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Juntos por el Cambio apela a las emociones para retener a sus votantes con mensajes motivacionales

Hernán Reyes
por Hernán Reyes |
Juntos por el Cambio apela a las emociones para retener a sus votantes con mensajes motivacionales

Con un discurso aspiracional y un estilo de comunicación moderno, Cambiemos logró en 2015 posicionarse como la fuerza del futuro. Aunque el PRO llevaba varios años gobernando la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el cambio de marca contribuyó a transmitir la idea de que algo nuevo estaba por venir. Después de cuatro años de gobierno, Cambiemos no sólo perdió novedad, sino que llega a las elecciones generales de octubre en medio de una grave crisis económica y social, sin poder ofrecer argumentos positivos para revalidar su vínculo con la sociedad por cuatro años más.

Desde un primer momento, Cambiemos construyó su identidad a partir del contraste con “el pasado”. El desgaste natural que había sufrido el kirchnerismo después de 12 años en el poder, la postulación de Aníbal Fernández como candidato en la Provincia de Buenos Aires, la falta de carisma de Daniel Scioli y las sospechas de corrupción que pesaban sobre varios funcionarios, especialmente sobre Cristina Kirchner, hicieron posible la victoria de Mauricio Macri y de María Eugenia Vidal. Ambos llegaron al poder montados sobre el sentimiento de rechazo que generaba el kirchnerismo en general y Cristina, en particular, en un sector determinante del electorado: la clase media urbana argentina.

La estrategia de polarización que había funcionado en 2015 volvió a rendir frutos en las elecciones de medio término de 2017, cuando a pesar del tarifazo y de no tener resultados positivos para exhibir en materia económica, Cambiemos se impuso frente a un peronismo dividido.

El oficialismo volvió a imponerse en las ciudades más impòrtantes y en la provincia de Buenos Aires, decretó por segunda vez el fin de la carrera política de Cristina e interpretó la victoria como una confirmación de que podía continuar con su política de ajuste, endeudamiento y desregulación del sistema financiero.

La ilusión duró hasta abril de 2018 cuando la falta de confianza del mercado en la política económica del gobierno forzó una brutal devaluación del peso y provocó una escalada inflacionaria.

En diciembre de ese mismo año, con la economía en llamas y la credibilidad de Macri agotada, Marcos Peña afirmó confiado durante una entrevista que era “un mito que la economía definiera una elección”. De acuerdo a esta hipótesis, la sociedad premiaría al gobierno con un segundo mandato por haber evitado que el país terminara como Venezuela, por haber luchado contra las mafias y por haber sentado las bases del futuro crecimiento.

Cuando en mayo de este año Cristina sorprendió a todos anunciando la candidatura presidencial de Alberto Fernández, Marcos Peña salió rápidamente a decir que la decisión de la ex presidente no alteraba en absoluto la estrategia de campaña del oficialismo. “Los argentinos no quieren volver al pasado”, repetían incansablemente los voceros del gobierno convencidos de que el miedo a Cristina era más fuerte que el miedo a perder el empleo y caer en la pobreza.

Sin embargo, la encuesta nacional de septiembre realizada por Reyes-Filadoro junto a Numeral 8, revela que los argentinos temen más la continuidad de Macri en el poder que “la vuelta al pasado”. La posibilidad de que Macri ocupe el sillón de Rivadavia por cuatro años más genera temor en el 55% de los argentinos y resignación en el 13% mientras que la posibilidad de que Alberto Fernández gane las elecciones de octubre despierta esperanza en el 57% y sólo genera miedo en un tercio del electorado.

Luego de culpar a los argentinos de ser los responsables de la fuerte devaluación que sufrió el peso el día después de las elecciones de agosto, Macri tuvo que disculparse públicamente por sus dichos. Sin embargo, su reacción fue interpretada por los votantes como una manifestación “sincera” de lo que verdaderamente piensa el presidente.

Las medidas anunciadas días después de la derrota, como la eliminación del IVA a varios alimentos básicos, fueron interpretadas como un manotazo de ahogado por el 76% de los argentinos que considera que los beneficiará poco o nada.

Mientras Alberto Fernández se prepara para asumir la conducción del país, elabora un plan de emergencia para reactivar la economía y se reúne con empresarios y líderes mundiales, el presidente Macri envía mensajes a los votantes que confirman su disociación con la realidad. Lejos de seducir, el discurso de campaña del oficialismo parece exacerbar el enojo de los votantes.

Mientras el INDEC informaba el que la pobreza alcanzó a 16 millones de argentinos durante el primer semestre, incluyendo al 52% de los niños, Macri y Vidal encabezaban un acto de campaña en Junín.

Ningún dato objetivo de la realidad permite al gobierno esgrimir argumentos racionales que le permitan aumentar su base de apoyo. Por eso, la campaña apuesta más que nunca a conquistar la subjetividad de los votantes agitando la bandera de los valores con mensajes motivacionales y religiosos.

“La elección no sucedió”, rezaba la invitación que envió el equipo de Marcos Peña a sus votantes para que se animen a manifestar públicamente su apoyo al gobierno marchando desde el coqueto barrio de Belgrano de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

“La lucha en la adversidad es el gozo mayor para el espíritu de Dios”, aseveró Elisa Carrió desde el escenario apelando a la idea de sacrificio que pocos funcionarios en función han experimentado en carne propia. “Benditos los que buscan la verdad, la Justicia y la libertad porque de ellos será el reino”, continuó el mensaje mesiánico de la diputada.

Aunque Macri repita incansablemente que “sí, se puede”, la mayoría de los argentinos opina lo contrario. El 48% cree que el Frente de Todos va a superar el 50% de los votos en octubre, el 22% opina que se va a mantener el mismo resultado de las PASO y sólo el 23% cree que es posible llegar a un balotaje. Con 55% de inflación, 11% de desocupación y 36% de pobreza, ¿se puede?

“La única lucha que se pierde es la que no se da”, imploran los nuevos afiches de campaña de la gobernadora María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires.

El gobierno se resigna a hablarle a su núcleo duro de votantes, un tercio de los argentinos que goza de una buena situación económica y puede darse el lujo de esperar a que el presidente y su equipo encuentren la fórmula mágica para reactivar la economía sin que el resto de los argentinos, que depende de tener un trabajo estable y un ingreso digno, muera en el intento.