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“Delfín, Tiburón y Mojarrita”, las tres castas del peronismo que explican el mapa político nacional

Pablo Winokur
por Pablo Winokur |
“Delfín, Tiburón y Mojarrita”, las tres castas del peronismo que explican el mapa político nacional

La oposición está en efervescencia. Todos hablan con todos porque cada vez son más los que creen que la unidad es fundamental para poder ganarle a Cambiemos en 2019.

“Delfín, Tiburón y Mojarrita” son las 3 castas del peronismo que explican la realidad actual de ese partidoy, por lo tanto, de toda la oposición. Es una dinámica política que trasciende a la percepción de la opinión pública y tiene que ver con movimientos subterráneos que se producen en la política.

El peronismo es antes que nada un partido de poder. Su naturaleza no tiene que ver con una ideología o una doctrina específica sino que es un dispositivo armado para conseguir y preservar el poder.

Delfín, Tiburón y Mojarrita eran los apodos de los famosos "Superagentes" que a finales de los 70 y principio de los 80 interpretaban  Ricardo BauleoVíctor Bó y Julio De Grazia. Pero estas categorías, dejando de lado el cine nacional, sirven para entender el convulsionado mapa político
preelectoral de la Argentina en crisis. 

El baile de los delfines

“Delfín” se le dice en política al elegido por el poderoso de turno para sucederlo. En las provincias, especialmente aquellas más tradicionales o feudales, es el gobernador anterior el que suele elegir y nombrar a su sucesor.

Con ese aval hay un dirigente del riñón del líder provincial –el “delfín”- que gana las elecciones y que después tiene el difícil desafío de gobernar con la sombra de su ex jefe. Ejemplos de esto son los hoy gobernadores de Sergio Uñac de San Juan; Juan Manzur de Tucumán; Sergio Casas de La Rioja; Gustavo Bordet de Entre Ríos o Domingo Peppo de Chaco. Aunque en otros momentos pasó con Néstor Kirchner en Santa Cruz, con Mario Das Neves en Chubut o con Juan Carlos Romero en Salta, con su “exdelfín” Juan Manuel Urtubey.

Mientras su delfín asume, el exjefe y líder político provincial agarra algún tipo de cargo nacional como ministro, diputado, senador o embajador. Pero sigue queriendo controlar la provincia a control remoto.

Esto es un problema para el nuevo gobernador que por un lado tiene que intentar darle una impronta propia a su gobierno y por el otro lado tiene que estar negociando permanentemente con todos los actores del sistema incluyendo a aquellos que responden a su ex jefe.

Esa dinámica de poder se maneja en una tensa calma hasta que el ex gobernador blanquea sus intenciones de volver al poder lo cual obliga a una lucha intestina entre el viejo y el nuevo poder provincial. Esto es lo que hoy está pasando por ejemplo en Tucumán entre Juan Manzur y su antecesor José Alperovich que ya avisó que quiere volver.

Durante la Presidencia de Macri, el fenómeno de “los delfines” tiene una variable adicional, porque los gobernadores peronistas están obligados a convivir con el gobierno nacional y a negociar permanentemente a cambio de fondos. Por lo tanto no pueden ser opositores nacionales y tienen que apoyar en el Congreso, en mayor o menor medida, al Gobierno. Por eso, por ejemplo, la mayoría de los gobernadores apoyaron el Presupuesto.

En cambio el exgobernador con perfil propio no necesita sobreactuar nada. Puede oponerse a cualquier ley nacional que mande el gobierno de Macri porque no tiene ningún tipo de compromiso ni necesidad de fondos.

Y por lo tanto puede alinearse con cualquier dirigente que quiera o que le convenga. Esto básicamente es el que mejor mida en las encuestas. Que hoy es Cristina.

“Tiburón a la vista”

El tiburón huele sangre y empieza a moverse hacia su presa. Las encuestas empiezan a mostrar que Cristina Kirchner estaría ganando en primera vuelta. La mayoría de las todavía sigue diciendo que en segunda vuelta pierde con cualquier candidato. Pero falta todavía un año para eso y el escenario económico no parece estar dando ninguna muestra de que la cosa se vaya a calmar.

Un importante encuestador y sociólogo estuvo haciendo Focus group esta semana en el conurbano bonaerense. En el medio de las investigaciones, confiesa, tuvo que irse de la sala para que no se le noten las lágrimas. Fue cuando escucho que una madre ya no le podía comprar leche a sus hijos. El sociólogo aclara: “¡Mirá que no soy opositor, eh!”.

Los números ratifican esta baja. 8,8% bajó el consumo de leche según el informe de una importante consultora de consumo.

Según una encuesta de la consultora Reyes-Filadoro en el conurbano bonaerense, el 72% reemplazó o eliminó alimentos de su dieta por falta de dinero. Además, uno de cada cuatro jóvenes ha tenido que asistir a un comedor durante el último mes.

La tradición popular sostiene que cuando el peronismo huele sangre empiezan a producirse movimientos. Y en este momento, como nada hoy garantiza un triunfo de Cambiemos el peronismo necesita urgente encontrar un candidato competitivo. Por ahora no lo encuentran.

Mojarrita vs. Peso pesado

Ningún otro candidato opositor levanta en las encuestas. Todos son “mojarritas” y no aparece un “peso pesado” que pueda hacerle sombra a la figura de Cristina. Y ninguno parece en condiciones de seducir a ese electorado independiente que no se identifica ni con el kirchnerismo ni con el macrismo.

Muchas encuestas –como la realizada por Management  & Fit o Synopsis- muestran que una porción importante del electorado (alrededor del 40%) estaría dispuesta a votar “por un candidato de otro espacio” u “otra fuerza política”. El problema es que cuando se le asignan nombres a esos espacios la adhesión va bajando.

Hoy el peronista no kirchnerista que mejor mide –Sergio Massa- apenas supera los 15 puntos. “Está claro que Sergio si se presenta no puede sacar menos que lo que sacó en 2015”, dice un dirigente del espacio. Eso fue 20%.

En el Frente Renovador hay cierta desesperación porque los números no dan. Por eso, en estos días Massa empezó a levantar el perfil mediático e inició una gira por el interior para intentar seducir a los gobernadores –los exdelfines- para que lo apoyen.  ¿Esa desesperación es la que está generando acercamientos entre Massa y el kirchnerismo?

El peronismo federal (o no kirchnerista) tiene un problema adicional en la provincia de Buenos Aires: no consigue candidato a gobernador. ¿Podría ser Sergio Massa, candidato de un gran armado con el kirchnerismo adentro? “¿Para qué va a hacer Sergio eso? ¿Para que después Cristina lo mee desde arriba?”, se pregunta sutil un importante dirigente del Frente Renovador.

Por eso, mientras el espacio peronista no kirchnerista siga en la categoría “mojarrita”, difícilmente los gobernadores, sindicalistas y otros espacios de poder real se acerquen a esta alternativa electoral. Nadie quiere repetir la experiencia del peronismo bonaerense en 2017 cuando los que no fueron con el kirchnerismo terminaron perdiendo en sus propios distritos.

La fuerza vital del peronismo es la conservación del poder. La competitividad del candidato nacional se mide por cuánto puede ayudar o no a que cada dirigente conserve su quinta de poder. Una derrota a nivel nacional, en ese escenario, no sería un gran problema para nadie.