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La Jungla del Poder

Después de la renuncia de Alberto Fernández a la reelección, el Frente de Todos ya tiene su candidato

El Presidente se bajó y dijo que va a hacer que haya una PASO en el oficialismo. Pero eso difícilmente suceda. Enterate por qué y cuál es el nombre de consenso.
por Pablo Winokur | 22 de abril de 2023 - 13:41
Después de la renuncia de Alberto Fernández a la reelección, el Frente de Todos ya tiene su candidato

Alberto Fernández. No va más. (Foto: archivo)

Fue la no noticia. Alberto Fernández no va a ir por la reelección. ¿A quién le importa si ya se sabía que eso era imposible? ¿Va a haber una PASO entre el peronismo, que no tiene ninguna chance de volver al Gobierno en 2023? ¿En qué cambia todo esto?

Primero, lo primero. No va a haber ninguna PASO. El candidato es Sergio Massa. Es el candidato unificado del peronismo, con el aval de Cristina Kirchner, los gobernadores, los intendentes del conurbano y la CGT. Solo falta un detalle: que Massa acepte, sabiendo que hay un riesgo importante de perder en primera vuelta.

Se sabe en el mundo de redes sociales que Massa tiene el poder telequinético de mover objetos con la mirada (si no viste el video, te lo dejo acá). Que tiene la capacidad de tirar al piso una botella sin tocarla. Casi con la misma habilidad, está intentando que el peronismo lo aclame como único candidato del espacio. Por ahora le está saliendo bien. No muestra misma habilidad con la economía.

Recapitulemos. El viernes por la mañana, Alberto Fernández tiró por redes sociales su videocarta de despedida: no será candidato a nada en las próximas elecciones y se va a dedicar a terminar lo mejor posible su mandato. Decía que su último legado iba a ser garantizar las PASO en su espacio (el Frente de Todos) para que la “lapicera” la tuvieran los militantes.

No hace falta ser un magister en ciencia política para entender que le estaba hablando a Cristina: “Se acabó tu tiempo de lapicera y de poner candidatos a dedo, como hiciste conmigo”, dijo sin decir.

El video de 8 minutos que nadie vio proponía en el final: “Debemos usar las herramientas de la vida partidaria. Por eso creo que las PASO son el vehículo para que la sociedad seleccione los mejores hombres y mujeres de nuestro frente que mejor nos represente en las elecciones generales”.

“Como presidente del Partido Justicialista, voy a garantizar que todas y todos los que se sientan capacitados para encarar este desafío puedan hacerlo”, agregó.

Un par de horas después, Gabriel Katopodis -ministro de Obras Públicas, muy cercano a Alberto durante la mayor parte del mandato- dijo a A24: "Que haya PASO es una de las opciones". Es decir, puede ser una opción, pero no es la única; desautorizó al Presidente. La duda es si alguien va a querer competir contra Cristina Kirchner o quien ella designe…

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Massa es el candidato unificado del peronismo, con el aval de Cristina Kirchner, los gobernadores, los intendentes del conurbano y la CGT. Falta que acepte (Foto: NA).

Alberto, otra vez a mitad de camino

Fue la última jugada del Presidente, el último intento desesperado por mostrarse como el líder que nunca fue. Y como tantas otras batallas (la guerra contra la inflación, Vicentín, las reformas judiciales, el juicio político a la Corte), esta vez también se queda a mitad de camino.

A las pocas horas del anuncio, en el Frente de Todos empezaron a hablar de vaciarle la idea de ir a una PASO.

El peronismo no se lleva bien con ese sistema de elección de candidaturas. Saben que funciona bárbaro en otros frentes (con Juntos por el Cambio a la cabeza) pero acá no termina de cerrar: como las batallas son muy duras, los candidatos se gastan la plata y la energía en las primarias y en la general se quedan sin nafta. Los dos meses que hay entre la PASO y la general no permiten cerrar las heridas abiertas en la competencia.

Segundo punto: unas PASO serían un esquema de selección de candidatos muy caro políticamente. Sergio Massa -como ministro de Economía- es el que maneja la lapicera del envío de fondos a las provincias. ¿Qué gobernador se le animaría apoyando a un competidor? Las provincias necesitan sí o sí los fondos de Nación para subsistir.

Tercer punto: los intendentes del conurbano necesitan un candidato competitivo en la provincia de Buenos Aires para colgarle la boleta. Si hay muchos candidatos, puede haber más tentación de que algún dirigente le juegue por afuera. Es un esquema demasiado complejo para aceptarlo. Mejor tener uno solo que garantice un piso de votos para lograr su propia reelección. El año que Macri ganó como presidente y Vidal como gobernadora, muchos intendentes perdieron su ciudad por el efecto arrastre.

Cuarto: la CGT y los sindicatos tienen buena relación con Massa. Acuña y Daer, dos de los líderes de la central obrera, fueron o son parte del Frente Renovador de Massa. Los Moyano siempre tuvieron buen vínculo. Más vale malo conocido que bueno por conocer. Como ministro de Economía, también maneja los fondos de las obras sociales. ¿Para qué pelearse de antemano?

Así que otra vez queda todo en manos de Cristina. La dueña de la lapicera a la que Alberto Fernández quería desplazar. Si Cristina designa a Massa como su candidato, no habrá fuerza sobrenatural que resista. ¿Scioli va a jugar en contra de intendentes, gobernadores y sindicalistas? ¿Sirve para algo el apoyo de Alberto en ese contexto?

A Cristina no le sirve ir a una PASO. De hacerlo, tendría que declararse prescindente, cosa que no va a hacer; o ungir a un candidato con el riesgo de que saque menos votos que Néstor en 2003, lo que expondría el fin de su liderazgo.

La opción de Massa es una opción tentadora: si pierde va a ser culpa de él; si gana, ella mantiene la centralidad porque lo eligió.

Pero la gran duda es si Massa va a querer. Hasta hace un tiempo decía que no. Ahora, lentamente fueron girando el discurso. Como anticipó A24.com, casi no hay chance de que Massa llegue hasta el 10 de diciembre como ministro de Economía. Es probable que en algún momento ponga a un hombre de su confianza y que se dedique a otra cosa. Quizás a una campaña presidencial.

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Otra vez queda todo en manos de Cristina. La dueña de la lapicera a la que Alberto Fernández quería desplazar.

Qué dicen las encuestas y la "luz de esperanza"

¿Pero por qué esto es importante? ¿En qué cambia que Alberto se haya bajado si ya todos sabían que no había chances de que fuera candidato y mucho menos candidato ganador?

Va una metáfora. El peronismo tiene muchos autitos (candidatos) en la línea de largada listos para competir. Algunos más ganadores y otros menos. Habrá que ver cuál está en mejores condiciones. El problema es que Alberto funcionaba como un camión gigante tapando la salida. Hasta que se corriera de ahí, ninguno podía dar ni siquiera una vueltita de prueba.

“Pero si igual se sabe que el peronismo no tiene ninguna chance en esta elección después de esta gestión lamentable”, dice un vecino mientras lava la vereda. Es una verdad a medias.

En encuestas que manejan en el Frente de Todos y a las que tiene acceso Sergio Massa, le ofrecen una luz al final del túnel.

Según esas encuestas, Horacio Rodríguez Larreta pierde por paliza con Patricia Bullrich. Están hablando de 3 a 1 en su propia interna. De confirmarse los números, la ventaja es irreversible por el tiempo que queda.

Terminado el “moderado” Horacio, un balotaje sería necesariamente entre Sergio Massa y Patricia Bullrich o Javier Milei. En ese escenario, votantes de centro van a optar por una opción más predecible. Ese sería Massa.

¿Este plan es infalible? No.

Primero, para ser un candidato competitivo tiene que poder estabilizar la economía. Ojo: estabilizar no es mejorar; alcanza con que pare de caer. Cerca de Massa piensan que tarde o temprano la gente va a poner en valor esa gestión y sus dificultades. Nada muy distinto de lo que pensó el optimista Alberto Fernández.

Segundo, el análisis de algunos politólogos del Frente de Todos pone otra luz amarilla: la Argentina tiene un sistema electoral de triple vuelta (PASO, generales, balotaje). En el balotaje se necesita la mitad más uno de los votos, y eso beneficiaría al candidato moderado (Massa). Pero para eso hay que llegar al balotaje.

El tema es que el votante mayoritario de Milei, difícilmente quiera que Massa sea su próximo presidente. Y viendo el escenario global, es posible que opte por un voto táctico que priorice a Patricia Bullrich como una opción para evitar que gane Massa. 8 de cada 10 votos de Milei, son votantes de Juntos por el Cambio.

En ese escenario no sería imposible que Patricia Bullrich ganara en primera vuelta si se suman los votantes genuinos de Juntos por el Cambio, más los votantes “tácticos”.

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Las encuestas marcan que un balotaje sería entre Sergio Massa y Patricia Bullrich o Javier Milei. En ese escenario, votantes de centro optarían por una opción más predecible, como Massa (Foto: NA).

Reflexión final

Para cerrar esta columna. Este análisis que te acabo de compartir es el que hacen sectores del Frente de Todos y que te anticipaba en parte la semana pasada. La condición necesaria para que se dé ese escenario era que Alberto Fernández se bajara de su intento de reelección.

Ahora se van a dar otros muchos pasos necesarios para intentar que Massa sea ese candidato único que los lleve a la segunda vuelta, siempre que la economía no siga cayendo.

La pregunta es si el peronismo está leyendo globalmente la situación o si solo se queda con la idea de que la economía es el único factor que ordena el voto. En los últimos 4 años no solamente la economía fue una tragedia. Por primera vez en el poder, el peronismo mostró que no tiene capacidad de resolver los problemas ni de ordenar sus propios conflictos internos.

A esto se le suma la huella imborrable que dejó la pandemia (y el encierro) en la población, incluyendo el dejar sin escuela ni vida social a millones de chicos y jóvenes. Muchos de ellos ahora van a votar y no conocen las -supuestas- mieles del gobierno de Cristina.

Ya que estamos, la mayor parte de la política de cuarentenas y cierre de escuelas no fue una idea de Alberto Fernández, sino de Axel Kicillof y el kirchnerismo. Esa política marcó el destino de toda la gestión del Presidente.

Las encuestas que marcan que el oficialismo tiene alguna posibilidad no llegan a detectar bien a un sector de desencantados que no va a anticipar su voto hasta 48 o 24 horas antes de la elección. Y son en definitiva los que van a inclinar la cancha para un lado o para otro.

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