No hay metáfora ni eufemismo posible tras la frase “la próxima te rompo la cara”. Ni horno para bollos, ni sangre aproximándose al río, ni de castaño a oscuro ni corto mano corto fierro, romper la cara es romper la cara. Es acción directa. Es violencia. Punto. Lo único relativo, en todo caso, vendría a ser el cuándo.
Si uno decide ser noticia por amenazar a otro con romperle la cara, significa que tiene muy bien determinado a un público capaz de aplaudir que alguien le rompa la cara a otro. Ma traduzco: según esa manera de razonar, la violencia, en alguna dosis, puede resultar beneficiosa. Televisiva y electoralmente beneficiosa.
Bullrich es la presidenta de un partido que amenaza a un funcionario de un gobierno de su propio partido y no se arrepiente. Para más datos: dobla la apuesta retando a Horacio Rodríguez Larreta, jefe directo del amenazado y rival interno, a que discutan las diferencias y deje de “mandar soldaditos”. El “soldadito” -categoría entre bélica y delincuencial- se llama Felipe Miguel y había osado decir que Bullrich era "funcional al kirchnerismo" por criticar a Larreta.
Aclaremos que ser “funcional al kirchnerismo” no figura en el Código Penal. Sí lo es hostigar a personas desde redes sociales o amenazarlas de muerte: gente así -como el youtuber Eduardo “El Presto” Prestofelippo- fue premiada con una foto conjunta por la misma Patricia B, tras desearles las peores cosas a Cristina Kirchner y Fabiola Yáñez.
El mismo personaje supo tener hace poco un cruce amoroso con Brenda Uliarte, la joven que planificó ser noticia matando a CFK: “Me convierto en San Martín”, fueron sus textuales palabras.
Más bien que no son iguales Bullrich, “El Presto” y la detenida Uliarte, ni tampoco este pibe Jonathan Morel, el de las guillotinas y las mesitas de luz que le vendió por 7 millones de pesos a la empresa Caputo Hermanos S.A.. Insisto: no son iguales. Bullrich es una dirigente política de larga trayectoria que puede llegar al Sillón de Rivadavia; ninguno de los otros tres dirige nada ni puede tanto.
En la tele-política, las palabras no son más que eso. A lo sumo, serán deseos. O símbolos vagos o bajos instintos esbozados como teorías. El problema es que las palabras de los dirigentes ante una cámara de TV pueden inspirar actos en la vida real, e incluso darles a esos actos un marco de pretendida legitimidad. No sólo hay quienes están dispuestos a aplaudir dichos cargados de violencia; también hay gente capaz de ejercerla. Y, encima, esperando un aplauso.
Alguien que sabe del PRO y esas cosas es Jaime Durán Barba, el “inventor electoral” de Mauricio Macri. Le pregunto:
-¿Gana público Patricia con esto de romperle la cara a Miguel?
-No. A la larga, pierde. Si quiere ser presidenta, tiene que empezar a salir de los márgenes y convencer a quienes deciden las elecciones, que suelen ser personas racionales más bien de centro.
-¿Entonces lo beneficia a Rodríguez Larreta con esos exabruptos?
-No. Lo beneficia a Milei. Porque los que quieren locura van a ir comprar al loco original. Juntos por el Cambio debe consolidarse como una opción de gobierno, no de locura estilo bolsonarista.
De todos modos, pareciera que esto recién empieza…