la grieta con la oposición de Juntos por el Cambio y criticó con furia a la ex gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal. Es un intento de dividir a sus adversarios porque Fernández rescata al jefe del Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, su socio político en el apoyo a la cuarentena por la pandemia del Covid-19.

Hasta el diputado Máximo Kirchner le ofreció a Larreta apoyo para “soportar las presiones” de algunos dirigentes de Juntos por el Cambio que critican la cuarentena, y causan incomodidad en el larretismo porteño. Horacio Rodrriugez Larreta salio a desmarcarse y dijo en una reunión por zoom con el PRO que "no recibe presiones de nadie" de su sector.

Los proyectos que vienen no ayudarán a cerrar la grieta. En un contexto en el que la Oficina Anticorrupción se retiró como querellante de las causas Los Sauces y Hotesur -en las que están procesados Cristina Kirchner y sus hijos, Máximo y Florencia- la Casa Rosada enviará un proyecto de ley de reforma judicial que tendrá tufillo a un avance sobre el Poder Judicial.

Por ahora, el contenido se guarda bajo siete llaves. El sentido general es diluir el poder de los jueces federales de Comodoro Py con una fusión entre el fuero Federal Penal y el Penal Económico. Se diluye la idea de incorporar en ese gran fuero al fuero Penal Ordinario, aunque todavía subsiste esa pelea entre Gustavo Béliz, que promueve la idea, y Juan Martín Mena, viceministro de Justicia, kirchnerista, quien la desalienta.

Por otra parte los jueces penales ordinarios deberían pasar a la órbita de la Ciudad según la Constitución de 1994. También se fusionarían los fueros Contencioso Administrativo con Civil y Comercial.

De ese modo, habría más juzgados que podrían juzgar las eventuales denuncias de corrupción contra el poder político. Pero no abundan las precisiones en el hermetismo de la Casa Rosada. Fernández enviará el proyecto dentro de dos semanas cuando esté seguro del funcionamiento de las sesiones virtuales de Congreso, que recién se estrenó ayer.

Luego vendrán los otros dos proyectos que anunció a principios de semana: la creación del Consejo Económico y Social y, mucho más relegada, la legalización del aborto. “Sobre el Consejo Económico y Social todavía faltan pulir algunos detalles”, confiaron a A24.com en la Casa Rosada funcionarios que conversan con Vilma Ibarra, secretaria Legal y Técnica. “Y la legalización del aborto será un proyecto que deberá conducir el Ministerio de Salud, como área específica. Y mientras dure la pandemia es imposible que se ocupe de eso: no tiene espacio para dedicarle las energías necesarias y sería mal visto por la gente cuando las prioridades son otras”, señaló otro funcionario cercano a Alberto.

En medio de ello, la irrupción de Félix Crous, titular de la Oficina Anticorrupción y leal a Cristina, enrareció la convivencia política, aún más, entre el Presidente y Juntos por el Cambio. La OA se retiró de las querellas de las causas Hotesur y Los Sauces. Y Crous dijo que se retirará de más causas que comprometen a la ex presidenta, porque su oficina no tiene competencias y nunca debió ser querellante, dijo. Quien debe seguir en las querellas, agregó, es la Unidad de Información Financiera (UIF), que también está en manos de otro bendecido por Cristina, Carlos Cruz.

Las sospechas de injerencia en las causas que interesan a la ex presidenta se instalaron de inmediato. No podía ser leído de otra manera por Juntos por el Cambio, que en un comunicado acusó al Gobierno de “asegurar la impunidad de la ex presidenta Cristina Kirchner”.

El panorama de avances sobre el Estado es sombrío según los opositores. Los diputados Mario Negri (UCR), Cristian Ritondo (PRO), Ferraro (Coalición) y Graciela Ocaña (Confianza Pública) plantearon serias impugnaciones al DNU 457, que estableció “superpoderes” para el jefe del Gabinete, Santiago Cafiero, que podrá reasignar partidas y aumentar el gasto discrecionalmente sin pasar por el Congreso; cuestionó la app Cuidar por su capacidad de geolocalizar a los ciudadanos y controlarlos, y blandió que los test rápidos serológicos traídos de China son “truchos”. La agenda de la oposición fue de confrontación total, ya sin más gestos de buena convivencia para superar la pandemia, como hasta hace semanas.

En las propias filas de la oposición se vislumbra una grieta. Patricia Bullrich, Cornejo, Ferraro, Mauricio Macri y Miguel Pichetto, que no tienen responsabilidades de gestión, consideran que hay que hacer oposición a los aspectos más cuestionables del gobierno. Larreta y Diego Santilli consideran que hay que dialogar con la Casa Rosada, al igual que varios intendentes de Juntos por el Cambio del conurbano. El susto y las necesidades económicas los llevan a tener políticas de acuerdo con el Frente de Todos, con Alberto y con el gobernador bonaerense, Axel Kicillof. Pero las diferentes posturas generan recelos mutuos en ambas orillas.

María Eugenia Vidal es amiga de Rodríguez Larreta, pero fue atacada por Alberto Fernández, que aprovechó esa división para sembrar más cizaña. El Presidente acusó a Vidal de no querer hacer hospitales en su gestión. Vidal estaba afuera de la política. Fue obligada a regresar ayer en un acto en Lanús con el intendente Néstor Grindetti, un dialoguista. El propio Ritondo, que tampoco es afín a romper lanzas, debió defender a la ex gobernadora de quien fue ministro, al igual que Alex Campbell.

El Presidente los obligó a la pelea mientras que el viernes último dijo que Larreta “piensa como él”, en la inamovilidad de la cuarentena, en contraposición con otros dirigentes macristas. Según un funcionario del Frente de Todos, el presidente valora a Larreta y a los intendentes del macrismo, incluso al propio Jorge Macri, de Vicente Lopez. Pero se enfurece con los que critican al Gobierno sin responsabilidades de gestión.

“No hay una estrategia de dividir, ni siquiera hay una estrategia. Fue un error de Alberto poner a Vidal en el centro de la escena. No sonó creíble su acusación y la gente no quiere peleas. El blanco no es Vidal, es Patricia, Macri y Marcos Peña”, razonó un allegado a Alberto.

Sin embargo, en la actitud presidencial hay resabios muy evidentes del estilo kirchnerista, del primer Néstor Kirchner, que desde 2003 siempre apostó a dividir a la oposición, entre los que tienen distritos que gobernar, necesitados de la billetera de la Nación, y los que no tienen responsabilidades de gestionar y por lo tanto no les importa el látigo. Los primeros, presumía, siempre son más dominables.

La herida la profundizó más aún Máximo Kirchner durante la primera sesión virtual de la Cámara de Diputados. Dijo retóricamente dirigiéndose imaginariamente a Rodríguez Larreta “cuente con nosotros para aguantar la presión” de quienes quieren levantar la cuarentena.

Un allegado a Larreta confió a A24.com que estos mimos de Alberto y Máximo a Horacio, sumados a los ataques a los “que están en los extremos de Cambiemos” pone muy incómodo al jefe del gobierno porteño, que tiene aspiraciones presidenciales para 2023. “Nos dividen y nos hacen pelear, porque Patricia y los más duros quieren que nos peleemos con el Gobierno, y no lo vamos a hacer”, dijo un larretista.

En medio de ello, el Presidente tiene desafíos más urgentes que los políticos. El presidente del Banco Central, Miguel Pesce, no puede controlar la estampida del dólar libre –el blue ayer llegó a 138 pesos- y muchos hombres del ala económica del Gobierno comenzaron a presionar para que intervenga sobre ese mercado libre legal (MEP y contado con liqui), porque consideran que con pocos dólares se podría contener la presión alcista.

También sostienen que tiene que aumentar la tasa mayorista para colocarla por encima de la inflación prevista para descomprimir la presión sobre el dólar. El ministro de Economía, Martín Guzmán, se lleva bien con Pesce y no quiere que se vaya como otros sectores del Gobierno y del kirchnerismo. Pero sostiene que algún remedio hay que encontrar para el descontrol cambiario. La pelea política dejó escapar el precio que más le interesa a la gente.

por Mariano Obarrio
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